sábado, 4 de febrero de 2023

A unas pocas teclas

 


El otro día, se me ocurrió un ejercicio.
Una de esas 𝑪𝒂𝒓𝒕𝒂𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒆𝒏𝒗𝒊𝒂𝒓𝒆́, pero, bidireccional.
Presuponer que en el mismo instante que el emisor está escribiendo esos párrafos, la persona, a quien van dirigidos, también está escribiendo.
Escribir en primera persona, para transmutarse en otro, no está resultando sencillo.
Evitar determinar quien es quien. Personas, sin género ni ubicación.
Solo recuerdos que, como a todos, nos asaltan. Y buscamos respuestas a lo que ocurrió, o creímos que ocurrió.
La fragilidad de la memoria, la sublimación de una relación o de un encuentro.
¿Realmente fue así? ¿Qué ocurrió para que se creara esa distancia?
Nunca llegamos a conocer a las personas.
Y cuando creemos conocerlas, viene la sorpresa, la decepción o el asombro. Expectativas que se hunden o incomprensión.
Hoy, hace aire. Al mediodía, quedará un día soleado y maravilloso.
Por la cristalera de la oficina entra una luz fantástica para este silencio. Barcelona, Bilbao, o San Lorenzo de Tormes.
Da igual lo lejos que estéis, os tengo cerquita, aquí al lado.
A unas pocas teclas.
¿Un café?
Animo y suerte.

jueves, 2 de febrero de 2023

𝐂𝐚𝐫𝐭𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐮𝐧𝐜𝐚 𝐞𝐧𝐯𝐢𝐚𝐫𝐞́ (𝐗𝐗𝐗𝐕)



Siempre quedan frases por decir. Miradas o silencios que creímos suficientes, para un final y con el tiempo, la memoria es frágil, no recordamos siquiera que fue lo que nos distanció. O si lo recordamos, tal vez, prefiriéramos haberlo olvidado.
Y como esa cicatriz de la infancia que, cuando la rozamos, nos lleva a carreras, toboganes o ramas de árbol poco seguras; esa frase que nos faltó por decir, esa despedida, ese beso o ese roce de los dedos antes de decir adiós, nos encoge el alma y hay momentos en que escribiríamos esa carta, si, que no llegamos a enviar.
Hay personas, en mi caso muchas, de la que querría saber. ¿Cambió de trabajo? ¿Tiene familia? ¿Aquella enfermedad? ¿Cómo habrá sido su vida? ¿Siguió estudiando? y si, ¿se acordará de mi?.
¿Qué fue lo que nos distanció?
La distancia, una discusión, una mentira, la deslealtad, el desamor, una decisión, al fin, que rompe y rasga lo que hasta ese momento hubo.
Cartas que nunca enviaré.
Por si la herida se vuelve a abrir. Por si el ansia aparece. Por si la vida no les trató bien y no estuve ahí para ayudar. Porque es imposible enviarla a la tierra que acoge a esa persona; por si esa persona también tiene pendiente la frase, el roce, el beso o el abrazo.
Hoy te escribo de nuevo. Te escribo, por un recuerdo, por cada detalle que quedó sangrando.
Será otra carta que no enviaré.
Por las explicaciones que no nos dimos, por miedo, por vergüenza, o por no volver la vista atrás, por no darle la vuelta a la vida como a un calcetín.
Mi vida, más mía que nunca.
Cuídate mucho.

