jueves, 11 de agosto de 2022

George, Jorge, Jordi



El gallo George, Jorge, o Jordi para los amigos; se desgañita desde hace horas.
Doy fe, de que canta a cualquier hora.
Tal vez, en algún momento de su vida escuchó aquello de "quien canta, sus males espanta" y desde entonces, no para.
El sol, comienza a asomar como una pequeña bombilla incandescente por encima de los tejados.
El mar, a mi derecha, tiene ese tono verde grisáceo que poco a poco, durante la mañana, irá cambiando.
Leo las noticias. Son de verano. O sea, de casi compromiso. De "espera a ver si llega septiembre".
Más que pararse todo, da la sensación de que los responsables se han escapado.
Comprar un equipo de aire acondicionado, misión imposible hasta el fin del verano.
Cambiar tu cuenta bancaria de oficina. "El que lo hace vuelve el día 16, pero dele usted vidilla que tiene la agenda llena".
Y George, Jorge, Jordi, duro y dale.
Los chicos de la diestra haciendo el ridículo, más de lo habitual. Su público se
parte las manos aplaudiendo.
Los de la siniestra parece que se esfuerzan, pero como las noticias. Esperando que llegue septiembre o que vuelva el responsable.
La gente, mucha gente, sigue viviendo en Twitter. No controla, no valida, da igual. Bulos que a golpe de Tuit, se convierten en realidades en la cabeza de algunos. Y cuando son miles, verdad indiscutible.
Y esta noche Perseidas. El mejor momento para verlas. Recomiendo una copita de vino, tumbarte en el suelo de la terraza, o en el patio de tu casa, o en la calle y hacer abdominales como loco, hasta acabarte la botella.
China dice que quiere Taiwán. La guerra en Ucrania, sigue. Los Talibanes, más de lo de siempre.
La ola de calor en crecimiento hasta la semana que viene.
Ultima hora. La luna llena complicará la visión de las Perseidas, pero no impedirá que te bebas la botella entera.
Me esperan 10 km. Sudar, sudar y sudar. Tal vez haga algo más.
Sigue habiendo cajas.
Igual debería esperar a septiembre.
Animo y suerte.

martes, 9 de agosto de 2022

What else?



Olivia, murió. Sandy. No me llamó demasiado "la película", ni cuando se estrenó, ni posteriormente.
Recuerdo ahora, más, Saturday Night Fever. Tal vez yo, era más de pantalón de campana y zapato de plataforma, que de gomina.
La mujer que pedía para comer y ganó un millón en la Bonoloto: “No conocía las lágrimas por estar contenta”.
Un buen argumento para un libro. Lágrimas de alegría. O para una serie. Hacer seguimiento de como su vida cambia a partir de ahora. O tal vez no haya tal cambio, o será insustancial para el posible público. Ella solo llora de alegría. Un gran cambio, sin importancia.
Mientras, comienza el espectáculo. De una total oscuridad, a un despliegue de colores anaranjados, grises azulados.
Y el gallo loco, Jordi (lo he bautizado así), sigue cantando. También debe ser de alegría.
Polémica por la decisión de Felipe VI de no levantarse ante la espada de Bolívar.
El primer mandatario de izquierda, da su primera orden. Colombia, inicia un nuevo camino, llena de símbolos. Amén.
Las Olimpiadas del 92. Me vuelven imágenes. Aquella de los Reyes presidiendo la ceremonia, tomada desde el otro lado del estadio. O la del arquero, Antonio Rebollo, al disparar la flecha, que hubo que retocar porque las zapatillas eran tan blancas como el pantalón y la plataforma, y formaban un todo.
El truco del lanzamiento y quien tiene la flecha.
Y mientras Cobi lucía su palmito, en Sevilla era Curro el que llevaba un arcoíris en el penacho y en la nariz.
Vaya año, aquel 92.
El Alcalde de Vigo, instalando el alumbrado de Navidad en agosto. Y el plan de ahorro energético al Constitucional. La Megaprincesa, ¿Quién si no? (Me ha sonado como el "what else" de Cloony). Bueno, tal como está el tema, también podía haber sido Feijóo, si. País, país.
Y lo que peor llevo estos días es lo de tener que hacer el hielo para el gin-tonic.
Que si, que me he vuelto a levantar superficial. Casi, plano.
¿Y qué, si no?
Animo y suerte.

