sábado, 24 de febrero de 2024

¿Cuánto pesa tu vida?



Mientras la cafetera gorgotea sobre la placa de cocina, leo los testimonios de los afectados por el incendio de Valencia.
La congoja va ganando poco a poco al morbo natural de saber quien son, de saber que pasó.
Una persona, de las afectadas, hacía dos o tres días que acababa de llegar a España. Otra, casualmente, no estaba allí.
Una señora, habla sobre las perdidas materiales y minimiza todo. Está viva, le dio tiempo a salir.
Las llamas se lo han llevado todo. ¿Todo?
Me doy cuenta de que estoy en una planta 11. Y como si el miedo me llenara los pulmones, me falta el aire. Corro las cortinas, abro la puerta de la terraza e intento desplegar mis alas.
No, no tengo alas.
Observo las fachadas de los edificios y me hago las mismas preguntas que acabo de leer sobre el poliuretano, sobre las láminas de aluminio, sobre las llamas.
Me viene a la cabeza aquel monólogo de George Clooney en 𝗨𝗽 𝗶𝗻 𝘁𝗵𝗲 𝗮𝗶𝗿, en donde preguntaba a su auditorio:
¿Cuánto pesa tu vida?
Esa mochila con la que cargamos todos los días. Las pequeñas cosas, los libros, el reloj de pulsera, las fotos. Cosas un poco más grandes. El coche, la casa, el apartamento en la montaña, el frigorífico.
Todo eso, pesa.
George, para hacernos descansar, nos invita a quemarlo.
Vuelvo a las imágenes del incendio.
En unos minutos, Antonio no puede demostrar que se llama Antonio. Incluso, podría decir que es Juan, o Felipe, con la misma certeza.
No tiene ropa que ponerse, ni tarjeta de crédito, ni la escritura de su vivienda que guardaba en el cajón de abajo de la mesilla de noche.
Esa mochila de las cosas materiales, se ha convertido en cenizas. Antonio (dice que se llama Antonio), con la mirada perdida, sentado en el borde de la acera, en pijama, ya no sabe si es Antonio.
George, habla de otra mochila. La de las personas. Tus amigos, tus vecinos, tu familia, tu pareja, tus hijos, tus padres. ¿Te imaginas? Todos dentro de una mochila. Pesan ¿verdad?
Estoy en una planta 11 y, como me suele ocurrir, me he quedado colgado mirando el mar.
¿Cuánto pesa tu vida?
Creo que es hora de estar a ras de suelo.
Animo y suerte.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Estamos bien



En nada, Blanki, saca un nuevo “temazo”.
Maruchi, hace un desfile.
Me siento bien.
Entiendo que todo podría ser mejor. Aunque, pensándolo bien, ¿Qué es mejor?
Si, me gustaría ser asquerosamente rico para ayudarlas más a alcanzar sus metas. Para que el camino les resultara más cómodo.
Pero, si fuera así, no sería su camino.
Observo con admiración cada paso que dan. A veces, se llenan de lágrimas, otras, explosionan de entusiasmo y solo queda disfrutarlo hasta que las lágrimas vuelvan.
Cada vez más, aprietan los dientes y se tragan la impotencia, la mala suerte o la caída desde la nube de la ilusión para, al poco tiempo, buscar un nuevo reto que construya camino.
Es curioso como ellas con el paso del tiempo parecen tener las cosas más claras, en cambio, yo, cada día cambio motivos y valores, me siento en la necesidad de revisar, ordenar.
Demasiados convencionalismos que a ellas no les afectan, no impactan en su día a día, no porque no existan sino porque nunca les han dado importancia.
Manejó una máxima, pensar un poco más. No de forma obsesiva (que eso ya me viene en los genes) sino buscando otro punto de vista, eliminando lo que siempre se ha dicho, lo que se “debe” pensar.
Chicas, no será fácil.
Vuelve a mi cabeza Kavafis.
Pedir que este camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temáis a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón. Si vuestro pensamiento es elevado, ninguno de estos maléficos seres encontraréis. No dejéis que entren en vuestra alma.
Disfrutar de las mañanas de verano, pedir que el camino sea largo y viajar.
Llegar a puertos nunca vistos, haceros con hermosas mercancías. Viajar a Fenicia, a Egipto, a Roma o a París. Aprender de los sabios, de los que dudan y conformar vuestro espíritu.
No apresuréis el viaje, disfrutarlo, enriqueceros de él.
Mis mejores deseos para encontrar vuestra Ítaca.