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martes, 31 de enero de 2023

La felicidad y el placer de las alcachofas



El viento, como es habitual en la zona, sopla como si su única función fuera la de barrerlo todo.
Café, unas páginas de lectura y arranco el día.
Alguien habla de felicidad, esa quimera, y de placer.
En el equilibrio está la virtud.
Hace tiempo que deje de pensar en felicidad, para sustituirla por satisfacción.
Hace tiempo entendí el placer, su sublimación y su viaje a la adicción.
El edificio se mueve.
Siempre se ha movido en días con viento. Un ligero vaivén, casi imperceptible, pero que mirando el mueble de la televisión ,fijamente, sobrecoge un poco.
Reunión a primera hora, después, papeleo en el Ayuntamiento.
Da igual a la hora que me despierte, hay tanto que hacer, ver, leer, escuchar, pensar.
A veces le echo la culpa a mi manía enfermiza de pensar las cosas. Una vuelta, otra, otra más. Buscando, no se, si el equilibrio o un saliente donde agarrarme para no caer en el miedo.
¿No os pasa que de un tiempo a esta parte las noticias son todas “acojonantes”?
Quiero decir, que destilan inseguridad, miedo, incluso pánico.
Y para colmo, año de elecciones de todos los sabores.
Señores, se ha abierto la tienda de helados. De menta, de chocolate, de vainilla y caramelo o de mentira necesaria.
La economía, va mal. ¿Para quienes?
La cesta de la compra, los combustibles, la sanidad, las huelgas, la guerra, el si es si, el no es no, otra mujer muerta, otro niño asesinado.
La bajada del IVA, se compensa con subida de precios.
En Níjar se desaloja a 500 inmigrantes. Trabajadores sin papeles.
Futbolistas, directores de cine… Y alguien hablaba de felicidad, de placer.
El caldo de jamón del otro día me salió como para ponerme una mercería.
Sigo dándole vueltas a la crema de alcachofas.
Ves, ya no llego.
Ducha, otro café.
Me iré en coche y me acercaré hasta el torreón para ver ese inicio del amanecer.
Y cuando vea salir el sol dudaré, de nuevo. Felicidad, placer.
Alcachofas, si. La flor de un cardo.
Cuídate mucho.
Animo y suerte.

jueves, 26 de enero de 2023

Sillas vacías

 


Después de un paseo de poco más de 900 metros, subo la persiana metálica.
Un par de personas, sacando a pasear a sus mascotas. Dos o tres coches. Viento, frío.
Leo unas páginas que hablan de poemas, de ausencias, de inviernos, de recuerdos; mientras el reloj avanza hacia la primera reunión del día.
Amanece demasiado tarde, para esperar al sol. Cosas que hacer, sin tiempo para la espera.
Cuando la temperatura mejore, retomaré las caminatas. Gimnasio. Bajar peso, mucho. Mar a primera hora.
Calendarios que no saben de ilustres, ni de tanques, ni de elecciones, ni de plagas.
Me uno al deseo de mi buen amigo JM. "Quiero problemas modernos"
Quiero ir al cine. Pantalla grande. Babylon, El Menú. Me han hablado bien de ellas.
Tal vez, esta parada deba ser prolongada, más de lo previsto. Habrá que empezar con el papeleo. Domicilio, empadronamiento, médicos, dirección de envío, de facturación.
Seguir siendo viajero y extranjero, en otro lugar. Ya no hay raices. Dudo de que las hubiera en algún momento.
Y el viento sopla fuera, y yo, miro la silla vacía.
𝑳𝒂 𝒑𝒐𝒆𝒔𝒊́𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒛 𝒅𝒆𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒔𝒂𝒃𝒆
𝒗𝒊𝒗𝒐 𝒚 𝒎𝒐𝒓𝒕𝒂𝒍, 𝒍𝒐 𝒅𝒊𝒄𝒆 𝑩𝒍𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑶𝒕𝒆𝒓𝒐,
𝒀 𝒆𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐́𝒏, 𝒔𝒆𝒏̃𝒐𝒓𝒆𝒔, 𝒆𝒍 𝒑𝒐𝒆𝒎𝒂
𝒏𝒐 𝒏𝒂𝒄𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒆𝒔𝒇𝒖𝒆𝒓𝒛𝒐 𝒅𝒆 𝒉𝒂𝒃𝒍𝒂𝒓 𝒔𝒐𝒍𝒐,
𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓𝒍𝒆 𝒉𝒂𝒃𝒍𝒂𝒏𝒅𝒐
𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒔𝒊𝒍𝒍𝒂 𝒗𝒂𝒄𝒊́𝒂.
Animo y suerte
Fragmento: Martes y letras - Luís García Montero