sábado, 6 de agosto de 2022

Hawaii - Miami - Hawaii



Si, lo confieso. He leído las noticias.
Una, me llama especialmente la atención.
“𝐍𝐞𝐜𝐞𝐬𝐢𝐭𝐚𝐦𝐨𝐬 𝐞𝐧𝐟𝐫𝐢𝐚𝐫 𝐞𝐥 𝐜𝐞𝐫𝐞𝐛𝐫𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐝𝐨𝐫𝐦𝐢𝐫”
Haya paz. Solo era eso. He empezado a leer el artículo y de pronto me ha dado un ataque de superficialidad. O sea, me la sopla.
Otra.
𝐀𝐧𝐧𝐚 𝐅𝐫𝐞𝐢𝐱𝐚𝐬: “𝐈𝐧𝐯𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐩𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬, 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐑𝐨𝐬𝐚𝐥𝐢́𝐚”
Que bonito ¿no?. Inventar palabras, así, del tirón.
Chucky, A palé, benjis, dembow, expensiva, haraca, etc...
¿Para cuando el sillón V de la Real Academia para Rosalía?
No hay manera. La superficialidad, hoy, me aplasta.
No he salido a practicar mi trote cochinero. Agotamiento.
Ayer, que si lo hice, me fijé en aquellos que salen a pasear, trotar o mover los "pieses" en pareja.
Uno de ellos, va unos pasos más atrás. Es el que habla. El que cuenta algo para llenar, tal vez, ese incomodo cúmulo de resoplidos y respiraciones sudorosas.
El otro, un poco más adelante, con cara de circunstancias mira al frente, abajo o a un lado pero dando la sensación de "a este/esta. no lo/la conozco de nada". Casi que parece que acelera el paso para alejarse.
Si en la pareja hablan los dos el paso es más corto. Incluso puede haber paradas con gestos de asombro o de complicidad.
-¿𝐏𝐞𝐫𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐝𝐢𝐜𝐞𝐬? ¿𝐘 𝐞𝐬𝐨? ¿𝐂𝐮𝐚́𝐧𝐝𝐨 𝐟𝐮𝐞?
- 𝐋𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐢, 𝐥𝐨 𝐝𝐢𝐣𝐨 𝐥𝐚 𝐌𝐚𝐫𝐢. 𝐀𝐥𝐥𝐢́, 𝐝𝐞𝐛𝐚𝐣𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐬𝐨𝐦𝐛𝐫𝐢𝐥𝐥𝐚 𝐜𝐨𝐦𝐨 𝐬𝐢 𝐟𝐮𝐞𝐫𝐚 𝐥𝐚 𝐫𝐞𝐢𝐧𝐚 𝐝𝐞𝐥 𝐌𝐨𝐭𝐨𝐦𝐚𝐦𝐢.
A estos, lo del trote cochinero les importa un carajo. Han salido porque necesitan no estar en casa y cantar a los cuatro vientos lo que dice la Mari.
Hay otro grupo, los atléticos. Equipados, conjuntados y embutidos con licras y colores que más que trote cochinero diríase pasarela Cibeles resoplante. No son capaces de articular frases, solo palabras inconexas y respuestas con monosílabos. La licra, no les deja respirar.
Y cambiando de tema. Otro artículo que me ha dejado ojiplático.
𝐒𝐞𝐢𝐬 𝐜𝐚𝐦𝐢𝐬𝐚𝐬 𝐡𝐚𝐰𝐚𝐢𝐚𝐧𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐥𝐨𝐬 𝐚𝐦𝐚𝐧𝐭𝐞𝐬 𝐝𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐞𝐬𝐭𝐚𝐦𝐩𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐯𝐞𝐫𝐚𝐧𝐢𝐞𝐠𝐨𝐬.
Pues mira, me interesa.
Hay una, la Flamingo Melon. Llena, como su nombre indica, de Flamencos, trozos de sandía, piñas y hojas de helechos. Está en 12 colores.
Otra, con loros y palmeras. Los flamencos se repiten en muchos de los modelos. Motivos tribales, colores vintage. Un despliegue de hojas y flores inmensas que me ha transportado a playas paradisiacas y cocos llenos de refrescantes bebidas.
𝐇𝐚𝐰𝐚𝐢𝐢-𝐁𝐨𝐦𝐛𝐚𝐲
𝐒𝐨𝐧 𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐚𝐢𝐬𝐨𝐬
𝐐𝐮𝐞 𝐚 𝐯𝐞𝐜𝐞𝐬 𝐲𝐨
𝐌𝐞 𝐦𝐨𝐧𝐭𝐨 𝐞𝐧 𝐦𝐢 𝐩𝐢𝐬𝐨
𝐇𝐚𝐰𝐚𝐢𝐢-𝐁𝐨𝐦𝐛𝐚𝐲
𝐒𝐨𝐧 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐧𝐨 𝐡𝐚𝐲
Bajo el toldo o en tres minutos me estaré gratinando.
Va a ser que si. Que necesito enfriar el cerebro para dormir.
Animo y suerte.
Pdta.: La de las piñas con gafas, me puede.
Pdta.: Sole, ya me contaras cual es la última moda ahí. 😉