sábado, 17 de febrero de 2024

Lo imposible

 


Leo que las empresas familiares japonesas para mantener ese "espíritu" buscan los mejores Directores Generales que no forman parte de la familia y los adoptan legalmente. Si, si, como lo lees.
Miro por la ventana. Hace un día feo. Ventoso y frío.
Cada vez me ocurre más. Me quedo con la mirada perdida sin pensar en nada; aunque no es cierto. Justo cuando salgo de ese punto de bloqueo, todos los pensamientos se amontonan, como si se me hubiera ido la conexión y al retomarla todo pugnara por salir atropelladamente.
Debo salir a caminar, retomar el ejercicio, volver a la dieta (comer menos), ir a tirar unas bolas, ver el mar, escribir más cartas que no enviaré, ordenar los vinilos y limpiarlos, revisar la ley que permite retirar la pasta de los planes de pensiones, hacer la maleta, poner gasolina para mañana, las cajas de diapositivas, planificar la lectura de los 14 o 15 libros pendientes de leer, ejercitar más mi cerebro para analizar los problemas de otra manera, ¿sigo?.
Me he vuelto a quedar enganchado. Las hojas de los árboles se mecen, más bien, se contonean. Intento ponerles música.
Suena 𝐁𝐫𝐚𝐯𝐨, de Barbara Pravi. Las palmeras, los palmitos, los pinos, se animan y parece como si la música estuviera en el jardín.
He vuelto.
La condena de Donald (el pato no, el otro), los desvaríos de esa muchacha de nombre Isabel Natividad, la muerte de Navalni, el empeño de Nadal en hablar para demostrar su nivel de estupidez (aunque se le suponía), lo de Ucrania, las elecciones gallegas y el bocachancla (alias, el pailán), ese tema tan importante de la amnistía, y ...
El almendro esta floreciendo con adelanto.
Pienso en cosas imposibles.
Me entero de que existe un día de los amores imposibles, fue ayer.
El 16 de febrero. Romeo y Julieta, los amantes de Teruel (tonta ella y tonto él), Titanic, Her.
Titanic, llamado el "insumergible".
Esa chica que veo en los carteles publicitarios, en las marquesinas, en los anuncios de televisión. Si, imposibles.
El sol gana de nuevo la batalla. El viento se calma y suena 𝗩𝗼𝗶𝗹𝗮́.
Barbara me susurra:
Voilà, voilà, voilà
Voilà qui je suis
Me voilà même si
Mise à nue je compris
Me voilà dans le bruit
Et dans la fureur aussi
Regardez-moi enfin
Et mes yeux et mes mains
Tout c'que j'ai est ici
C'est ma gueule, c'est mon cri
Me voilà, me voilà, me voilà