miércoles, 18 de enero de 2023

Minotauros, cebras o cíclopes



Me he levantado con ganas de ver el mar.
Lamentablemente estaba demasiado oscuro y hacía frío. Mi tos y mis mocos, desaconsejaban el camino a pie, pero a la altura del cruce he decidido girar, cruzando las vías en desuso, he llegado hasta el torreón.
Viento. Tos, mocos y vallas. Un montón de vallas.
El torreón, se cae. Mejor dicho, la pared que da al mar tras el torreón, se cae.
No había casi colores. He andado unos cuantos metros más allá de la zona de seguridad y el azul era tan intenso que se hacía negro. Al fondo, muy al fondo, un arranque de luz.
Me quedan 15 minutos.
Reunión a primera hora, hasta las diez. Después inmobiliaria. Seguimos buscando una casa, la casa. Está decidido. Nos quedamos una temporada. Ya veremos como de larga.
Informe sobre relaciones entre elementos de configuración.
Correo, tos, correo, mocos.
Preparar la reunión de la tarde. Comida.
Y poco a poco, los colores se despertaran.
Los azules serán más azules. O tal vez llueva, y haya otro arcoíris. O puede ser que crucen la calle minotauros, cebras o cíclopes.
Un nuevo día, lleno de luz.
Animo y suerte. ¡Vamos!

martes, 17 de enero de 2023

Huevos fritos con trufa y arcoíris



Intento retomar la costumbres que considero buenas.
Ver amanecer y asombrarme, todo en uno. Rojos, azules, columnas de lluvia al fondo, en el horizonte. Los cambios de luz me emboban.
Leer algo tomando el primer café.
Estos días, me he movido entre "Cocina o Barbarie" de María Nicolau (Maria Nicolau) y la Poesía completa (1980-2017) de Luis García Montero (Luis Garcia Montero).
Cocinar.
Si no hay viajes de varios días, intento cocinar y dejar comida preparada, para la semana o para un apuro.
Hice al vapor acelga y brócoli amarillo. Asé pimientos rojos y preparé fresas con cardamomo.
Todo envasado al vacío. Los pimientos, con su punto de ajito y jugo del asado. Las fresas con una cucharada de azúcar glas.
Tenía los restos de un caldo de puchero e hice croquetas como para una boda.
La cocina es diminuta, pero suficiente. Aunque algunas operaciones tengo que llevármelas, dando un paseo, hasta la "oficina" (entre nosotros, A13cuadrado)
Vuelvo a tener buenas sensaciones.
Llevo ya varias semanas, pensando en la masa madre. De centeno, de harina blanca, haciendo que sea la fruta la que añada el azúcar necesario, o simplemente, dándole tiempo y que los refrescos den vida a ese polvo blanco.
Me falta el ejercicio.
La temperatura, poco agradable para salir (y vago que estoy), los resfriados que en estos meses no me dejan... Pero en nada, retomamos los 10 km. y alguna otra actividad de conlleve sudoración y perdida de algún kilo, generación de endorfinas y satisfacción.
Me dicen que ha llovido. No me he enterado.
Mientras eso ocurría, María Nicolau, mostraba su lado más salvaje, al estilo de Dexter Morgan, descuartizando un jabalí y me creaba contradicciones entre caza, alimentación y barbarie.
Luis, me lleva a Madrid en Agosto.
𝗘𝗹 𝗺𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗮𝗴𝗼𝘀𝘁𝗼 𝗲𝗺𝗽𝘂𝗻̃𝗮
𝘀𝘂 𝗹𝗶𝗻𝘁𝗲𝗿𝗻𝗮 𝗿𝗲𝗮𝗹𝗶𝘀𝘁𝗮 𝘆 𝘀𝘂 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗮𝗻𝗰𝗶𝗮,
𝗶𝗴𝘂𝗮𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝗻 𝗽𝗮𝘀𝗲𝗮𝗻𝘁𝗲.
𝗠𝗮𝗱𝗿𝗶𝗱, 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗲 𝘃𝗮𝗰𝗶́𝗮,
𝗮𝗻𝗲́𝗰𝗱𝗼𝘁𝗮 𝗱𝗲 𝘃𝗶𝗱𝗿𝗶𝗼𝘀 𝘆 𝗹𝗲𝘁𝗿𝗲𝗿𝗼𝘀,
𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗹𝗼𝗷𝗲𝘀 𝗼𝗰𝘂𝗹𝘁𝗼𝘀.
Salgo a la calle. Las baldosas están mojadas. Camino hasta la esquina.
A mi derecha el mar, el inmenso mar. A la izquierda, un arcoíris.
Aristóteles, Seneca el joven, Ibn al-Haytham, Shen Kuo, hasta Descartes y Newton dedicaron su tiempo a estudiar este fenómeno.
¿Y un huevo frito? Aceite bien caliente, puntillas a saco. Y unas láminas de trufa...
¿Te imaginas? Otra buena costumbre, hacer huevos fritos con trufa y comerlos mirando un arcoíris.
Seguro que hoy es un gran día. Puede ser que vea, hasta, un unicornio.
Escribir, escribir, escribir...
Animo y suerte.