viernes, 5 de agosto de 2022

Mirlo, te echo de menos



Mientras el gallo sigue con su canto a cualquier hora de la madrugada, un grupo de jóvenes pretenden callarlo con cantos de alcohol, arena y vacaciones.
Un felino, se une al coro, con maullido que tiene más de ronroneo; como si buscara hacer un solo, entre tanto cantante.
Las primeras furgonetas de reparto y algún vecino madrugador, iluminan la calle y también se unen a perros que ladran, generando este improvisado grupo de músicos de Bremen, cerca del amanecer.
Preparo el primer café. El cielo se sonroja, y el cinturón de Venus se muestra como preludio del crepúsculo. Las nubes, y el mar, juegan a crear tonalidades, brillos. Una competición de color.
El número de cajas pendientes se ha reducido mucho. En el estudio, sigue habiendo decenas de libros de cocina por ordenar y más cajas.
Alguna vajilla y copas de todo tipo, deberán esperar a poder ocupar su lugar.
Faltan las lámparas, revisión del aire acondicionado, la fila de percheros con la repisa encima, para colocar cuadros y fotos. Pequeños detalles para que el espacio se normalice.
El reloj lo colgaré hoy.
Y después, el estudio. Bufff. No queda nada.
Madrid, 25º. Mira, 17º y nublado, aquí 24º. Costa Nova, 17º. El desierto, 30º.
Llamadas pendientes.
Ahora, los azules lo llenan todo. Y ese gallo, no calla.
Mirlo, te echo de menos. Sigo sin tener claro lo de la plusvalía.
Animo y suerte.

jueves, 4 de agosto de 2022

Satisfacción es el plan



El sol ha salido por la izquierda. Ya está por encima de los tejados. Tengo que retomar el saludarlo antes de que esté tan alto. En nada, se esconderá tras las nubes en su ascenso.
Ahora el mar, algo más oscuro que el cielo, delimita la línea del horizonte.
Alguien en la zona de casas bajas tiene un gallo, o varios.
Tenía intención de leer las noticias, pero me llama más acercarme a la orilla y caminar por el paseo hasta el pueblo de al lado.
Tengo que centrarme (o no). No estoy de vacaciones en este lugar, por mucho que esté rodeado de gente con gafas de sol, bañadores, pareos y olor a crema solar.
Vivo aquí, o al menos, durante un tiempo no determinado viviré aquí.
Tengo que ir al Ayuntamiento para enterarme de todos los trámites a realizar.
También quiero revisar eso de la plusvalía, cambió en enero.
Faltan, por lo menos, unas 40 cajas por abrir y ordenar. Seguramente habrá que hacer una nueva purga.
Ayer llegaron dos taburetes. El viernes, llegaran otros dos. Hay que pedir la mesa y un armario.
Poco a poco, cada cosa ocupa su lugar. Poco a poco, el lugar ocupa su espacio, delimita la acción.
Sigo trabajando en la distancia. Debo comentarios, estudiar alguna propuesta y dos o tres llamadas de futuro. Una boda en Pamplona (¿Cuánto hace que no voy "de boda"?).
Si, Barcelona también me espera.
Casi a finales de mes vuelvo al desierto. En paralelo arranca otro proyecto.
Fin de semana, cocinar, caminar. Compraré algún vino.
Nada de sueños. Planes.
Planes que habrá que seguir, mientras la vida no decida cambiarlos.
¿Y si los cambia? Volveremos a hacer caso a Bauman:
𝑵𝒐 𝒉𝒂𝒚 𝒐𝒕𝒓𝒂 𝒂𝒍𝒕𝒆𝒓𝒏𝒂𝒕𝒊𝒗𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓𝒍𝒐, 𝒆 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓𝒍𝒐 𝒚 𝒗𝒐𝒍𝒗𝒆𝒓 𝒂 𝒊𝒏𝒕𝒆𝒏𝒕𝒂𝒓
Veré amanecer, de nuevo, con esa mirada de quien no persigue nada especial. Solo disfrutando de la capacidad de esperar, con una satisfacción latente.
Seguimos.
Animo y suerte.

martes, 2 de agosto de 2022

Cartas que nunca enviaré (XXXI)