miércoles, 24 de enero de 2024

Armas y escudos



Llevo varias semanas sin tomar mi medicina, sin mi sesión de terapia.
Ando dedicado a pintar sueños, a darles forma, para que con mucho trabajo y esfuerzo se conviertan en realidades.
No miro a los lados, solo al frente. Ya queda menos, me repito.
Hoy, un repecho, ayer, un barranco.
Una montaña tras la que esperas encontrar un valle y, al final del día, una montaña más alta que la anterior te saluda casi sonriendo.
Ordeno pesadillas, priorizo sueños, ideas, escaleras para alcanzar estrellas.
Que poco saben las normas y los procedimientos, sobre sueños. Que poco saben de estrellas.
He dicho que, en muchas ocasiones, ganar una batalla solo sirve para estar armado y dispuesto para afrontar la del día siguiente.
Napoleón, lo sabía. Su batalla más difícil, todos los días, era contra si mismo.
Un café más.
He abierto la ventana. Las ramas de los árboles se mueven agitadas por el viento.
En un rato, haré limpieza en mi mesa. Vuelve a estar como mi cabeza.
Carpetas, documentos, proyecciones, una versión, otra. ¿Dónde está aquello que anoté?
El cielo comienza a tomar color. Azul, en la parte alta, rojizo hacia el horizonte. Algún perro ladra y los primeros vehículos con sus ojos encendidos asoman por el cruce.
Varios mensajes, correos. La copia de seguridad, en marcha. Reviso agenda. Me pongo tareas y ordeno prioridades.
Me viene a la cabeza aquella escena de la película "𝑼𝒑 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒆 𝒂𝒊𝒓", que tras hablar de mochilas, cisnes y tiburones, el protagonista (George Clooney) dice:
"𝐒𝐢 𝐧𝐨𝐬 𝐦𝐨𝐯𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐝𝐞𝐬𝐩𝐚𝐜𝐢𝐨 𝐦𝐨𝐫𝐢𝐦𝐨𝐬 𝐫𝐚́𝐩𝐢𝐝𝐨"
Cisnes, tiburones, cerdos, gallinas, rodaballos...
“𝐇𝐚𝐲 𝐭𝐫𝐞𝐬 𝐠𝐫𝐮𝐩𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐬: 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐬𝐞𝐧; 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐢𝐫𝐚𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐜𝐨𝐬𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐚𝐬𝐚𝐧 𝐲 𝐥𝐨𝐬 𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐞 𝐩𝐫𝐞𝐠𝐮𝐧𝐭𝐚𝐧 𝐪𝐮𝐞́ 𝐩𝐚𝐬𝐨́.”. Nicholas Murray Butler, premio Nobel de la paz, entre otras muchas cosas.
¿Llevas tus armas? ¿El escudo? ¡Venga!
Animo y suerte.

martes, 2 de enero de 2024

Verano invencible

 


Debo reconocer que cuando leo una entrevista o escucho a alguien hablar utilizando frases o citas de otros, me gusta.
Podría pensar que son unos snobs, y que lo único que quieren es demostrar que han leído más que su interlocutor pero, por otro lado, también puede ser que eviten mostrar su propia opinión y utilizan la de otros, de mayor renombre, para poner la suya en valor.