sábado, 14 de enero de 2023

Culis Monumentalibus

 


Han sido unas Navidades agotadoras. Viajes y más viajes intentando mantener algo que, poco a poco, se escapa entre los dedos.
Lo de "vuelve a casa por Navidad" ha sido un cúmulo de idas y venidas, para poder generar "casa". Estar juntos unos días, encajando libranzas, horarios de trenes, compromisos de trabajo, sin agobios; solo por el echo de abrazarnos un poquito más o más fuerte.
Se escapa entre los dedos porque, la vida, la vida de cada uno se va construyendo, se modifica a cada paso. Por necesidad o por casualidad. Por un plan o porque como se suele decir, la vida, es eso que pasa mientras estamos ocupados en otra cosa.
Comienza un nuevo año ilusionante. Quiero que sea ilusionante.
Ayer, Demoscopia llamaba a mi teléfono para hacer una encuesta sobre "política".
- ¿𝗖𝗼́𝗺𝗼 𝗱𝗲𝗳𝗶𝗻𝗶𝗿𝗶́𝗮 𝘀𝘂 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲 𝗮́𝗻𝗶𝗺𝗼?
Entre las opciones de respuesta, no estaba la que yo quería dar.
Satisfecho, contesté.
Otra de las preguntas:
- ¿𝗧𝗶𝗲𝗻𝗲 𝗺𝗶𝗲𝗱𝗼?
No. ¿Miedo, a que o a quien?
Después de algunas preguntas directas, como la valoración de algunos actores de la política o a quien votaría usted en la próximas elección, aparecieron las preguntas de limpieza mental:
- ¿𝗘𝗻 𝗾𝘂𝗲 𝗰𝗮𝗱𝗲𝗻𝗮 𝘃𝗶𝗼 𝘂𝘀𝘁𝗲𝗱 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗮𝗺𝗽𝗮𝗻𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗳𝗶𝗻 𝗱𝗲 𝗮𝗻̃𝗼?
¡Dios! No me acordaba. Pregunté a mi alrededor y acepté lo que me dijeron. Solo recordaba que me costó encontrar uvas en conserva, que no conseguí figuritas de mazapán para Blanki (que le encantan) y que me hubiera gustado empezar el año, en la arena de la playa con una copa de cava y golpeando la botella con una cuchara a modo de campana, pero hacía demasiado fresquito.
La última pregunta fue fantástica:
- ¿𝗘𝘀 𝘂𝗻 𝗜𝗽𝗵𝗼𝗻𝗲 𝗲𝗹 𝘁𝗲𝗹𝗲́𝗳𝗼𝗻𝗼 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗲𝗹 𝗾𝘂𝗲 𝘂𝘀𝘁𝗲𝗱 𝗺𝗲 𝗵𝗮 𝗰𝗼𝗻𝘁𝗲𝘀𝘁𝗮𝗱𝗼?
Por un lado me hizo gracia la pregunta, y por otro dudé en decirle una marca inventada, pero, solo valía el sí o el no.
Ni Demoscopia evitará que este año sea ilusionante.
Tengo mis proyectos, mis planes y a ellos añado los de quien me rodea, me quiere y me estima. Su esfuerzo, el mío, para intentar hacer lo que quiero hacer, lo que quieren hacer.
Seguramente, algunos habrá que posponerlos para priorizar otros. Sin prisa, pero sin pausa. Habrá ansiedad de la buena. Prisa, ganas.
Ítaca, me mira sonriente. Sabe que pienso en ella cada día, y que la veo en cualquier lugar.
Y mientras este cuerpo (no tengo otro) aguante, seguiremos a base de café y paracetamol.
Ni la vacuna de la gripe (ya tengo una edad), ni la cuarta dosis de vacuna COVID, han conseguido que evite encadenar varios resfriados desde noviembre, hasta hoy mismo.
Dormir con el culo al aire, es lo que tiene.
Animo y suerte.
Imagen: Culis Monumentalibus - Eduardo Úrculo