Llevo ya algunos días pensando en esta carta.
Te la debo. Es mi obligación.
Has sido testigo mudo de todo tipo de situaciones, alegres, tristes; refugio del miedo, de la ansiedad, de la depresión. Lugar seguro de descanso y de protección. De regreso y de huida.
Un portazo, un grito, o cien. Siempre fuiste capaz de llevarnos a la casilla de salida. Fuiste cárcel, paraíso, puente y escala.
El suelo cálido de madera, las paredes con fotos, libros y grandes murales.
Sueños y planes que cambiaron los colores, que hicieron del horizonte una meta.
Noches de insomnio, de desesperación, de espera. Noches de café y estrellas. Amaneceres luminosos, apacibles y reconfortantes.
En cada estancia, una vida. En el pasillo, el cruce, el roce, la mirada.
Lugar de encuentro, de crecimiento, de duda. Vida.
Olores a bizcocho, a galletas, a pan recién hecho, a comida rica.
Colonias frescas y perfumes penetrantes. Abrir armarios, cajones y heridas. Cerrar ciclos, empezar el vuelo, volar alto, muy alto.
Sonrisas, risas, abrazos apretados, buscando fusión de carne y sentimiento.
Hace solo unos días, pasé por ultima vez mis dedos por tu piel. Una cascara vacía, hecha de sangre, hormigón y almas.
Era una tarea difícil, encontrar mejores palabras que las que Blanki escribió.
𝘘𝘶𝘦𝘳𝘪𝘥𝘢 𝘤𝘢𝘴𝘢 𝘵𝘦 𝘦𝘴𝘤𝘳𝘪𝘣𝘰 𝘱𝘰𝘳𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘨𝘶𝘴𝘵𝘢𝘴 𝘮𝘶𝘤𝘩𝘰.
𝘓𝘢 𝘩𝘢𝘣𝘪𝘵𝘢𝘤𝘪𝘰́𝘯, 𝘭𝘢 𝘤𝘰𝘤𝘪𝘯𝘢, 𝘦𝘭 𝘴𝘢𝘭𝘰́𝘯, 𝘦𝘵𝘤. 𝘠 𝘮𝘦 𝘱𝘳𝘦𝘨𝘶𝘯𝘵𝘢𝘣𝘢 𝘴𝘪 𝘦𝘳𝘦𝘴 𝘶𝘯𝘢 𝘱𝘦𝘳𝘴𝘰𝘯𝘢. 𝘠 𝘴𝘪 𝘮𝘦 𝘥𝘪𝘫𝘦𝘳𝘢𝘯 𝘲𝘶𝘦 𝘮𝘦 𝘤𝘢𝘮𝘣𝘪𝘰 𝘥𝘦 𝘤𝘢𝘴𝘢 𝘮𝘦 ........ 𝘱𝘰𝘯𝘥𝘳𝘪́𝘢 𝘢 𝘭𝘭𝘰𝘳𝘢𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘭𝘢𝘴 𝘯𝘶𝘣𝘦𝘴.
Querida casa:
Con esta carta, quiero agradecer tu ayuda, tu apoyo, tu protección, tu alma.
Se que a tus nuevos dueños, los cuidaras y protegerás tanto o más que a nosotros y que si un día te dejan, lloraran igual que las nubes.
Siempre serás mi casa. Nuestra casa. Gracias.

lunes, 25 de julio de 2022

Café con Bukowski



Mis gemelos, hoy, han dicho que es festivo y que va a ser que no.
Algo de bruma en el horizonte. Café.
Ya va quedando menos. La ropa de verano, la cocina, y pequeñas cosas que esperan su espacio en una caja. Le toca el turno a las cazuelas, sartenes y vajilla.
Se generan islas de bolsas por toda la casa. Bolsas grises, con pequeños atolones. Las verdes, grandes, muy grandes, parecen Canarias; desperdigadas, pero cercanas.
Allá Creta, Malta, Chipre. Madagascar, cerca de las herramientas y las cajas con tornillos y patas de vaya usted a saber que mueble.
La isla Gafa, contiene monturas de colores y cristales de graduación ascendente. Otra, un poco más allá, en medio del océano, espera su turno para ser bautizada.
En la terraza, los ficus, el olivo, los aguacates y el resto de árboles y plantas se alinean contra la pared, soñando con playas y mares que no llegarán a conocer.
Reviso las noticias y parece que el tiempo se ha detenido. Los incendios van amainando por aquí y creciendo por allá, y Villarejo sigue ahí, las guerras también. La de Rusia, la del cambio climático, la de la igualdad, la del petróleo, la del `solo si es si´.
Acaba el Tour y la natalidad desciende.
Hoy, debería llover. Mucho. Para que refresque el ambiente, la guerra, los incendios y tal vez así, la riada, se lleve tanta estupidez mental.
Que sí, que sí, que me alegro mucho de que estés disfrutando de tus vacaciones (anda que vaya fiebre de chiringuitos, cuerpos al sol y mares, montañas y tumbonas, tenéis), si por mi fuera, os regalaba a todos otro mes más.
Esta claro, hoy me falta un poco de Bukowski:
𝐄𝐬 𝐢𝐧𝐜𝐫𝐞𝐢́𝐛𝐥𝐞 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐮𝐧 𝐡𝐨𝐦𝐛𝐫𝐞 𝐭𝐢𝐞𝐧𝐞 𝐪𝐮𝐞 𝐥𝐥𝐞𝐠𝐚𝐫 𝐚 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐬𝐨́𝐥𝐨 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐫 𝐜𝐨𝐦𝐞𝐫, 𝐝𝐨𝐫𝐦𝐢𝐫 𝐲 𝐯𝐞𝐬𝐭𝐢𝐫𝐬𝐞
Puedes utilizar la frase como autoayuda, para tu crecimiento personal y eso... o directamente hacerte otro café y mirar al horizonte, intentando llegar al encefalograma plano.
Mira, ahora, me fumaría un pitillo.
Cuidaros.
Animo y suerte.

