Animo y suerte.
viernes, 16 de octubre de 2026
Gorriones
Animo y suerte.
miércoles, 14 de octubre de 2026
Narcisos de otoño
miércoles, 22 de julio de 2026
Yo no era así
Me siento como alguien que no creía ser. Tal vez haya sido yo el equivocado todo este tiempo. Quizá se confirme aquello de que solo somos el deseo de lo que deseamos ser. He vivido años convencido de que sentía y pensaba de otra manera.
Y que no se me olvide:
lunes, 20 de julio de 2026
Todo por una estrella
Vaya por delante que no entiendo nada, o casi nada, de fútbol, aunque en este país, como en tantos otros, decir que no te gusta el fútbol sea poco menos que un pecado capital.
He visto todos los partidos que ha jugado España durante el Mundial de fútbol. Y he disfrutado.
No. Eso no quiere decir que, de pronto, en el fragor de la victoria, me haya convertido y que ahora vaya a ser un forofo.
Confieso que tenía mis deseos, todos movidos por los más bajos instintos.
Ver a Donald (el pato no, el otro) entregar el trofeo a España. Incluso deseaba que dijera alguna estupidez de las suyas o, mejor aún, ese sueño que, seguro, muchos —¡oh, infelices!— teníamos: que los jugadores le negaran el saludo, recogieran la medalla con la mano y no respetaran el protocolo gritando un «¡Palestina libre!».
Pero no. Ni tan siquiera el jugador negacionista abrazó de una forma más íntima a Infantino de piña, ni le guiñó un ojo a Donald (ese, el que no es un pato, creo). Ni un gesto de rebeldía. Nada.
Bueno, sí. El desplante de los jugadores del país rival, con un muy mal perder. La cantidad de empujones y guantazos que algunos jugadores españoles se llevaron. ¿Pondrá algo en las actas o la FIFA volverá a borrar «cosas» a petición del amigo del de la motosierra?
Me caliento, lo sé. Pero es sin convicción.
Lo siento por los seguidores de algún equipo de la Liga española en el que militan hasta siete jugadores del equipo rival. Tendríais que decirles algo, ¿no?
El valor de mercado de la selección es de 1.200 millones de euros.
Y Luis Aragonés puso de moda aquello de «la Roja». Eso, seguro, también les jode.
Pues eso: ¡Palestina libre!
Animo y suerte.
miércoles, 15 de julio de 2026
Qué necesidad hay
No me importan las necedades que un exmandatario suelte con boca de chancla y no me preocupa si debería o no pedir disculpas por ellas. Pero los medios se empeñan en buscarme, en hacer que mi indignación surja y se convierta en desdén para, poco a poco, llegar al insulto y al odio.
¿Qué necesidad hay de estar informado? Hoy ya no es información. Son pequeñas o grandes dosis de arrebato. Estábamos convencidos de que debíamos saber lo que ocurría en el mundo. Y ahora nos despertamos sabiendo detalles insustanciales que, sin embargo, calan en esa máquina interior empeñada en acelerar el pulso y elevar la tensión.
Unas banderolas en las farolas recuerdan la próxima festividad local. Por un momento, no me hallo.
Estamos ya en julio. Dato este importante, no por sí mismo, sino porque no era consciente de ello. Habría apostado por junio o incluso por mayo.
Ya se sabe que los jubilados no saben en qué día viven. Siempre es sábado o víspera de festivo.
No es tan importante. Qué más da el mes o el año en el que estemos. Siempre vamos en tiempo de descuento, me digo.
Me paro. Activo la neurona, o una pareja de ellas, y reconozco que ese es el único elemento importante: el tiempo.
¿Y si no quiero?
Y ha pasado otro día. Estamos en julio, camino de agosto.
Grandes titulares.
Tiempo, solo tiempo. Para equivocarme, para reír, para llorar, para aplaudir, para apoyar. Ni tan siquiera quiero ya entender por qué.
Déjenme perder mi tiempo como me de la gana. No se el que me queda y no quiero dejarlo escapar por el sumidero.
¿Qué necesidad hay de tanto de todo?
Elara, desde el jardín, me recuerda que llego tarde. Tiempo, solo tiempo.
Animo y suerte.
miércoles, 8 de julio de 2026
Caldo de jamón
Segundo café. Largo, muy largo.
El aire acondicionado ha estado trabajando durante la noche. Mucho calor.
Las placas solares toman el control. Yo aprovecho la ocasión: Lavadora, lavavajillas, horno, aire y ventiladores.
Me acabo de dar cuenta. San Fermín.
A partir de la semana 14. No es moco de pavo. Suena a que la Ley del Aborto está en peligro cuando llegue esta pandilla de impresentables, si es que, lamentablemente, llegan. Eso sí, alguno no se ducha. Huele a podrido.