Me gusta cuando leo:
"𝐻𝑎𝑦 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑚𝑖𝑟𝑎𝑟 𝑎𝑙 𝑓𝑢𝑡𝑢𝑟𝑜 𝑎𝑙𝑢𝑚𝑏𝑟𝑎́𝑛𝑑𝑜𝑙𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑑𝑜, 𝑎𝑞𝑢𝑒𝑙𝑙𝑎 𝑓𝑟𝑎𝑠𝑒 𝑡𝑎𝑛 𝑏𝑜𝑛𝑖𝑡𝑎 𝑑𝑒 𝐶𝑎𝑚𝑢𝑠, 𝑙𝑎 𝑑𝑒𝑙 𝑣𝑒𝑟𝑎𝑛𝑜 𝑖𝑛𝑣𝑒𝑛𝑐𝑖𝑏𝑙𝑒: 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑖́ 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑒𝑛𝑡𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖́ 𝘩𝑎𝑦 𝑢𝑛 𝑣𝑒𝑟𝑎𝑛𝑜 𝑖𝑛𝑣𝑒𝑛𝑐𝑖𝑏𝑙𝑒".
Y da igual que estemos hablando de la nostalgia o de como afrontar las próximas rebajas en los grandes almacenes, la frase está ahí.
En este caso, es Bergareche quien la emplea.
Como digo, este uso de los pensamientos de otros, de sus frases, me incita a buscar su origen y a leer el párrafo original, por ese afán de encajar piezas y de darle el mayor sentido. Sea, como decía, hablando de nostalgia o de no encontrar aparcamiento.
A veces, tienes gratas sorpresas. El párrafo o la frase pertenece a un libro o un ensayo que merece la pena leer. Otras, las más, simplemente han sacado unas cuantas palabras de un contexto y las han metido con calzador en otro. Queda bonito y ya.
La frase que comentaba al principio, nada tiene que ver con lo que corretea por ahí. Puede que incluso la encontréis inmersa en algún pensamiento de Coelho, o en alguna página de autoayuda.
Pertenece, en realidad, a un ensayo de Camus "Retorno a Tipasa". Él, nació en Argelia, en Tipasa. Y en apenas 10 páginas podemos sacar un montón de frases inspiradoras, en su viaje de retorno, en sus recuerdos de infancia, en como esa luz le lleva a la melancolía.
Camus, vuelve a recorrer su infancia tras la II Guerra mundial. Imposible que podamos encontrarnos en ese contexto, a día de hoy (ojo, que este año es bisiesto como el 2020, y con un día más cualquier cosa puede ocurrir).
Los rostros, las miradas han cambiado.
"𝐴 𝑙𝑎 𝑙𝑢𝑧 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑖𝑛𝑐𝑒𝑛𝑑𝑖𝑜𝑠, 𝑒𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑚𝑜𝑠𝑡𝑟𝑜́ 𝑑𝑒 𝑟𝑒𝑝𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑢𝑠 𝑎𝑟𝑟𝑢𝑔𝑎𝑠 𝑦 𝑠𝑢𝑠 𝑙𝑙𝑎𝑔𝑎𝑠, 𝑎𝑛𝑡𝑖𝑔𝑢𝑎𝑠 𝑦 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎𝑠. 𝐸𝑛𝑣𝑒𝑗𝑒𝑐𝑖𝑜́ 𝑑𝑒 𝑔𝑜𝑙𝑝𝑒, 𝑦 𝑛𝑜𝑠𝑜𝑡𝑟𝑜𝑠 𝑐𝑜𝑛 𝑒́𝑙"
Tal vez, solo viajando a Argel y recorriendo esos 69 km que lo separan de Tipasa, podamos, no solo llegar a entender, sino a sentir el texto de Camus.
Hace unos días, con el fin del año, también pensé en volver a mi Tipasa. A buscar esa luz, esas ganas de olvidar pasado y generar futuro.
"𝐄𝐧 𝐦𝐢𝐭𝐚𝐝 𝐝𝐞𝐥 𝐢𝐧𝐯𝐢𝐞𝐫𝐧𝐨 𝐚𝐩𝐫𝐞𝐧𝐝𝐢́𝐚 𝐩𝐨𝐫 𝐟𝐢𝐧 𝐪𝐮𝐞 𝐡𝐚𝐛𝐢́𝐚 𝐞𝐧 𝐦𝐢́ 𝐮𝐧 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐨 𝐢𝐧𝐯𝐞𝐧𝐜𝐢𝐛𝐥𝐞"
Un verano invencible.
“Aquí comprendo lo que llaman gloria: el derecho a amar sin medida”.
Animo y suerte