sábado, 23 de julio de 2022

12 km para comerse unos a otros



Tal vez no sea la mejor forma de empezar el día, pero a mi me vale.
Ver amanecer es un espectáculo, único e irrepetible.
Una caminata de terraza, de esas que dentro de unas semanas ya no podré dar (será por el paseo marítimo, que tampoco está mal). Isi a mi lado, yo voy, ella viene. Yo vuelvo, ella detrás.
Primero era solo un resplandor, y a los pocos minutos la bola roja en el tapete azul, hacía su aparición.
Un café, en movimiento. Arriba, abajo. Tengo que entrenar más, bajar los tiempos y llegar a los de hace unos meses. Sin prisa, pero sin pausa.
Isi, desde el baúl otea el horizonte. En mi oído, Calamaro y Tangana, me cuentan su juerga en Hong-Kong.

𝖳𝖾𝗇𝗀𝗈 𝗎𝗇𝖺 𝖿𝗅𝗈𝗋 𝖾𝗇 𝖾𝗅 𝖼𝗎𝗅𝗈
𝖸 𝗎𝗇 𝖼𝖺𝗆𝖾𝗅𝗅𝗈 𝖾𝗇 𝖧𝗈𝗇𝗀 𝖪𝗈𝗇𝗀
𝖳𝖾𝗇𝗀𝗈 𝗎𝗇 𝖼𝗈𝗁𝖾𝗍𝖾 𝖾𝗇 𝖾𝗅 𝗉𝖺𝗇𝗍𝖺𝗅𝗈́𝗇
𝖳𝖾𝗇𝗀𝗈 𝗎𝗇𝖺 𝖿𝗅𝗈𝗋 𝖾𝗇 𝖾𝗅 𝖼𝗎𝗅𝗈
𝖸 𝗎𝗇𝖺 𝗀𝖾𝗂𝗌𝗁𝖺 𝖾𝗇 𝖩𝖺𝗉𝗈́𝗇

Y claro, la juerga fue por desamor.

𝖳𝗎𝗌 𝖻𝖺𝗇𝖽𝖾𝗋𝗂𝗅𝗅𝖺𝗌 𝖾𝗇 𝖾𝗅 𝖼𝗈𝗋𝖺𝗓𝗈́𝗇

Las primeras gotas de sudor. Si, ya llevo 30 minutos. Ahora, Zenet, casi me obliga a mirar los balcones y ventanas del edificio de enfrente.

𝖤𝗇𝗍𝗋𝖾 𝗍𝗎 𝖻𝖺𝗅𝖼𝗈́𝗇 𝗒 𝗆𝗂 𝗏𝖾𝗇𝗍𝖺𝗇𝖺
𝖧𝖺𝗒 𝖽𝗈𝗌 𝗌𝖺𝗅𝗂𝖽𝖺𝗌 𝖽𝖾 𝗂𝗇𝖼𝖾𝗇𝖽𝗂𝗈
𝖢𝗎𝖺𝗇𝖽𝗈 𝗌𝖺𝗅𝖾𝗌 𝖺𝗅 𝖻𝖺𝗅𝖼𝗈́𝗇
𝖬𝖾 𝗌𝖺𝗅𝖾 𝖾𝗅 𝖼𝗈𝗋𝖺𝗓𝗈́𝗇
𝖢𝗎𝖺𝗇𝖽𝗈 𝗌𝖺𝗅𝖾𝗌 𝖺𝗅 𝖻𝖺𝗅𝖼𝗈́𝗇
𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗌𝖺𝗅𝖾 𝖾𝗅 𝖼𝗈𝗋𝖺𝗓𝗈́𝗇

Y ya que busco en las ventanas, como si fuera un sueño, todo se mezcla.