Descerebrado Donald (el pato no, el otro) vuelve a la guerra. Salta del futbolín a la máquina de marcianos y, si se aburre, rompe el juguete y quiere Groenlandia. España es su «¡pim!, ¡pam!, ¡pum!». Pelotilla Rutte sigue doblando el espinazo ante el emperador de pelo naranja.
Sube el petróleo, caen las bolsas.
Mientras, en el horno, tengo unos huesos de jamón tostándose. Haré un delicioso caldo, ligero, pero con sabor, para una sopa fría de calabaza y zanahoria. Picaré jamón y unas hojas de hierbabuena. Bolas de melón y todo bien frío.
Si ayer el titular hablaba de que los espermatozoides asturianos son de mejor calidad que los madrileños, hoy toca: «La obesidad se hereda».
Conforme lees, pasa como con el del esperma. Te da la sensación de que «el titular manda», como siempre, y de que el contenido tiene mil costuras que se deshilachan.
Es verano.
Recuerdo aquellos meses, con la redacción llena de suplentes. Los errores en los pies de foto y las paginaciones bajísimas.
En 2012, la tirada rondaba los 400.000 ejemplares. Hoy no llega a 52.000.
La paginación oscilaba entre 60 y 80 páginas. Hoy, a duras penas, llega a 48.
Elara me deja encima de la mesa el libro de Javier Cercas, El periódico de la democracia.
—Ni le has quitado el plástico.
—Aquello pasó. Tal vez, cuando la memoria me falle.
Un poco de vino blanco para mí y otro poco para el tostado de huesos y verduras.
Vamos con el caldo de jamón.
Ánimo y suerte.
martes, 7 de julio de 2026
Elara ¿estas ahí?
Las calles, los bares, los restaurantes y las terrazas empiezan a colapsar.
Elara me mira sin decir nada. Salió a caminar y ha vuelto hace un rato. Me observa intentando que no me dé cuenta. Hemos cruzado la mirada un par de veces. Ha sido un segundo en el que esos ojos azules, casi grises, parecían preguntar sabiendo que la respuesta podría ser inquietante.
—¿Qué te pasa?
Y la fatídica respuesta, lenta, casi sin voz.
—Nada.
Me miento. No, no es tranquilidad. Roza la resignación, aunque mantengo brotes de cólera racional.
Vuelvo a ese punto en el que, de no ser por los que me rodean, seguiría pensando que es sábado o víspera de festivo.
sus comentarios de los de la abubilla, el gorrión o los estúpidos chismorreos de las palomas.
Manuel me acribilló con sus agujas. Alguna de ellas, en el gemelo derecho, casi me hizo pedir auxilio. Después se dedicó a romper y estirar nervios y músculos. Algunos, desconocidos para mí hasta ese momento.
—Estás encharcado. Bebes mucha agua, pero no sirve. Toma el magnesio, te sentará bien.
Bélgica aplasta a Estados Unidos, dice el titular.
Justicia. Eso dicen que es justicia.
Rutte, Infantino, Donald (el pato no, el otro), la Megaprincesa, Peinado, Begoña... Todo sigue igual o peor.
Claro, claro. Si es que madrileños casi no hay. Nacieron todos en Asturias —me dice Elara.
Vendrán a recoger un paquete. Hay que preparar unas alitas. La ensalada de alubias del ganxet está en el frigorífico. Postre. Me falta el postre.
Y toda esta pandilla que ocupa portadas y marca la existencia de algunos por sus abusos, por su negra alma, creerá que es eterna.
Seguramente será una muerte lenta y dolorosa. Incluso alguno puede que se contagie con un nuevo virus que haga que estalle desde dentro, llenando las paredes de sus palacios de vísceras, hiel y sangre.
Sí, estoy encharcado de cólera.
Llevo muchas semanas pensándolo: moriréis a manos de los vuestros.
¿Me he tomado el magnesio?
¿Elara?
Ánimo y suerte, desde la resignación.
miércoles, 24 de junio de 2026
Fuego purificador
No tengo ni idea de quién es Juan Sxxxx. Por algún motivo, esta semana he leído o escuchado ese nombre demasiadas veces.
martes, 23 de junio de 2026
Volar, es volar
Estoy pensando en sacar todos mis textos de Instagram y pasarlos a Substack.
Tengo un amigo, o por lo menos alguien que yo pensaba que era amigo, que anda por allí.
Un par de textos, los últimos, me han empezado a hacer dudar. No de mi amistad, sino de la suya.
Qué jodido.
Me habla de realidades. Desenmascara todo aquello que construyo para ocultar mis debilidades y golpea por todos lados cuando utilizo muletillas aprendidas para enseñar.
