jueves, 4 de abril de 2013

Orwell for ever

Ayer, todo se amontonó.
Creía que la Disrupción positiva alimentaría nuestro espíritu, y no.
Resultó que romper la inercia y los Optimistas Revolucionarios, pasaron a una posición casi invisible.
Ya barruntaba algo, y me tenía preocupado.
He llegado a suponer en estos meses que era una enfermedad.
Tal vez, algo relativo a la faringe, a la laringe, a las vías respiratorias.
O incluso, llegué a pensar que todo era debido a un virus. Y ya sabéis que con la infecciones víricas, solo queda... esperar.
¿Y si era una inflamación de la glotis?. Las cuerdas vocales, esa zona, dañadas.
Haciendo equilibrios de imaginación, pensé en un virus juvenil, que en esta época (y parece ser que esta en alza) suele aparecer y hacer que la garganta no ayude para emitir sonidos. La enfermedad del beso
Pero no. Ayer comprobamos que el silencio del Presidente del Gobierno, ese largo silencio de casi cinco semanas, no era por enfermedad.
Era, vergüenza.Y no, no confundamos y digamos que el Sr. Presidente es un sinvergüenza.
Un sinvergüenza (según dice la RAE), es un pícaro, un bribón.
Alguien que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades. No, no me refiero a eso.
Sino a esto:
 
vergüenza.
(Del lat. verecundĭa).
1. f. Turbación del ánimo, que suele encender el color del rostro, ocasionada por alguna falta cometida, o por alguna acción deshonrosa y humillante, propia o ajena.
2. f. Pundonor, estimación de la propia honra. Hombre de vergüenza.
3. f. Encogimiento o cortedad para ejecutar algo.
4. f. Deshonra, deshonor.
5. f. Pena o castigo que consistía en exponer al reo a la afrenta y confusión públicas con alguna señal que denotaba su delito. Sacar a la vergüenza.

Y habló. Al mejor estilo Orwelliano. No habló para nosotros, sino para los "suyos" y a través de un plasma.
 
He leído atentamente su intervención en la Junta directiva Nacional. Dudas, muchas dudas de si realmente la larga espera fue vergüenza.
Usted señor Presidente, ¿sabe que es eso de la vergüenza?.
 
Y tampoco fue la noticia del día. Lo parecía. Mariano, salvado y relegado a la cola de la información.
 
Llego ella. Cristina.
 
Cristina Federica Victoria Antonia de la Santísima Trinidad de Borbón y Grecia.
 
Ahí es nada. Imputada.
Ya nadie recuerda las palabras del Rey en su discurso de Navidad:
 
Necesitamos rigor, seriedad y ejemplaridad en todos los sentidos. Todos, sobre todo las personas con responsabilidades públicas, tenemos el deber de observar un comportamiento adecuado, un comportamiento ejemplar... Cuando se producen conductas irregulares que no se ajustan a la legalidad o a la ética, es natural que la sociedad reaccione. Afortunadamente vivimos en un Estado de Derecho, y cualquier actuación censurable deberá ser juzgada y sancionada con arreglo a la ley. La justicia es igual para todos.
 
No sé porque tanto alboroto. Ya lo dijo el Rey, "La justicia es igual para todos". Todos azules. Azul claro y azul oscuro. Pues eso, azul.
 
No dejo de pensar en Orwell.

«En tiempos de engaño universal, decir la verdad se convierte en un acto revolucionario»
 
Animo y suerte. Feliz jueves.
 
 

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