𝖣𝖾́𝗃𝖺𝗆𝖾 𝗉𝗋𝖾𝗌𝗎𝗆𝗂𝗋, 𝖽𝖾 𝗍𝗂 𝗎𝗇 𝗉𝗈𝗊𝗎𝗂𝗍𝗈,
𝖰𝗎𝖾 𝗆𝗂 𝗉𝗂𝖾𝗅 𝗌𝖾𝖺 𝖾𝗅 𝖿𝗈𝗋𝗋𝗈 𝖽𝖾 𝗍𝗎 𝗏𝖾𝗌𝗍𝗂𝖽𝗈,
𝖣𝖾́𝗃𝖺𝗆𝖾 𝗊𝗎𝖾 𝗍𝖾 𝖼𝗈𝗆𝖺 𝗌𝗈𝗅𝗈 𝖼𝗈𝗇 𝗅𝗈𝗌 𝗈𝗃𝗈𝗌,
𝖢𝗈𝗇 𝗅𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗆𝖾 𝗉𝗋𝗈𝗏𝗈𝖼𝖺𝗌 𝗒𝗈 𝗆𝖾 𝖼𝗈𝗇𝖿𝗈𝗋𝗆𝗈.

El forro de tu vestido. Que bonito, ¿verdad?
La camiseta esta mojada. El sol ya empieza a calentar. Casi una hora. Otro café. Seguimos.
Las canciones hablan de melancolía, de amores y desamores, de canibalismo sentimental. De labios y ojos que están vivos por el latido del corazón. Acelero el paso. Comerse unos a otros, con los ojos, con la mirada, comer.
Llamadas que no se producen, alguien echa de menos a alguien. Alguien no le hace ni puto caso a alguien. Y alguien se enamora hasta las trancas, de un color, de un olor, de una piel. Mientras yo sigo, sigo moviendo las piernas. Tendré que estirar o esta tarde agujetas.
He pasado los 10 km., un par más, ¡vamos!.
Bebo Valdés y El Cigala, hablan de recuerdos, pero marcan su falta de memoria.

𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝗈́ 𝗊𝗎𝖾 𝗍𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖾́
𝖢𝗈𝗆𝗈 𝗇𝗎𝗇𝖼𝖺 𝗍𝖾 𝖾𝗇𝖼𝗈𝗇𝗍𝗋𝖾́
𝖤𝗇𝗍𝗋𝖾 𝗅𝖺𝗌 𝗌𝗈𝗆𝖻𝗋𝖺𝗌 𝖾𝗌𝖼𝗈𝗇𝖽𝗂𝖽𝖺𝗌
𝖸 𝗅𝖺 𝗏𝖾𝗋𝖽𝖺𝖽 𝗇𝗈 𝗌𝖾́ 𝗉𝗈𝗋𝗊𝗎𝖾́
𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗍𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖾́
𝖠 𝗆𝗂́ 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝖺𝖽𝖺 𝗌𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖺

Ahora, estirar. Sentadillas. Diez. Estirar. Más sentadillas. ¡Dios como duele!. Estoy mayor. Otras diez.
Y la memoria que sigue jugando malas pasadas.
Trenes, viajes, vagones.

𝖯𝖾𝗋𝗈 𝖺𝗅 𝖿𝗂𝗇𝖺𝗅
𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝗈́ 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖺𝗋𝗍𝖾
𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝗈́ 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖺𝗋𝗍𝖾
𝖠𝗅𝗀𝗈 𝖾𝗇 𝗆𝗂́ 𝗊𝗎𝖾 𝗌𝖾 𝗇𝗂𝖾𝗀𝖺 𝖺 𝖻𝗈𝗋𝗋𝖺𝗋𝗍𝖾
𝖲𝖾 𝗆𝖾 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝗈́ 𝗈𝗅𝗏𝗂𝖽𝖺𝗋𝗍𝖾

Y bajo el mismo cielo. Viendo amanecer.
Animo y suerte.

*Se me olvidó que te olvidé - Kaia Lana

miércoles, 20 de julio de 2022

La Birkin



Veo la imagen de Jane Birkin.
Leo la crónica de su concierto en Barcelona. No lo sabía, me hubiera gustado asistir.
"Tu eres la ola, yo la isla desnuda"
Aquel 𝐉𝐞 𝐭'𝐚𝐢𝐦𝐞 𝐦𝐨𝐢 𝐧𝐨𝐦 𝐩𝐥𝐮𝐬.
Unos ojos azules que, después de 75 años, siguen siendo gemidos que envuelven una voz rota de Gitanes.
"El amor físico es un callejón sin salida"
Busco su foto, aquella del "naked dress" y el capazo.
Si, todo queda lejos. Tan lejos.
Hoy, mientras alguien duerme, otra persona se pregunta ¿todavía me amas?.
Alguien busca esa pasión que impide pensar, que impide ser lúcido.
"𝐸𝑠𝑎 𝑠𝑒𝑛𝑠𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑠𝑜𝑙𝑒𝑑𝑎𝑑, 𝑝𝑜𝑟 𝑙𝑎 𝑛𝑜𝑐𝘩𝑒, 𝑐𝑜𝑛 𝑙𝑎 𝑝𝑒𝑟𝑠𝑜𝑛𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑎𝑚𝑎𝑠, 𝑞𝑢𝑒 𝑑𝑢𝑒𝑟𝑚𝑒 𝑎 𝑡𝑢 𝑙𝑎𝑑𝑜… 𝑇𝑢́ 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒𝑠 𝑑𝑜𝑟𝑚𝑖𝑟 𝘩𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑒 𝑑𝑖𝑔𝑎 “𝑡𝑒 𝑎𝑚𝑜”, 𝑝𝑒𝑟𝑜, 𝑐𝑙𝑎𝑟𝑜, 𝑒𝑠𝑜 𝑛𝑜 𝑎𝑐𝑎𝑏𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑎𝑠𝑎𝑟 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎. 𝐷𝑒 𝑒𝑠𝑜 𝑣𝑎 𝑒𝑙 𝑑𝑖𝑠𝑐𝑜." (Entrevista Esteban Linés. La Vanguardia)
Pasar del gemido a la angustia. La 𝑩𝒊𝒓𝒌𝒊𝒏, por siempre.
Animo y suerte.

