El Ginkgo biloba de Hiroshima, que rebrotó tras la bomba atómica, o el peral Callery recuperado tras los atentados del World Trade Center el 11-S, son supervivientes. Son rebeldes a desaparecer cuando todo a su alrededor se desmorona.
Esta semana, tras muchos días de mal tiempo y viento huracanado, el almendro del jardín decidió florecer. Es la época, sí. Pero no sé por qué, cada mañana, cuando salgo, me da tranquilidad verlo ahí con sus flores. Día a día hay más.
He leído que las plantas se comunican a través de señales químicas, eléctricas y de sonidos de alta frecuencia imperceptibles para el oído humano.
Ayer, al salir, pensaba en eso: establecer una conversación con el almendro, con el pruno, el limonero o ese Ginkgo que no acaba de arrancar.
Tal vez ellos, entre sí, se cuentan cosas:
—Oye, que hay un cobertizo nuevo en el jardín.
—¿Sabes que la higuera está pensando ya en brotar?
—¿Has visto? Estas últimas lluvias han sido excesivas, pero en el fondo nos han venido bien.
El limonero, algo más alejado, dice:
—A ver si se mueven un poco, que tengo limones para aburrir y las ramas se me cansan.
Los pinos, bastante más altos, miran por encima de las ramas a todos los demás árboles y, aunque no lo dicen, por pura altanería, les encantaría participar de esos chismes del resto.
—Ya queda menos para que lleguen las libélulas —comenta el romero.
—Sí —le contesta el laurel—. ¿Recordáis cómo buscaban los lugares más altos y se detenían mirando en la misma dirección?
No los veo hablando de la nueva escalada en discusiones de armamento nuclear, ni poniendo interés a las tonterías del representante de la patronal (se merece una huelga general).
Donald (el pato no, el otro), la Megaprincesa, los "pocholos", Santiago y cierra España, ¿sabrán algo de Gaza? ¿Y si se lo cuento?
Lo de Ucrania. La violencia machista, los cinco chavales muertos en un incendio y lo de Jota (el DAO) no creo que llenen sus desayunos ni sus sobremesas.
El tiempo ha mejorado algo, aunque vuelve a haber avisos por vientos de más de 100 km/h.
El limonero me mira con cara de resignación y el almendro, sigue floreciendo.
Creo que me pondré un sillón más cerca de ellos y leeré las noticias, en voz alta, a su lado.
Demasiados temas por los que estar preocupados. Un exceso de estrés informativo.
Y los alquileres, más altos que las hipotecas.
Y, mátame camión. RentaHuman, una empresa que conecta agentes de inteligencia artificial con personas reales dispuestas a completar tareas en el mundo físico que las IA no pueden realizar por sí mismas. A día de hoy, 529.000 humanos disponibles.
Miro hacia el jardín.
Con vosotros no podrán, pienso.
Animo y suerte.










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