sábado, 28 de febrero de 2026

Volvemos a empezar


A Donald (el pato no, el otro) le ha caído tarea. Resolver una nueva guerra.
Pakistán bombardea Kabul y se declara en guerra contra Afganistán.
Tiene en marcha lo de Cuba que se le están poniendo rebeldes y lo de Irán.
No, no tiene buena pinta nada de esto.
Los papeles de 23F no dan de comer a los noticiarios, aunque lo intentan.
Aun recuerdo aquel día.
Por la tarde, al llegar al instituto, alguien comenta que han tocado "Generala".
Recién salido del campamento y pendiente de incorporarme a mi cuartel.
¿Y si me tiro al monte? Francia esta, estaba, a 80-90 km.
No hubo clases. Al volver a casa un vehículo de la Policía Militar me estaba esperando.
Que noche la de aquel día, como decían The Beatles.
Mirlo, te echo de menos.
Cuando tu estabas mis reflexiones tenían pared donde rebotar, donde probar la fuerza o el sentido de lo que pensaba. Un giro de tu cabeza o esa mirada que nunca era vacía, podían darme algo de apoyo o simplemente hacerme sentir escuchado, entendido.
El otro día, Millás (¡oh, Millás!), decía que la vejez se asemeja a la juventud en que también existe un aturdimiento, todo es difuso, poco claro.
Mientras maduramos (si, como los melocotones o los higos), vamos construyendo respuestas, generamos creencias y convencimientos. Que, con el paso del tiempo, se convierten en nuevas dudas que nos llevan a la confusión.
Nos creamos respuestas, verdades reales o inventadas, que conforman nuestro criterio, eso que nos gusta llamar sentido común cuando nos falta decisión justificada.
Y ahora, Mirlo, se despediría y se lanzaría en un vuelo picado desde la barandilla de la terraza para irse a posar sobre alguna de las antenas de los adosados vecinos.
Ultima hora: Donald (el pato no, el otro) y su amigo el genocida, han bombardeado Irán.
Común es el principio y el fin en la circunferencia de un círculo, decía Heráclito.
Volvemos a empezar.
Animo y suerte.

 

jueves, 19 de febrero de 2026

El almendro rebelde


El Ginkgo biloba de Hiroshima, que rebrotó tras la bomba atómica, o el peral Callery recuperado tras los atentados del World Trade Center el 11-S, son supervivientes. Son rebeldes a desaparecer cuando todo a su alrededor se desmorona.
Esta semana, tras muchos días de mal tiempo y viento huracanado, el almendro del jardín decidió florecer. Es la época, sí. Pero no sé por qué, cada mañana, cuando salgo, me da tranquilidad verlo ahí con sus flores. Día a día hay más.
He leído que las plantas se comunican a través de señales químicas, eléctricas y de sonidos de alta frecuencia imperceptibles para el oído humano.
Ayer, al salir, pensaba en eso: establecer una conversación con el almendro, con el pruno, el limonero o ese Ginkgo que no acaba de arrancar.
Tal vez ellos, entre sí, se cuentan cosas:

—Oye, que hay un cobertizo nuevo en el jardín.
—¿Sabes que la higuera está pensando ya en brotar?
—¿Has visto? Estas últimas lluvias han sido excesivas, pero en el fondo nos han venido bien.

El limonero, algo más alejado, dice:

—A ver si se mueven un poco, que tengo limones para aburrir y las ramas se me cansan.

Los pinos, bastante más altos, miran por encima de las ramas a todos los demás árboles y, aunque no lo dicen, por pura altanería, les encantaría participar de esos chismes del resto.

—Ya queda menos para que lleguen las libélulas —comenta el romero.
—Sí —le contesta el laurel—. ¿Recordáis cómo buscaban los lugares más altos y se detenían mirando en la misma dirección?

No los veo hablando de la nueva escalada en discusiones de armamento nuclear, ni poniendo interés a las tonterías del representante de la patronal (se merece una huelga general).
Donald (el pato no, el otro), la Megaprincesa, los "pocholos", Santiago y cierra España, ¿sabrán algo de Gaza? ¿Y si se lo cuento?
Lo de Ucrania. La violencia machista, los cinco chavales muertos en un incendio y lo de Jota (el DAO) no creo que llenen sus desayunos ni sus sobremesas.
El tiempo ha mejorado algo, aunque vuelve a haber avisos por vientos de más de 100 km/h.
El limonero me mira con cara de resignación y el almendro, sigue floreciendo.
Creo que me pondré un sillón más cerca de ellos y leeré las noticias, en voz alta, a su lado. 
Demasiados temas por los que estar preocupados. Un exceso de estrés informativo.
Y los alquileres, más altos que las hipotecas.
Y, mátame camión. RentaHuman, una empresa que conecta agentes de inteligencia artificial con personas reales dispuestas a completar tareas en el mundo físico que las IA no pueden realizar por sí mismas. A día de hoy, 529.000 humanos disponibles.
Miro hacia el jardín. 
Con vosotros no podrán, pienso.
Animo y suerte.

