domingo, 14 de octubre de 2018

Vida suficiente, tiempo suficiente


Domingo.

Eran las ocho.
Solo se oía el ruido de la secadora en la cocina y el bisbiseo de la fuente de alimentación del ordenador.
Julieta seguía gritando a la tortuga y dándose cuenta de que le faltaba tiempo.
Cerrar los ojos y escuchar, escuchar el silencio.
Julieta repetía machaconamente; "si pudiera yo tenerte aquí hablándome de nada"; una y otra vez, ¿que te falta?.
La alarma de la secadora, ha terminado... a lo lejos, Julieta parece darse cuenta "Si pudiera recuperar lo que no me tocó, porque ya no hay. Porque llegué muy tarde".
Alguna ropa doblada, otra por planchar... el casi silencio de nuevo y ella con su desgarrada voz, al fin... lo sabe; "Tiempo suficiente, me falla cada vez. Vida suficiente, me falla otra vez"
En la cocina hay humedad, es un calor húmedo; como el de tu boca.
Y supe que era mía, para mí para siempre; por la eternidad duradera

Un alma, un corazón.. un musculo aterciopelado. Llena de sentimientos. Tratando de encontrar su don, la razón de su existencia.
Tal vez no la encuentre en esta vida... quizás hay otra...
Dame tu secreto. ¿Otra vida?... Lo imaginas?...
Poder tener varias vidas, puestos ya... ¿porque solo dos?... Mejor tres, cuatro... o media docena.
Poder vivirlas una tras otra, o en paralelo... saltando entre ellas cuando nos apetezca.
Si en la vida numero uno... lloramos... saltamos a la dos... y reímos.
Levantarse en la vida tres sabiendo tocar la guitarra; aprendida a rasgar en la vida cinco... sin esfuerzo... O componer una serenata.
Un día con 144 horas... seguidas, juntas, intercaladas....
Poder leer a Paulo durante días, semanas... sin hacer otra cosa...
Pobre Julieta... si ella pudiera hacerlo...
Animo y suerte.
Pdta.: Compraré un azabache. Dicen que va bien para el mal de ojo.

sábado, 19 de mayo de 2018

Prisioner@s


Sábado.
Llevo ya días, con una idea en la cabeza.
Todo comenzó observando unas flores, al otro lado de una alambrada.
Parece que alguien decidió, encerrarlas.
Cumplen condena en esa cárcel, por un delito, tal vez relacionado con la primavera. Seguro que es un error, judicial.
Son, prisioneras.
Alguien, puede ser fiel a sus ideas. Pero a la vez, ser prisionero de ellas.
James Rhodes, uno de sus libros, lo llama "Fugas".
Fugarse, huir, escapar.
Tus pies, dentro de los zapatos.
Andas, sales, entras, vas a trabajar.
Cuando llegas a casa, los liberas. Estaban prisioneros.
Somos prisioneros, de lo habitual. 
Un tipo de comida, una moda, una afición.
Nos gusta, nos hace sentir bien. Hasta que el concepto de "prisionero", aparece.
Lo habitual, el hábito, dicen que crea la costumbre.
Es lo que nos caracteriza
La costumbre, en las leyes, crea derecho.
Curioso. Sentirse prisionero, de nuestros derechos.
Manías, rituales, obsesiones. En definitiva, miedos.
¿Necesitamos derechos, para no sentir miedo?
Y vuelvo a aquellas flores.
La alambrada. ¿En que lado de la alambrada, no seremos prisioneros?
Animo y suerte.