domingo, 1 de enero de 2023

Derrapando



Llevo ya unas horas escribiendo mis propósitos para este nuevo año.
𝑃𝑖𝑛𝑜𝑐𝘩𝑜, 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑃𝑖𝑛𝑜𝑐𝘩𝑜. 𝑇𝑢𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑝𝑜́𝑠𝑖𝑡𝑜𝑠, 𝑠𝑜𝑛 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜𝑠, me digo.
Volver a cocinar, volver a hacer deporte, volver a hacer pan, volver a leer, a escribir, volver a escuchar música... Volver.
El ordenador me informa que aunque su batería esta al 100%, debo sustituirla. Si lo desconecto del enchufe, hace como un pequeño gemido y se apaga.
Así terminé el año. Cargado de energía, pero derrapando en todas las curvas. Notando un cansancio brutal. Deseando dejarlo todo, pero sabiendo que no puedo hacerlo, porque me gusta y he decidido que mi vida se resume en moverme "𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐚𝐬" (se avecina nuevo tatuaje).
Como dice un buen amigo:
¿Cómo estas?
Yo: ¡Hasta arriba!
O sea, ¡en tu salsa!
La salida de Madrid, la mudanza. Reorganizar Espacio A13 y crear un nuevo Espacio A13 "al cuadrado". Las chicas, iniciando nuevas actividades. Tu a Londres, yo a California.
Viajes, al norte, al sur, arriba, abajo; y tengo pendiente volver a Portugal.
Ha habido cosas que he tenido que aparcar. ¿Renunciar a ellas? No, ni hablar.
He puesto un recopilatorio de música navideña, un caldo brutal, con carne, huesos y verduras tostados al horno y un buen chorretón de vino Godello, para hacer una sopa reconfortante con tapioca y fideos.
Las patatas cocidas, chafadas con ajos y grasa del confit de pato, me esperan para la hora de la comida. Un golpe de grill con los muslos de Donald, el pato, descansando sobre las patatas crujientes.
He cambiado el postre. Unas fresas con cardamomo y vainilla, envasadas al vacío.
Habrá turrones, barquillos rellenos y cava, naranja confitada con chocolate; y si, entrantes que tal vez hagan que no comamos nada más.
Me invadirá la melancolía por los que no están. Por los que no volverán y por los que ya casi no recuerdo por propio deseo.
Pensaré en la buena gente que pelea por un año más, o por un mes. Pensaré en los que se sintieron felices y en los que se embargan de tristeza, sin fuerza para mirar un amanecer, porque las cosas no van bien.
Hoy, me escribo una carta a mi mismo, despidiendo un año y recibiendo al nuevo
Ni tan mal ¿no?
Habrá más libros, de cocina, de cartas, de Ítaca, de Santa Paciencia, de recuerdos, de palabras bonitas. De cafés buscando el mar.
Habrá noches de insomnio, y amaneceres derrapando.
Tienes/tengo 365 días por delante para seguir haciendo lo que quieres hacer.
Ayer, escribí:
𝐓𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐚𝐧̃𝐨.
𝐏𝐫𝐨𝐲𝐞𝐜𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐜𝐨𝐬.
𝐕𝐢𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐟𝐚𝐧𝐭𝐚́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬.
𝐀𝐦𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐧𝐬𝐢𝐚 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐟𝐞𝐥𝐢́𝐳.
Pues eso. Amén.
Voy a cambiar la batería, para seguir derrapando, y tu que lo veas.
Animo y suerte.

miércoles, 21 de diciembre de 2022

Princesa de invierno



Llegaste un día como hoy, hace ya 20 años. Te pusieron en mis brazos y pasamos unos minutos solos. Ya no hacia frío, lucía el sol, incluso diría que los almendros y los cerezos, intentaron florecer en tu honor.
Alocada, inquieta, testaruda, alimentándose de mimos y de caricias. Un torbellino que es capaz de convertirse en huracán.
Ayer, cuando buscabas mi abrazo, te recordaba diminuta, dormida y agotada de correr y jugar.
Ayer, me hubiera gustado volver a aquellos días, para poder protegerte del frío, para consolar tu llanto, o correr y jugar por el pasillo, entre risas, cantando una canción de Navidad.
Hoy cantas tus propias canciones, andas tu camino, el que quieres andar.
Hoy, eres dueña de tu destino.
Siempre a tu lado, mi princesa de invierno.
Te quiero, Blanki. Te queremos, hasta el infinito y vuelta.