jueves, 12 de febrero de 2026

Están entre nosotros


Líbrenme los Dioses de ejercer un falso testimonio. No es una opinión. Veo señales.
Cada día mi asombro, ante las cosas que ocurren y se dicen, me lleva a esta conclusión. Puede que sea la IA quien esté generando todo esto o ,efectivamente, se cumple ese negro augurio de la teoría de la sustitución.
Puede que sea un virus, mucho peor que el COVID o el de la peste porcina.
¿Y si en un bocadillo de chóped está el origen?
Ayer, escuchando a la Megaprincesa Isabel Natividad, sentí pena y miedo. Es una replicante. El vídeo que se ha difundido tiene todos los sesgos. Incluso, su forma de hablar, de mover las manos. Su sonrisa de plástico, esos ojos que denotaban un brillo "especial". 
Y el final. Ese rictus maligno en sus labios de: "os vais a cagar".
No puede ser. No es normal.
¿A que velocidad se transmite este virus?
La tarde del 12 de agosto, el sol se apagará durante dos minutos. Más de 80.000 personas se desplazarán para ¿ver? este fenómeno.
Dos minutos de oscuridad y después, todos tendremos esa cara de muñecos diabólicos. Aprovecharan ese momento, la oscuridad será su aliada. Y, cuando la luz vuelva, seremos otros.
Tendremos la mirada vidriosa, el color de nuestra piel será "pastelorro" total y no pararemos de decir estupideces como:  “fuerza, valor, humanidad, compromiso, alegría, apertura, color, vida y libertad”. Y se nos llenará la boca cuando pronunciemos: "fin a los narcoestados que los dictadores de ultraizquierda están implantando allá donde pueden o se les deja".
¿Recordáis aquella serie, del 83?. Aquella en que éramos invadidos por extraterrestres reptilianos. Era premonitoria. 
Decían venir en son de paz y buscaban la ayuda de los seres humanos para obtener ciertos productos químicos que necesitan en su propio planeta (¿tierras raras?).  Quien estaba en contra de ellos, acababa desapareciendo para acabar en animación suspendida dentro de las naves de los visitantes.
Os recomiendo revisar el argumento de aquella serie. Sobrecogedor.
Bien. Llegados a este punto, debo concluir recomendando no abusar del carajillo para desayunar y menos, mezclarlo con psicotrópicos, porque puede ocasionar textos como este.
Ayer, a las 18:20, llegó una alerta, para hoy, de Protección civil por fuertes vientos en toda Catalunya.
En cualquier momento aparecerá otro confirmando que están entre nosotros.
Animo y suerte.
Pdta.: Llevo unos días publicando imágenes creadas con IA. La ficción, a veces, es mejor que la realidad.


martes, 10 de febrero de 2026

Ayer se fue


Doy un sorbo al café. 
Miro sin mirar y, a través de la puerta, veo un trozo de mar. Solo un trozo, como un cuadro vivo. 
Cuando alguien entra o sale hay un instante de cinemascope y alcanzo a ver la espuma de las olas rompiendo en la playa.
Hay murmullos que no llego a entender. La parte de descifrar, en mi cabeza, esta parada.
Trato de encajar, pero me he ido sin despedirme.
No estoy aquí. Sobrevuelo las palmeras, el paseo, caminantes que huyen también pero, ellos, con paso atlético y ropa deportiva.
La taza sigue encima de la mesa. Tal vez, un sorbo, como mucho dos.
El murmullo sigue ahí.
Alguien saluda. Contesto con un movimiento de cabeza y media sonrisa.
Se abre la puerta. De nuevo el mar.
Ayer, "N", dejó de existir. En los brazos de "P". Con una lista interminable de deseos por cumplir. Un día más, un día menos.
Me sobrecoge su entereza, su forma de aceptar la realidad. 
Mientras una parte de nosotros vivimos en la lucha estúpida, otros, caminan o vuelan sintiéndose frágiles, sabiéndose finitos. 
Un cambio de casa, de barrio, de ciudad o de país. Fiesta de despedida, de bienvenida.
Dejar atrás mucho de lo que nos ha conformado, para seguir otro camino. El último. Ese que nos lleva a un lugar desconocido. Nuestro "yo continuo" se convierte en el "yo que desaparece". Yo, no estaré.
Que los vientos te sean favorables, "N".
Y la puerta se vuelve a abrir. 
Animo y suerte.