viernes, 29 de diciembre de 2023

𝐒𝐚𝐧𝐭𝐚 𝐏𝐚𝐜𝐢𝐞𝐧𝐜𝐢𝐚 (𝐗)



Ayer hablábamos de ir. Para mí fue pensar en volver.
Es curioso cómo cuando hemos pasado mucho tiempo, o hemos tenido vivencias íntimas en un lugar, casi nos molesta que otros nos hablen de él. Nos quieran explicar locales, tiendas o cambios que allí se han producido, y tú, sin saberlo, sin estar allí.
No, para ti que llevas, tal vez, años sin pasear aquellas calles, sin entrar en esos bares o simplemente observar tejados o jugar a las canicas en aquel parque, nada puede cambiar. Te parece imposible que aquella zona de tierra donde sacrificabas insectos con tus amigos, ahora, sea una superficie cubierta de losetas que hacen un dibujo geométrico.
Que aquel arco que escalabas como si fuera el Everest, ya no esté y en su lugar un macizo de flores o un seto, den una nota de color.
El quiosco donde primero comprabas botes de Sidral por céntimos y más tarde cigarrillos, ya no existe. Un alcorque con un arbolito desnutrido ha ocupado su lugar.
Miras las ventanas de aquella casa, desde donde te asomaste tantas veces para ver la calle, y las persianas alicantinas ya no son verdes.
Atrás, donde crecían las hierbas y se convertían en jungla inexplorada para tus juegos de infancia, han puesto unos bancos y una estatua rara, en conmemoración de vaya usted a saber qué.
Un anciano, sentado en uno de los bancos, te mira de forma descarada. Está apoyado sobre un bastón que tiene entre las piernas. Levanta una mano para tapar el sol y poder verte mejor.
- Hola, ¿Qué tal? Feliz Navidad. ¿El 4º, izquierda?
Tú, con cara de sorpresa, contestas al saludo y te sientas a su lado. Está claro, tú eres 4º, izquierda. Él es 2º, derecha.
Nos hacemos preguntas, con largas pausas entre una y otra. Parece como si no quisiéramos romper el vínculo.
Seguimos sentados. Él, apoyado en su bastón. Yo, en las trepadoras que visten la escultura.
Repasamos vecinos, conocidos comunes, incluso me cuenta anécdotas de cuando trabajaba con mi padre.
Nos despedimos y mientras me alejo, sigo sin saber quién es 2º derecha, el anciano del bastón.
Ir, es volver. Volver a un viaje en el tiempo a un lugar desconocido, a un lugar que tal vez nunca fue lo que ahora queda en el recuerdo. Vuelve a casa, vuelve, por Navidad. ¿Cuántas veces he vuelto a "casa"?
La niebla, para mí, siempre era el traje para ese viaje, para esa vuelta. No recuerdo las campanadas de fin de año en aquel pequeño comedor con mesa camilla y brasero.
El dormitorio de mis padres, el de mi abuela, el que compartía con mi hermano, ¿todos daban al comedor?
Y sí, había una habitación más. La habitación del Belén. La de hacer los deberes. La de escuchar partidos en la galena. Donde se guardaba la cesta de rosquillas y magdalenas.
Ir, para volver. Para que alguien, un anciano que no conoces, desde el 2º izquierda te recuerde que has ido, para volver.
Me giro y busco en la cornisa. Sí, ahí están.

𝘝𝘰𝘭𝘷𝘦𝘳𝘢́𝘯 𝘭𝘢𝘴 𝘰𝘴𝘤𝘶𝘳𝘢𝘴 𝘨𝘰𝘭𝘰𝘯𝘥𝘳𝘪𝘯𝘢𝘴
𝘦𝘯 𝘵𝘶 𝘣𝘢𝘭𝘤𝘰́𝘯 𝘴𝘶𝘴 𝘯𝘪𝘥𝘰𝘴 𝘢 𝘤𝘰𝘭𝘨𝘢𝘳,
𝘺 𝘰𝘵𝘳𝘢 𝘷𝘦𝘻 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘢𝘭𝘢 𝘢 𝘴𝘶𝘴 𝘤𝘳𝘪𝘴𝘵𝘢𝘭𝘦𝘴
𝘫𝘶𝘨𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘭𝘢𝘮𝘢𝘳𝘢́𝘯.
𝘗𝘦𝘳𝘰 𝘢𝘲𝘶𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘭 𝘷𝘶𝘦𝘭𝘰 𝘳𝘦𝘧𝘳𝘦𝘯𝘢𝘣𝘢𝘯
𝘵𝘶 𝘩𝘦𝘳𝘮𝘰𝘴𝘶𝘳𝘢 𝘺 𝘮𝘪 𝘥𝘪𝘤𝘩𝘢 𝘢 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘮𝘱𝘭𝘢𝘳,
𝘢𝘲𝘶𝘦𝘭𝘭𝘢𝘴 𝘲𝘶𝘦 𝘢𝘱𝘳𝘦𝘯𝘥𝘪𝘦𝘳𝘰𝘯 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰𝘴 𝘯𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦𝘴…
¡𝘦𝘴𝘢𝘴… 𝘯𝘰 𝘷𝘰𝘭𝘷𝘦𝘳𝘢́𝘯!

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miércoles, 27 de diciembre de 2023