sábado, 10 de diciembre de 2022

Próxima estación: Ítaca



Esta ciudad que dejo, de nuevo, me despide con un "hasta pronto".
Puede ser que nunca me libre de ella.
Casi a regañadientes, reconozco que pasear por la Gran Vía, sigue siendo maravilloso, incluso con lluvia.
Los grandes edificios iluminados, las interminables banderas patrias recorriendo puentes, y los increíbles árboles navideños como teas encendidas, la embellecen, la hacen formar parte de un gran espectáculo que al llegar la madrugada, desaparece y vuelve a la oscuridad, solo rota por semáforos y automóviles.
Desde la puerta de Alcalá hasta Cibeles hay una gran pasarela, donde desfilan miles de ojos llenos de asombro y de olvido. Solo existe ese momento. Nadie recuerda lo que ocurrió hoy, ayer o lo que pasará mañana.
Vienes queriendo escapar del pueblo, de la ciudad de provincias. Huyendo de la incomprensión, vienes a estudiar, a buscar trabajo o tal vez guiado por el amor.
No es fácil, no es amable. Si, dicen que abre los brazos, pero en un abrazo de precariedad, de supervivencia.
Pasa el tiempo y tanto la derrota, como la victoria, te generan cadenas difíciles de romper.
Si vences, te crees en el Olimpo, junto a los Dioses de pies de barro. Esa droga, es imposible de abandonar.
Si pierdes, la derrota te impide el regreso al origen, sea por vergüenza o porque no conseguiste aquello que venías a buscar y perseveras, porque el Olimpo así lo exige.
Un año, otro y otro más.
No, no eres nadie para esta ciudad. Dentro del coche, soportas el atasco. Caminas rápido, como todos, y esquivas a los que vomitan las bocas de Metro, buscando cruzar la calle.
La estación de Sol está cerrada. La de Gran Vía duplica sus entradas y salidas.
- 𝑷𝒐𝒓 𝒇𝒂𝒗𝒐𝒓, 𝒍𝒐𝒔 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒂𝒍𝒆𝒏 𝒗𝒂𝒚𝒂𝒏 𝒑𝒐𝒓 𝒔𝒖 𝒅𝒆𝒓𝒆𝒄𝒉𝒂.
- ¡𝑺𝒆𝒏̃𝒐𝒓𝒂! ¿𝑫𝒐́𝒏𝒅𝒆 𝒗𝒂? ¡𝑺𝒖 𝒐𝒕𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒓𝒆𝒄𝒉𝒂!
- 𝑬𝒔𝒄𝒖𝒄𝒉𝒆𝒏 𝒚 𝒉𝒂𝒈𝒂𝒏 𝒄𝒂𝒔𝒐 𝒂𝒍 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒂𝒄𝒉𝒐 𝒈𝒖𝒂𝒑𝒐 𝒅𝒆𝒍 𝒎𝒆𝒈𝒂́𝒇𝒐𝒏𝒐
- 𝑵𝒐 𝒔𝒆 𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒗𝒊𝒆𝒏𝒆𝒏 𝒆𝒔𝒂𝒔 𝒄𝒂𝒓𝒄𝒂𝒋𝒂𝒅𝒂𝒔, 𝒔𝒐𝒚 𝒚𝒐.
Unos segundos de sonrisas cómplices se cruzan de lado a lado en los pasillos.
¡𝑺𝒖 𝒐𝒕𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒓𝒆𝒄𝒉𝒂!
Hace demasiado calor y las mascarillas brillan, pero por su ausencia.
En un alfeizar de un escaparate, una mujer dormita apoyada en un carro de la compra. Seguramente es su casa, su automóvil y su vida.
Más allá, un anciano recoge cartones y se confecciona un adosado al Banco de Santander.
La marabunta se mueve en todas las direcciones, hipnotizada por el fastuoso lucernario.
Con las manos en los bolsillos del abrigo, levanto la cabeza y miro, con añoranza, el número 32 de Gran Vía. Sociedad Madrid Paris, lo llaman, ahora. La Calle del Desengaño, la Plaza de la Luna.
De los teatros, al oso y el madroño, del Museo del Jamón al Four Seasons. Del bocata de calamares a la Plaza Mayor. De Atocha a Neptuno y de allí, al cielo.
Pobre de ti, si un día consigues escapar y vuelves. Intentará seducirte como la primera vez.
Que bonita estabas ayer.
Está claro, soy un sentimental.
Animo y suerte.