martes, 19 de julio de 2022

Santa Paciencia (VIII)



Recuerdo aquellos días muy calurosos, tanto como el de hoy.
El colegio había terminado y los malditos Cuadernos de repaso Santillana, que yo cumplimentaba estoicamente todas las mañanas, eran la obsesión de mi querida madre. Había que escapar.
Por la galería, abierta, entraba una agradable brisa mientras desayunábamos.
En alguna ocasión se me permitía, arropado por mil malos presagios y otras tantas recomendaciones a mi hermano, acompañarle a por la leche a una vaquería cercana.
Calle, vacas, salir.
Era toda una aventura. La parte esencial, no cumplir ninguna de las recomendaciones establecidas.
- No te sueltes de la mano
- Tener cuidado al cruzar
- No corráis
- A la vaquería, y vuelta, no os entretengáis.
Pero claro, para el, yo era una carga. Cuidar del crío y evitar todo aquello que le gustaba hacer.
Bajar corriendo por los terraplenes, buscar nidos, unirse a expediciones y aventuras con otros chicos del barrio, etc. Pero no. No podía, bajo pena de arresto domiciliario hasta el final de sus días.
Y claro, el crío, que había salido con su flequillo al viento deseoso de aventuras, acababa escuchando las misma recomendaciones y amenazas pero, además, con falta de circulación en la mano de tan fuerte como lo sujetaban.
Otra de las maravillosas aventuras veraniegas, era ir a la compra. Bueno, vale, retrasaba el momento de hacer palotes, círculos y proyectos de números, que ya era algo.
Pero, siempre hay un pero. Era agotador y bochornoso lo de "... que guapo y que alto estas". "Dale un beso a la Sra. Concha". Y así, con todas las vecinas y conocidas.
O sea, acababa lleno de carmín y oliendo a Maderas de Oriente como si hubiera nacido en arabia.
Ya de vuelta, sudoroso por el calor y los apasionados achuchones de las vecinas, había magdalenas y limonada con "esponjau".
Era como un azucarillo que, a veces, venía preparado con clara de huevo y esencia de limón. Una masa porosa y rígida que me encantaba observar mientras se deshacía en vasos de cristal fino, llenos de trozos de hielo. Ese era el momento de la droga azucarada. Escapar.
Otra cosa eran los fines de semana.
No tengo muy claro el recuerdo cuando mi padre, con espíritu aventurero fuera de lo normal, planteaba ir al rio.
No me gustaba, ni poco, ni mucho. No me gustaba nada.
Mi madre, se quedaba en casa cuidando de la abuela y nosotros salíamos pertrechados como exploradores a aquel paradisíaco lugar denominado "El Pedregal".
Y eso era precisamente. Un pedregal, por donde a veces el agua llegaba a la rodilla y las más, al tobillo.
Conseguías mojarte el culo y poco más. Algunos cazaban ranas, otros tiraban piedras y algunos, los menos, lavaban el coche.
Yo, desde que llegaba hasta que me iba, parecía un merengue. Impregnado de arriba a abajo, con aquella crema de la lata azul de Nivea.
Se suponía que mi piel blanca inmaculada, podía disponer de un nivel de protección efectivo a partir del momento en que solo se me veían los orificios de la nariz y los ojos. El resto, merengue puro.
Que noches tan maravillosa de insolación. De piel tipo gambón, oscuro, rebozado en merengue.
Quien me iba a decir a mi, que años después, el inventor de aquellos cuadernos de repaso, sería mi jefe.
Verano, Santillana, azucarillo y piel ardiente. Que más se pude pedir, Jesús.