5x5



Sí, tengo temas recurrentes cuando escribo. Me puede el recuerdo, la nostalgia y la melancolía. Y al final, es todo nostalgia.
Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida. Así lo define la RAE.
Me puede el recuerdo de una mirada. Una mirada que lo daba todo, o en otro momento me lo quitó. Un día de reproche, otro, de alegría. Y tras aquellos ojos, tiempo.
Un libro, una canción, un poema, un lugar, un olor.
A veces, creo ver en la calle a alguien con el que hace tiempo que no coincidió. Y de repente, en tropel, vienen esos recuerdos de una dicha perdida. Y ¿por qué perdida?
El paso del tiempo afecta al recuerdo. Cambia nuestra percepción de aquella realidad vivida. En ocasiones, nada fue como recordamos. Ni aquella frase fue tan dura, ni aquel tacto de piel era tan suave y aterciopelado. Ni sus ojos eran tan bonitos, ni aquel día era tan soleado. ¿Qué ocurrió?
Mejor un buen recuerdo que una mala experiencia.
En el garaje, entre cajas aún por abrir, hay un proyector de diapositivas. Puede que incluso, no sepas de qué te hablo.
El sonido del ventilador para evitar que la lámpara se fundiera, el sonido del carro avanzando a una nueva imagen.
En el colegio, nos proyectaban filminas.
Cuando crecimos, era el único método para guardar recuerdos y, también, para agotar a amigos y familiares con lugares lejanos a los que nunca volveríamos.
Recuerdo cuando escribía sobre Juan y María. Ella lo encontró con los ojos enrojecidos, sentado en el suelo del salón, rodeado de discos de música. O aquel día en que mirando al horizonte, les pudo la emoción y lloraron desconsoladamente sin saber muy bien cuál era el motivo.
En una caja pone, "Turquía (IV)", en otra "París". En la más grande, aparece un intervalo de fechas que tiene secuencia en otras cajas más pequeñas.
En un cuadrado de 5x5 cabe todo.
Una fiesta, un viaje, un día de playa o una cara llena de lágrimas al caer de un columpio.
Una sábana estirada en una pared, o unas cortinas, o la pared desnuda, pueden convertirse en el escenario de toda una vida.
Cuanto más atrás se coloque el foco de luz, más grande será la imagen. Mayor el asombro, el susto o la sorpresa. ¡Qué jóvenes éramos!, dirá alguien.
¿Pero eso no fue en el 75?
Eso es Mallorca. No, no, es Malta.
Seguro que se produce algún silencio. Intentando olvidar, o queriendo grabar el recuerdo provocado. La oscuridad que permite ver la imagen con mayor nitidez, también ayuda a ocultar esa lágrima o ese temblor de la emoción.
Sinapsis. Conexión entre células nerviosas.
El alma, dicen que pesa 21 gramos.
El recuerdo, la nostalgia y la melancolía, ocupan un cuadrado de 5x5 centímetros.
Carbono, hidrógeno, oxígeno y nitrógeno. Eso somos en un 99%.
Me puede el recuerdo, la nostalgia y la melancolía. Amanece. Ánimo y suerte.

martes, 26 de diciembre de 2023

Criador de mariposas



Aquí, se mantiene el nivel de espumillón. Festivo. San Esteban.
Cinco días para acabar el año; habrá que ir preparando los buenos propósitos.
Sin agobios, sin excederse.
Mantenerse con vida, este es importante.
Hacer que la columna de libros por leer se equilibre. Los que entran, por los que salen.
Elevar el nivel de paciencia. O si eso no es posible, al menos, que no baje.
Retomar el ejercicio físico, algo.
Gestionar mejor la melancolía.
Escribir más cartas que nunca enviaré.
Preparar el nuevo libro.
Darle importancia solo a lo importante.
El viento ha vuelto. Me imagino que fuera hace mucho frío, aunque no sea así.
Oigo pájaros y pienso si tal vez sería buena idea el convertirme en criador de mariposas. Criar Monarcas y soltarlas por el jardín hasta que sean nube que revolotea. Huevo, oruga, crisálida y mariposa.
Hay una leyenda que dice que para convertir los deseos en realidad solo tenías que susurrar a una mariposa tu petición y darle su libertad. ¿Te imaginas?
Regalar mariposas para que la gente pueda cumplir sus deseos.
Me quedo mirando cómo se mueven las hojas de las palmeras, de esa forma en que la visión se vuelve borrosa y realmente no miras a ninguna parte.
Lo intento hacer a posta. Fijo la vista en el nido de procesionarias que, ahora, reseco y lleno de cadáveres se mueve como si fuera un adorno navideño.
Isi ha bajado las escaleras al galope y gime para que alguien le haga caso y le abra la puerta al jardín.
Perseguirá pájaros, ramas, piñas o cualquier cosa que se mueva entre las plantas.
En un rato, subirá las escaleras de la entrada, se sentará y adoptará la posición de vigilancia activa. Todo revisado, todo bajo control, hasta que una paloma, o un pájaro cualquiera, tiente a su suerte sobrevolando ese espacio aéreo protegido o se pose dentro del alcance de visión.
Escribo unas frases. Miro por la ventana, me quedo colgado de las ramas de los árboles. El movimiento de las palmeras. Un coche que gira y toma la avenida. Un correo que entra. El montón de libros, documentos, carpetas, anotaciones. Llevo más de una hora en esta cámara lenta.
Un café, algo de comer, otro café y paso por delante de esa bandeja de turrón que, tapada cuidadosamente con aluminio, espera a la comida para volver a saltar al escenario de la mesa.
Qué rápido se ha ido este año.
Por la puerta van asomando rostros cariñosos con cara de sueño. Olerá a pan tostado y habrá murmullos, risas y alguien, con un plan, lo gritará por el hueco de la escalera.
Huevos fritos con trufa, tal vez un salteado de setas y unos filetes de callos derritiéndose en el fondo del plato.
Los buenos propósitos. Parece el título de un libro, ¿verdad?
Mariposas que convierten deseos en realidad. Me gusta.
Ánimo y suerte.