jueves, 8 de diciembre de 2022

Llueve en Madrid



Habitualmente no me molesta la lluvia. Tiene ese punto agradable de saber que la tierra sonríe, mientras el cielo llora. Esa melancolía que hace añorar los días soleados, los paseos por el parque pisando mantos de hojas. Las luces de los coches, generando brillos tras las cortinas de gotas de agua. Y siempre aparece el estar al otro lado del cristal, seguro, cálido, a refugio.
Lluvia que estos días me incordia. Esperaba frio, mucho más frío.
Hoy en Madrid, llueve de nuevo.
Me molesta andar con el paraguas de un lado a otro. Sales a la calle, abre paraguas. Entras al metro, cierra paraguas, quítate el abrigo o saldrás empapado de sudor, ponte el abrigo, abre el paraguas.
Son las 9 de la mañana, aquí.
He recorrido calles que hacia muchos meses que no veía. Las “banderas” luminosas recorren los puentes y los chorretones de luz, marcan plazas de la Castellana. Me he dado cuenta que es Ríos Rosas, y que quitarle la ese final a Ríos, fue solo de mi cosecha durante 30 años.
He visto y abrazado amigos, que echaba de menos. Los he acompañado unas horas, en su vida, que también es la mía. Me he alegrado y me he entristecido. Caminos que mejoran, otros, se convirtieron en abismos dramáticos.
He escuchado planes ilusionantes, y peleas titánicas, por la vida por sentirse en ella, un poco o mucho más.
Ahora son las 19:15 en Sidney. Abrazo y cariño infinito en unas líneas. Pienso en ir allí, en volver al proyecto que el puto virus truncó. En romper de nuevo, vivir el cambio, saltar adelante.
En unos minutos saldré a la calle. Abrigo, abre paraguas, metro, cierra paraguas, quítate el abrigo, ponte el abrigo, abre paraguas.
Seguro que hablaremos de otro libro, o de dos, o de tres. De la playa, de Portugal, de Itaca y de Madrid. Hablaremos de planes, de hijos, de amigos, de sonrisas y de lágrimas con sabor salado. Sonrisas de ojos.
Y si, llueve en Madrid. Que bien.
Animo y suerte.
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lunes, 28 de noviembre de 2022