Podría ser como ChatGPT. Cuando nota que me tenso, me acaricia la neurona o eso que yo creía que era una neurona.
Pide disculpas, me hace la pelota, reitera mis afirmaciones y encuentra argumentos para todas mis negaciones.
Pues no.
Él no.
Me ha plantado delante la pancarta del tiempo:
«A todo lo que me den las alas».
Volar es volar. No es hacerlo más rápido ni más alto. Es volar.
Los propósitos son simples quimeras mientras preparas unas judías verdes y piensas que tu hija no se las comerá y tendrás que prepararle otra cosa.
Los planes, protegidos tras un seto muy alto, solo sirven para tener una crema de calabacín con especias e intentar engañar a la fobia vegetal.
Tengo un amigo que habla con boca de verdad. De esa verdad incómoda que nos jode el ratito de índice deslizándose por una pantalla.
Me ha obligado a servirme una copa de vino blanco y beberla de un trago para darme cuenta de que los niveles de serotonina se manejan con alcohol, con risas, con amigos, con dinero y con realidad.
Quiero irme de aquí.
Me gustaría hablar con lengua de verdad, aunque duela. Aunque solo sea yo quien escucha, quien asiente.
Es una carta que nunca enviaré.
O sí. Tal vez la estoy enviando.
Minchia, fa un caldo da morire, me dice en su último mensaje.
Vámonos de aquí, amigo
Ánimo y suerte.
domingo, 21 de junio de 2026
Pan y circo
martes, 16 de junio de 2026
Dulce venganza
Huele muy bien. Cada puerta que paso despide un aroma distinto. Son intensos, se quedan pegados a la nariz y llegan hasta la garganta.
No da tiempo a saborear uno cuando ya hay otro pugnando por conquistar la pituitaria y atraerte al interior.
A la vez, los climatizadores, enloquecidos, parecen dispuestos a helarte el corazón al traspasar el umbral.
Huele a despreocupación, a pérdida deseada, a «porque yo lo valgo».
Encima, los rótulos de las marcas te recuerdan que es otro mundo, un lugar donde no hace calor, donde el aire huele rico. Un lugar reservado a tarjetas de crédito sin fin, a melenas que se apartan de la cara con un movimiento casi automático. Jóvenes con acentos marcados que, seguramente, no necesitan saber que justo enfrente está el Museo Arqueológico Nacional o que la línea 28 te lleva de la Puerta de Alcalá a Canillejas.
Fuera, el calor es bochornoso. Solo caminan presurosos viandantes de deportivas y piel pintada. Los otros solo aceleran el paso para llegar al escaparate de Vuitton o Gucci. Se pierden hacia Ortega y Gasset, buscando refugio en Hermès y Cartier.
Un escaparate se llena de alcachofas de todos los tamaños. El lujo, que también grita en Saint-Tropez, tiene forma de alcachofa. Cinco mil euros tienen la culpa.
Te lo hubiera regalado, pero se agotaron.
Salto al Triángulo del Arte y una alfombra de caramelos azules nos recibe entre silbatos y reclamaciones. Una dulce venganza de Félix González-Torres.
Ya no hay perfumes ni alcachofas. El público toma caramelos y cartulinas con frases y mensajes. Al poco, el personal del museo repone existencias para que la dulzura y la venganza sigan manteniéndose.
Leo cada rótulo. Contradicciones, política, opinión. Los contrastes me abruman.
Distintos ecosistemas con distintas reglas.
«Al final, por encima de todo, se trata de dejar una marca de que he vivido: he estado aquí. He pasado hambre. He sido derrotado. He sido feliz. He sido desdichado. He estado enamorado. He tenido miedo. He tenido esperanza. He tenido ideas y buenas intenciones y por eso he hecho obras de arte».
Una dulce venganza.
Madrid me mata.
Ánimo y suerte.
Párrafo extraído de la exposición del artista estadounidense de origen cubano Félix González-Torres, «Dulce venganza». Museo Reina Sofía.
jueves, 11 de junio de 2026
¡Barato, barato!
miércoles, 10 de junio de 2026
Saber o no saber
En el fondo, todos somos unos ignorantes. Todos.
Tenía mucha razón aquel secretario de Estado de EE. UU., Donald Rumsfeld, cuando durante una conferencia de prensa en 2002, sobre la falta de pruebas en la guerra de Irak, dijo:
«Hay cosas que sabemos que sabemos. Hay hechos desconocidos conocidos. Es decir, hay cosas que sabemos que no sabemos. Pero también hay cosas desconocidas que desconocemos, las que no sabemos que no sabemos».