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sábado, 23 de diciembre de 2023

Navidad

 


Isi lleva toda la semana patrullando arriba y abajo por el jardín.
Al amanecer, pide salir.
Lo hace con ansiedad, pero en cuanto la puerta está abierta, convierte su movimiento nervioso en pasos muy cortos, temblorosos, a cámara lenta.
SinCola y 3patas, han desaparecido. Saben quien es "la Jefa", aunque seguro que la están observando desde algún agujero del seto y se ríen mientras la ven correr tras los pájaros y las palomas.
Este año, la Navidad será aquí, junto al mar.
El viento, hoy, nos está dando un respiro y luce el sol.
Me quedan algunos documentos que leer, algún correo que escribir y recordatorios, muchos recordatorios.
Ayer, todo se llenó de adornos.
Empecé a cocinar. Droga dura.
Crema de calabaza con Ras el Hanout. Tomates confitados. Cebolletas glaseadas.
Hoy, a primera hora, alcachofas al limón, la "chocolatísima" y flanes de queso.
Queda mucho que hacer.
Los cardos con bacalao, la tortilla en trampa, el picoteo y la comida de Navidad, con la carne al horno, la crema de galeras y cositas veganas, que no falten.
Los que ya no están, seguro que estarán.
Espero y deseo que, aunque no haya tocado la lotería, disfrutéis de estos días en compañía de los vuestros o al menos, con un cierto punto adicional de felicidad o de satisfacción.
Recordar a aquellos que lo pasan mal, los que están entre escombros, bajo las bombas.
Los que por su color, por sus creencias o por sus sentimientos se sienten maltratados.
Los que se ven obligados a pedir, los que por enfermedad o, simplemente, por esa mala suerte que puede golpearnos a todos, estos días, no se sienten bien.
Una llamada, una sonrisa, una palabra de ánimo. Un, "estoy aquí" o un "yo, contigo", un abrazo, pueden hacer que todo cambie.
Recuérdalo, todos los días. En enero, en febrero o en agosto.
En un rato, con la excusa de ir a comprar pilas para la megaestrella de la ventana de la cocina, me iré dando un paseo hasta el mar.
Soltaré alguna lágrima, seguro, por los abrazos que ya no podré dar.
Feliz Navidad.
Animo y suerte.

jueves, 21 de diciembre de 2023

21 Tó Tol Rato

 