Volar



A veces, los viajes, los aeropuertos en especial, se convierten en verdaderas Universidades; en las que las materias son de dentro, de muy dentro.
He visto risas, lágrimas, insultos y caras de desamparo, de preocupación, a partes iguales que caras de fascinación. Me he sentido solo, abandonado a mi suerte, lejos de todo y de todos. He sentido ilusión, ansia, cansancio y fuerza.
¿Cuál es mi vuelo? La puerta de embarque, la mascarilla.
- Ha sido usted seleccionado para realizar un test de drogas.
- Ha sido usted seleccionado para realizar un test de explosivos.
- ¿Qué lleva ahí? ¿Y ese líquido? Son más de 100 ml. (Cara de pocos amigos)
Gente descalza, sujetando la precaria cintura del pantalón para atravesar un arco, para pasar el control hacia su libertad, de camino al trabajo, a encontrarse con el ser amado, o huyendo de él. Para cumplir un sueño, para ir y volver, para ir y nunca volver.
Sentado, esperando una señal, en esa soledad cómplice del ir y venir de pasajeros.
Estar lejos, sentirse solo.
Puede darse el caso que, de tan solo, de tan desamparado, el viaje pierda sentido. El sueño se convierta en pesadilla, y al salir de la nebulosa solo haya gente yendo y viniendo, arrastrando sus propias vidas en maletas con ruedas. Unos, de tan grandes, arrancaron su vida en el lugar de origen y corren con ansia y con miedo a abrirlas lejos, para que vuelvan a latir.
Otros, con maletines, mochilas o maletas más pequeñas, de las que no se desprenden porque llevan en ellas lo más preciado de su existencia. Sus planes, sus deseos, sus sueños.
Una señora me pregunta por su vuelo.
-Tendrá usted que buscarlo en las pantallas.
Acabo arrastrando mi mochila y mi vida, junto a ella. Vuela a Viena. Su hija, la ha hecho abuela, y la necesidad de conocer al retoño le ha dado valor para lanzarse sola a la aventura.
Vuelvo a mi banco. Espero la señal de embarque.
Al ponerme de pie, pienso en ti. Unos meses descalza, sujetando la precaria cintura del pantalón y con tu maleta llena de planes, de sueños. Es lo que tiene querer volar. Pasar controles cada día, a cambio de embarcar, de volar.
𝙔𝙤 𝙝𝙚 𝙫𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙘𝙤𝙨𝙖𝙨 𝙦𝙪𝙚 𝙫𝙤𝙨𝙤𝙩𝙧𝙤𝙨 𝙣𝙤 𝙘𝙧𝙚𝙚𝙧𝙞́𝙖𝙞𝙨. 𝘼𝙩𝙖𝙘𝙖𝙧 𝙣𝙖𝙫𝙚𝙨 𝙚𝙣 𝙡𝙡𝙖𝙢𝙖𝙨 𝙢𝙖́𝙨 𝙖𝙡𝙡𝙖́ 𝙙𝙚 𝙊𝙧𝙞𝙤́𝙣. 𝙃𝙚 𝙫𝙞𝙨𝙩𝙤 𝙧𝙖𝙮𝙤𝙨-𝘾 𝙗𝙧𝙞𝙡𝙡𝙖𝙧 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙤𝙨𝙘𝙪𝙧𝙞𝙙𝙖𝙙 𝙘𝙚𝙧𝙘𝙖 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙋𝙪𝙚𝙧𝙩𝙖 𝙙𝙚 𝙏𝙖𝙣𝙣𝙝𝙖̈𝙪𝙨𝙚𝙧. 𝙏𝙤𝙙𝙤𝙨 𝙚𝙨𝙤𝙨 𝙢𝙤𝙢𝙚𝙣𝙩𝙤𝙨 𝙨𝙚 𝙥𝙚𝙧𝙙𝙚𝙧𝙖́𝙣 𝙚𝙣 𝙚𝙡 𝙩𝙞𝙚𝙢𝙥𝙤, 𝙘𝙤𝙢𝙤 𝙡𝙖́𝙜𝙧𝙞𝙢𝙖𝙨 𝙚𝙣 𝙡𝙖 𝙡𝙡𝙪𝙫𝙞𝙖. Es hora de volar.
Vuela y que nada ni nadie te pierda el equipaje.
Animo y suerte.

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miércoles, 23 de noviembre de 2022

Cocinoterapia



Los más ansiosos, ya llevan días rodeados de luces y espumillón.
Veo asomar entre los arbustos pequeños brillos, y en las farolas, extrañas banderolas rígidas que, llegado el momento, se llenarán de color.
Igual que en septiembre necesito mirar adelante, planificar futuro, aunque luego cambie todas las tareas previstas (para eso son los planes ¿no?), cuando diciembre está al caer, miro atrás.
Que pasó este año. Que hice, que no quise hacer y que se coló por la rendija de la oportunidad para hacerme cambiar de dirección.
Se me para el reloj, hasta bien entrado enero. Me alimento de recuerdos, de nostalgia de personas, de sensaciones que ya no volverán.
A mi alrededor, un alboroto de idas y venidas.
Mientras conduzco, sonará "Driving home for Christmas".
La niebla, el frío, la carretera casi invisible para llegar a ninguna parte. Y vuelvo al plan. Doy un paso, otro, otro más. Borro y vuelvo a escribir.
Y aunque fuerzo el olvido, todo está ahí.
Café.
Debería volver a cocinar, más.
Delante del espejo me digo:
Animo y suerte.
Receta: Pasta al vino blanco con níscalos (2019)