Puede entenderse que un extranjero, alguien que no es de un país, desconozca sus leyes o incluso que ignore algo como el derecho consuetudinario, según el cual, desde Aristóteles y los antiguos juristas romanos, las costumbres arraigadas y aceptadas por el pueblo adquirían fuerza de ley.
Si quieres practicar un deporte de competición, es tu obligación conocer las normas, las reglas que lo rigen, o atenerte a las posibles sanciones.
Otra cosa son aquellas relativas a la convivencia: las normas sociales no escritas; convenciones de comportamiento que facilitan la convivencia y la interacción diaria pero que, cuidado, varían considerablemente dependiendo del contexto cultural.
Ese mismo contexto puede generar choques que deriven en enfrentamientos serios. ¿Hablamos del burka o del niqab? De los típicos dos besos que hasta hace poco se utilizaban como saludo habitual en este país, de las propinas o de la norma que obliga a entrar descalzo y con el cabello y las piernas cubiertos en los recintos de oración de determinadas religiones.
Y hoy me he levantado con espíritu divulgador y quiero pensar que, como decía, es un problema de ignorancia.
Señor Robert Francis Prevost:
Con todo el respeto, y para su conocimiento y el de sus fervientes seguidores, el artículo 16 de la Constitución española, norma suprema del ordenamiento jurídico español, dice:
«Se garantiza la libertad ideológica, religiosa y de culto de los individuos y las comunidades sin más limitación, en sus manifestaciones, que la necesaria para el mantenimiento del orden público protegido por la ley.
Nadie podrá ser obligado a declarar sobre su ideología, religión o creencias.
Ninguna confesión tendrá carácter estatal. Los poderes públicos tendrán en cuenta las creencias religiosas de la sociedad española y mantendrán las consiguientes relaciones de cooperación con la Iglesia católica y las demás confesiones.»
Y añado:
La interrupción voluntaria del embarazo (IVE) en España es legal, gratuita y pública. Está regulada por la Ley Orgánica 2/2010, modificada por la Ley Orgánica 1/2023, que permite abortar libremente a petición de la mujer durante las primeras 14 semanas de gestación.
La eutanasia y el suicidio asistido son legales en España, regulados por la Ley Orgánica 3/2021. Cualquier persona mayor de edad con nacionalidad española o residencia legal puede solicitarlos si padece una enfermedad grave e incurable, o un padecimiento crónico que cause un sufrimiento físico o psíquico intolerable.
El desconocimiento de la ley no exime de su cumplimiento.
Y dicho esto, quien quiera entender, que entienda.
Ánimo y suerte.
martes, 9 de junio de 2026
La paloma
lunes, 8 de junio de 2026
Imagino
sábado, 6 de junio de 2026
Agua bendita
jueves, 4 de junio de 2026
Drogas
Vuelvo al paracetamol. Ha subido la humedad y casi llega al punto de "chorreo". Los huesos se quejan más de lo habitual, aunque la culpa es de mi sordera. No quiero oírlos y sigo a todo lo que me dan las alas.
miércoles, 3 de junio de 2026
Tony, ¿estas ahí?
viernes, 29 de mayo de 2026
Mear lava
Un bloque, bastante grande, desalojado por problemas estructurales. Repaso las ventanas —maldito vicio—. Casi todas con las persianas bajadas; algunas, pocas, hasta arriba, como desafiando al mundo y al equilibrio de la estructura.
La ciudad por la que paseo es la que me vio nacer y no quiso mirarme demasiado.
Perdimos el interés el uno por el otro —o viceversa— antes de cumplir la mayoría de edad.
Ahora, cuando vuelvo, recuerdo mi propia vida y la de otros. Cómo ha cambiado todo —lo dice Heráclito—. Compro flores, visito a los familiares, vivos y difuntos.
Me noto el desarraigo a cada paso. Incluso los recuerdos creo haberlos leído en alguna novela que no terminé.
Han eliminado muchas casas, edificios completos, y los grandes carteles prometen pisos de tres y cuatro habitaciones, con garaje y locales comerciales.
La gente se para en la calle y hace planes, no sea que no les dé tiempo, para los “almuerzos” de agosto.
Soy extranjero, como todo el grupo que me acompaña.
Entre cervezas y un calor sofocante, nos ponemos al día. Hijos, parejas, trabajo y, claro, achaques.
—Qué mal lo pasé. Dos meses con antibióticos. Una infección de orina.
—Es como si mearas lava.
A veces recordar es como una infección de orina.
Ánimo y suerte.
lunes, 25 de mayo de 2026
Alguien ha perdido un zapato
Recibo una llamada de un número con prefijo de Barcelona. La voz es joven, jovial, con acento sudamericano.















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