Busco en la mesa el paño para limpiar mis gafas.
Después de levantar y mover cien cosas, lo encuentro. Ahora, el líquido.
Si, el mundo se ve de otra manera. Ya no hay huellas, ni pegotes de salpicaduras. Anoche volvió a llover abundantemente. La calle se ve mojada y, el jardín, solo aporta un ligero olor a geosmina, el petricor.
El hoyo, se llenó agua, pero la tierra, tragó, siguió tragando.
Entra una llamada en video.
Piscina, canciones, videos, letras, lentejas, ensaladilla, canelones y mango.
Allí llueve, aquí el día está oscuro.
Mientras al otro lado del mundo, del muro, siguen cayendo bombas. El cheeto naranja (me encanta ese apodo) sigue diciendo estupideces que cuestan vidas.
La vida, la esperanza de vida, en Estados Unidos alcanzó este pasado año 2025 los 79 años. Que casualidad. Los años que tiene Donald (el pato no, el otro).
It´s just a matter of time.
Es solo cuestión de tiempo.
Igual que la tierra, pasado el tiempo, traga todo el agua que caiga, aunque arrastre herbicidas y químicos que después pasaran a las verduras, a las hortalizas, a las más bellas flores, a tu hígado, a mi riñón.
No hay mal que cien años dure. Tras la tempestad llega la calma. El tiempo todo lo cura. La memoria es frágil.
Y todo lo que arrastre el agua, llegara a ser odio, venganza, heridas que no se cerraran pero, la memoria, tan frágil, volverá a preguntarse el porque de los actos, de los genocidios.
Los conflictos armados existen desde que las primeras sociedades humanas comenzaron a organizarse. Sin embargo, la primera guerra documentada en la historia escrita suele considerarse la Guerra de Lagash contra Umma, alrededor del 2500 a. C. en la antigua Mesopotamia (actual Irak).
Las tierras fértiles, el acceso al agua, el poder.
Cuatro mil años después, seguimos en el mismo hoyo y la tierra, se lo traga todo.
Animo y suerte.
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