martes, 3 de febrero de 2026

Las despedidas


Hay muchos tipos de despedidas.
"Adiós", "Hasta luego", "Chao", "Nos vemos".
Esas, rápidas, casi automáticas, cruzando una calle, en el portal o en un semáforo.
Despedidas en una carta (ya nadie las escribe) familiar, formal o de trabajo.
"Saludos", "Cuídate", "Atentamente".
Despedidas sentimentales que, por regla general, son cortas en palabras y, a veces, incluso silenciosas.
Muchas despedidas.
Ninguna de ellas nos asegura que será la ultima. la última vez que hablemos con una persona, que compartamos un vino, una película, un atardecer o la ducha de un hotel.
Jamás cruzaremos una palabra más. Nos miraremos a los ojos para darnos la bienvenida o agitaremos la mano o el pañuelo en un anden. Puede que, incluso, deseemos que sea la última, pero seguro que es el desamor, el odio o el enfado quien nos hacen pensar eso.
Hay muchos tipos de despedidas. Y nunca creemos, de verdad, que es para siempre.
En un aeropuerto, o en las fiestas de ese pueblo al que nunca habías ido, alguien te da noticias de esa persona. Es un nuevo saludo, ha vuelto, aunque se despidió.
Deja de ocupar ese limbo al que se fue en su despedida y regresa para "estar".
Hoy, "N", se ha despedido. Vuelve a su casa, para no volver. 
Tristeza, impotencia, cariño, silencio.
Despedirse, es cubrir muebles, sillones y lámparas, bajar persianas para que ni el sol ni el tiempo perturben ese momento, ese lugar al cerrar la puerta y partir.
Una despedida en compañía, no es más dulce, pero siempre es mejor.
Ojalá, algún día, nos volvamos a encontrar. 
Gracias.


domingo, 1 de febrero de 2026

Un sindiós


Mientras la crema pastelera se enfría, repaso los próximos exámenes. Actualizo recetario y pienso en la masa de hojaldre que tengo en la nevera  para unos pasteles de manzana.
Contratos, convenios, normas y relaciones laborales. Temas casi olvidados que ahora tengo que recuperar.
A este lado, anotaciones, papeles, música. Un cuaderno repleto de letras y manchas de aceite, pescado y carne.
Comprar otro delantal blanco. El que llevo habitualmente empieza a tener heridas demasiado profundas.
Anoto: Cuaderno y delantal.
Diferencias entre alimentación, nutrición y dieta, eso, el miércoles. Las hipocalóricas, presentación el lunes.
En una pequeña pantalla el Open de Australia, sin voz.
Un trabajo sobre restaurantes sostenibles. Hoja de cálculo de Menu Engineering.
El viento nos ha dado algo de descanso hoy. Las lonas ,que protegen los muebles del jardín, salieron volando y ahora reposan en algún lugar, junto a los setos. Sillones volcados, incluso los árboles se han resentido.
Se tumban hacia la izquierda, vistos desde mi ventana.
Djokovic le coge ventaja a Carlos.
El garaje hay que ordenarlo, parece como si el vendaval de ayer hubiera entrado allí.
Donald (el pato no, el otro) dicen que busca el caos. 
Escucho al Boss:

Through the winter's ice and cold 
Down Nicollet Avenue 
A city aflame fought fire and ice 
'Neath an occupier's boots

Y siguen negociando la subida de las pensiones. Siguen creyendo que la tierra es plana y que nunca llegamos a la luna. 
Julio ha desaparecido de las noticias. Era un truhan, era un señor. Ahora solo es un montón de derechos de autor, piel y huesos.
Mette-Marit, también sale en los papeles. Tres millones de documentos que darán de comer a la máquina.
Puente, Adamuz, Venezuela, Irán, el dólar cayendo, Rutte "el pelota", los huevos (los de gallina) cada vez más caros.
Israel sigue matando, Rusia sigue invadiendo.
Leo en los labios de Carlos un exabrupto. Imagino que es por el resultado de su primer set, no por Rusia, ni por Gaza o Ucrania.
Franco 'Bifo', el año pasado, anunciaba que el futuro de la humanidad era no ser. La extinción. 
Su último libro, "Pensar después de Gaza", no lo terminé. Sigue ahí, con un marcapáginas como un puñal. Me da miedo abrirlo para retomarlo y que las manos se me manchen de sangre por esa herida.
Esto es un sindiós.
Y Carlos, perdiendo.
Animo y suerte