domingo, 17 de julio de 2022

Cartas que nunca enviaré XXX



Hola. Por aquí, todo bien. Incluso podría decir que maravillosamente bien.
Imagino que por ahí, coincidirá con mis deseos, y todo fluirá dentro del caos de la vida.
He notado que cuando a la gente le preguntas por como les va, aumentan su optimismo uno o dos puntos.
Todos mentimos un poco, o nos mentimos un poco. El ánimo, bien, aunque siempre existan determinadas preocupaciones. O el ánimo, mal, pero no encontramos el motivo y ahí seguimos, con cara de acelga y viendo solo la parte oscura.
Cierto es, que siempre habrá alguien que esté peor que tu; y siempre habrá alguien que esté mejor.
Encontrar el punto de equilibrio entre lo que te preocupa y aquello que te hace sentir satisfecho, para sentirte bien no es fácil ¿verdad?
Siempre fuiste de hacer planes. Planes de mejora. Algo más de dinero, algo más de reconocimiento, algo más de autoestima, algo más de satisfacción. Yo, a veces, te los disparaba, te los elevaba al cubo.
Si hablabas de una pequeña casa de turismo rural, yo veía un pedazo de hotel al que no le faltaba un detalle. Si pensabas en retomar unos estudios, yo veía títulos llenando las paredes. Cuando decías de contar ovejas, yo contaba rebaños en Australia. Un libro, tal vez. No, no. El Planeta y con algo de suerte el Pulitzer.
Tu hablabas de saltar, yo planeaba volar. Tu mirabas desde la ventana, y yo me preparaba para lanzarme al vacío.
Ahora que lo pienso, es curioso lo de las ventanas.
Estas semanas, a falta de mobiliario, trabajo en un sitio improvisado delante de una ventana.
Nunca me había sentado delante de ella para mirar.
Lo de fuera, se enmarca por la derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo. El espacio solo crece hacia adelante, al fondo.
Hay como una leve bruma en el horizonte.
Acabo de hacer un café. Me siento bien. Tengo preocupaciones, claro. Como seguramente las tengas tu. He asomado la cabeza. A la derecha, a la izquierda, arriba y abajo, hay más. Más espacio, más lugares, más vida.
Espero que todo fluya dentro del caos de tu vida, y que cuando alguien de los tuyos te hable de contar ovejas, les hables de Australia. De los 150 millones de ovejas que hay allí. Cuando te hablen del cielo, busques alas, espacios abiertos, busques el mejor avión.
Miro por la ventana, a lo lejos, y te veo volar.
Animo y suerte.

sábado, 16 de julio de 2022

Hacer un jardín



Ando un tanto desaparecido y lleno de necesidades.
Podría añadir lo de desubicado, que también.
Necesito volver a cocinar. Retomar los bollos de brandy dulces, las "búlgaras", ver como una masa crece o simplemente dibujar un nuevo plato, oler, saborear, crear.
Intento, todos los días, escribir. Pero, sea por una cosa u otra, no lo consigo. Lo necesito, como el café.
Necesito volver a ubicarme. Necesito volver a mis 10 km., a sudar por el gusto y la gana de hacerlo.
Necesito recolocar el amanecer en su lugar.
Ayer, un buen amigo me recordó con amabilidad que llevamos demasiado tiempo sin vernos.
Necesito ver los campos de lavanda.
Las "Cartas que nunca enviaré", las historias de "Santa Paciencia". Hablar con Mirlo, con Isi. Retomar "Palabras bonitas", agendar más cafés.
Pero, a la vez, me siento más libre. Ya no soy de un lugar. He aprendido que los planes duran, hasta el momento que la vida los cambia.
Han dejado de importarme algunas cosas y ahora disfruto y me preocupo de otras que nunca hubiera imaginado.
Hornear pimientos, recordar a los que ya no están, quedar a charlar y tomar una o cien copas de vino hasta que la edad o el dueño del local apague las luces.
Mirar a Venus sin prisa y olvidar el reloj. Necesito sentir un poco más y correr un poco menos.
Pero, a la vez, necesito la adrenalina de la agenda apretada, del ir y venir constante. De nuevos proyectos, de apoyar esfuerzos de otros, de participar en otros planes.
Y solo el hecho de que, al levantarme, no me duela nada distinto que el amanecer anterior, me da fuerzas, para necesitar, para tener ganas de tener ganas.
Necesito poner un disco, mover el brazo de la aguja y notar su carraspeo. Cerrar los ojos y pintar un jardín.
Y a la vez necesito salir corriendo. Subir al monte, bajar al valle. Gritar y respirar en silencio.
Necesito la ironía de saberme de vuelta, pero con el deseo de volver a ir.
Haré albóndigas, con setas. Ya casi no hay muebles. Solo cajas, necesidades, ganas, muchas ganas.
Tal vez, haga un jardín, otro. Con brócoli, cebolla morada, judía francesa... y la hierba, una crema de aguacate, calabacín y espinacas.
Tengo ganas.
Animo y suerte.