El otro día, me corregías.
- Papá, son 21.
Siempre te quito años.
La peque, la princesita.
Hoy, una vuelta más al sol.
Si, son 21. Y sigo preocupándome de ti cuando te oigo toser, o sigo pensando en que cuando vas descalza te vas a resfriar; por mucho que me repitas:
- ¡Los virus no entran por los pies!
𝗢𝗷𝗮𝗹𝗮 𝘃𝗶𝘃𝗮𝘀 𝘁𝗼𝗱𝗼𝘀 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗶́𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝘂 𝘃𝗶𝗱𝗮.
Esto lo dijo, allá por el siglo XVIII, Jonathan Swift, el mismo que escribió Los viajes de Gulliver.
Aprovecha cada minuto. Lo que dejes atrás, no vuelve. Y el camino por delante no es ilimitado.
Heráclito, un tipo mucho más antiguo que Swift, dijo:
𝗡𝗼 𝗲𝘀 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲 𝗯𝗮𝗻̃𝗮𝗿𝘀𝗲 𝗱𝗼𝘀 𝘃𝗲𝗰𝗲𝘀 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗺𝗶𝘀𝗺𝗼 𝗿𝗶́𝗼, 𝗽𝗼𝗿𝗾𝘂𝗲 𝗻𝘂𝗲𝘃𝗮𝘀 𝗮𝗴𝘂𝗮𝘀 𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗻 𝘀𝗶𝗲𝗺𝗽𝗿𝗲 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘁𝗶.
Con cada año vivido, has ido cambiando, igual que las aguas de ese río.
Pero Pero, ¿sabes lo que nunca cambiará?
Cuanto te quiero.
Y que sepas... ¡que yo, más!.
Feliz día, princesita.
TQM - TTR (Tó Tol Rato)

jueves, 14 de diciembre de 2023

Las imágenes anestesian



Qué lastima no ser más mayor.
Podría explicarte, como me siento.
Podría hablarte de mis oídos. De que una mosca muy grande se ha metido dentro.
Podría hablarte de mis ojos. Me molestan. Puede ser por el humo o por el polvo que está en todos sitios.
Qué lástima no ser más mayor.
Si fuera más mayor, entendería el motivo de que haya cuerpos, sin piernas y piernas sin cuerpos, a mi alrededor.
Podría calmar el llanto de esta niña que me abraza y tal vez, podría hacer que cesara mi propio llanto.
Si fuera más mayor y, el llanto, el polvo, esta maldita mosca, las piernas y los cuerpos esparcidos me dejaran, podría preguntarte el porqué de todo esto.
Que lástima no ser más mayor, para que el tiempo hubiera pasado.
Si fuera más mayor, tendría un trabajo, quizás una familia, tal vez viviera en otro lugar, donde ni el polvo, ni el llanto ni esta mosca me hicieran sentir mal.
Que lastima no ser más mayor. Muy mayor, mucho. Para que no me importara desear la muerte, porque ya lo he vivido todo.
Pero soy un niño que, no entiende de fronteras, ni de bombas, ni de odios.
Soy un niño, con el pelo, la cara y la manos, llenos de sangre, polvo y lágrimas. Y una mosca gigante dentro de mi cabeza.
Soy un niño que no sabe explicar como se siente, cuando caen las bombas, cuando la sangre me salpica, cuando las lágrimas son mi única arma.
Cierro los ojos y mi cabeza se llena de imágenes confusas. Mi familia, mis hermanos. La calle donde corríamos y jugábamos hace unas semanas.
Lastima no ser más mayor, para entender que ahora, la mosca ha cesado el ruido en mi oído. Ya no siento nada, solo silencio.
¿Puedes tu explicarlo?
𝐏𝐝𝐭𝐚.: 𝐍𝐨 𝐡𝐚𝐲 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐞𝐧.
𝐓𝐚𝐥 𝐯𝐞𝐳 𝐞𝐧𝐭𝐢𝐞𝐧𝐝𝐚𝐬 𝐪𝐮𝐞 "𝐋𝐚𝐬 𝐢𝐦𝐚́𝐠𝐞𝐧𝐞𝐬 𝐚𝐧𝐞𝐬𝐭𝐞𝐬𝐢𝐚𝐧", 𝐩𝐞𝐫𝐨 𝐭𝐚𝐦𝐛𝐢𝐞́𝐧 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐬𝐞𝐫 𝐪𝐮𝐞, 𝐯𝐢𝐞𝐧𝐝𝐨 𝐞𝐬𝐚 𝐢𝐦𝐚𝐠𝐞𝐧, 𝐞𝐱𝐢𝐣𝐚𝐬 𝐮𝐧𝐚 𝐞𝐱𝐩𝐥𝐢𝐜𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧.