Todos hemos conocido a una señora que, su ferviente amor a los felinos, la ha llevado a crear causa y bandera.
Se salta cualquier normativa municipal o mundial. Los alimenta poniendo cacharritos de plástico, con comida y agua, distribuidos casi por geolocalización y le da igual que haya asociaciones , zonas establecidas o elementos de control.
Aparece empujando una bicicleta y seguida de un rebaño de gatos como si fuera la flautista de Hamelin gatuna.
Se salta cualquier normativa municipal o mundial. Los alimenta poniendo cacharritos de plástico, con comida y agua, distribuidos casi por geolocalización y le da igual que haya asociaciones , zonas establecidas o elementos de control.
Aparece empujando una bicicleta y seguida de un rebaño de gatos como si fuera la flautista de Hamelin gatuna.
En este caso, la señora, alimenta gaviotas.
Ella, hace varios viajes durante el desayuno a la zona de panes, bollería y tostadas.
Entiendo que realiza acopio de pan que de alguna manera guarda en su bolso.
Puede que se acerque al colmado que hay cerca del hotel y pida los restos del pan de ayer, aunque, lo dudo.
Al terminar su desayuno se instala en la terraza, tras la cristalera, y una nube de gaviotas vienen a darle los buenos días.
La cala, de aguas transparentes, se salpica de manchas blanquecinas y picos anaranjados. Graznidos de alborozo y de llamada.
Estos animales que, como los gatos, me caen regular tienen una variedad de lenguaje muy amplio con complejas vocalizaciones y unas relaciones sociales complejas.
La señora de las gaviotas, tal vez sea lingüista o haya realizado un master en comunicación y relaciones "gavioteriles" o con láridos.
Ella, la señora de las gaviotas, lanza trozos de pan al aire que son cazados al vuelo o perseguidos hasta caer al agua.
A veces, sostiene un trozo entre sus dedos y espera a que se lo arrebaten casi rozando sus dedos.
Una barca, cruza la bahía. Perfecto para formar parte de una marina o de un amanecer.
Trozos de bollos de pan volando por los aires y una nube de gaviotas graznando, entre ellas:
— ¡Hay comida, Encarni!
— ¿Es la de todos los días? Hoy, ¿le ha puesto mermelada?
— El siguiente trozo es mío, que tu te has comido ya siete. Como sigas así no levantas vuelo.
Ella, la señora de las gaviotas, se olvida de todo durante veinte o treinta minutos. Los graznidos llenan su cabeza. Mira las transparentes y turquesas aguas y piensa que mañana vuelve a casa. A la soledad de esas cuatro paredes.
Mentalmente va haciendo la lista:
- Hinchar las ruedas de la bici
- Preparar cacharritos de plástico limpios
- La comida de los michis
Hoy, después de comer, volverá a ser la señora de las gaviotas.
Animo y suerte.

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