domingo, 19 de abril de 2026

Solo se vive una vez


El amanecer trae colores rojizos. Hace una temperatura agradable, como si fuera junio, y no lo es.
Algún mosquito madrugador anda por aquí. Abrir ventanas y dejar las puertas abiertas los anima a entrar.

Leo la entrevista a Jaime Urrutia y me voy camino a Soria, a las verbenas de cuando los bosques eran jóvenes, al calor del amor en un bar. Las cuatro rosas que te di, cuatro rosas en tu honor, y tú me recuerdas cuando saliste a la arena del night club y mis puyazos de ron.

Un mirlo en el camino de la entrada picotea el suelo y, con pequeños saltos, parece que diga que la culpa fue del cha-cha-chá.
El sol, al amanecer, ilumina la punta de algunas ramas.
Nunca sabrán que sigo el rastro de tu amor. Sus amplias avenidas le sirven de guarida a tu corazón.

Vuelvo a la realidad distópica, esa que creíamos que solo estaba en las películas.
Donald (el pato no, el otro) sigue con su locura imperial. Dudo de su estado mental, aunque, visto lo visto, parece más una pandemia.

La pila de libros pendientes de leer crece.
Se mezclan un manual aplicado de gastronomía científica, La venganza de Odessa, todas las recetas de Robuchon y Pensar después de Gaza.
Masas madre, 36 maneras de guisar el bacalao, con Marco Porcio Catón.

Correos Express, infame. Unos maravillosos espárragos de Navarra puede que también estén camino de Soria, pero aquí no han llegado.
La Megaprincesa (la tengo un poco olvidada), alias Skynet, sigue defendiendo al alcalde de Móstoles, manejando su imperio en la capital.

Por el pinganillo, Jaime sigue insistiendo con las verdades del barquero.
Otro café. Repasar el recetario, terminar las tareas del cole —que ya no queda nada para el fin de curso—. Preparar comida, que tenemos invitados; un vermut y tararear con Jaime:

Tan solo dime qué hora es,
día, semana y qué mes,
tan solo dime qué año es
para gritar con más fe:
solo se vive una vez.

Ánimo y suerte.

lunes, 13 de abril de 2026

Tête de femme


Estoy con la temporada 5 (y última) de la serie The Boys. No te la destripo, pero debo decir que me condiciona desde hace semanas.
Su guionista, Eric Kripke, dice: «Es difícil hacer sátira de un mundo que es más loco que tu serie de superhéroes con penes que explotan».
Leo la tribuna de Timothy Snyder, «Los golpes de Estado que puede intentar Trump», y me lo creo. Todos ellos podrían ser factibles.
Hubo una temporada, no hace mucho, en la que todo eran distopías, pero, poco a poco, esas distopías vencieron a la realidad y pasaron a ser pura normalidad.
Donald (el pato no, el otro), al mejor estilo vaquero, chulea al Papa y lo invoca al amanecer en OK Corral. León XIV (el del solideo), haciendo honor a su nombre, le contesta:
No te tengo miedo. Aquí te espero, comiendo un huevo.
¿Irá Donald (el pato no, el otro) a Coachella? ¿Se cruzará con Justin y le dirá aquello de: «Soy tu padre»?
Dudo en buscar lo último publicado por mi filósofo de cabecera. Lo del optimismo no es lo suyo.
Frases como «¿Por qué pensamos que la nada es peor que una vida de sufrimiento?», «El problema no es el poder, el problema es la vida» o «Hoy, demasiada información se transforma en un ruido blanco» me obligan a pensarlo dos veces.
Bifo es contundente: «La humanidad ha perdido. Ahora el problema es cómo desertar».
El viento ha bajado en intensidad y el sol crea sombras que se mueven mientras las palomas van de una rama a otra.
Una fundación francesa contra el alzhéimer ha puesto a la venta 120.000 participaciones, a un precio de 100 euros, que permiten acceder a una rifa.
El premio: la obra Tête de femme, de Pablo Picasso, valorada en un millón de euros.
Mañana, a las 18:00, alguien será propietario de esa obra y la asociación habrá recaudado 11 millones para investigar contra la enfermedad del olvido.
Un paseo hasta el mar tal vez me calme esta desazón.
Nunca entenderé el cubismo.
Suena How Deep Is Your Love. Qué profundo es tu amor.
Ánimo y suerte.
#uncafedesdeitaca #reflexiones




domingo, 12 de abril de 2026

Mantis Benjamín


Día feo. Nubes, aire. Puede que, al mediodía, el sol nos visite.
Alcachofas e hinojos, cocinados y congelados.
Morralla y espinas. Reduciendo el fumet para la comida.
Avellanas tostadas y ya listas, en praliné, para terminar el pastel de vainilla.

Miro las galeras.
La cigala del pobre. Hay que ir con cuidado con ellas: tienen defensas por todos los sitios, pero su carne es deliciosa, aunque escasa.
Sí, tienen cara de Benjamín.

Raquel, su madre, lo llamó inicialmente Ben-Oni («hijo de mi dolor») antes de morir. Tuvo un parto muy difícil cerca de Efrata (Belén). En aquellos tiempos, el nombre de un niño marcaba el rumbo de su vida, pero su padre, Jacob, lo cambió a Benjamín para reflejar cariño y evitar que cargara toda la vida con ese peso del «dolor».
Las mujeres, qué sabias y premonitorias, a veces.

Benjamín Galera Pérez, por ejemplo.
Infligiendo dolor desde pequeño, aunque su padre dijera que su carne, escasa, es deliciosa.
Miro al bicho y, sinceramente, debería llamarse Ben-Oni. No. Se llama Squilla mantis.
Mantis, por su sorprendente parecido físico y su comportamiento depredador con el insecto. Sus patas anteriores están adaptadas para la caza, funcionando como garras raptoras que se pliegan rápidamente para atrapar presas, de forma similar a las extremidades de la mantis religiosa.
Benjamín Mantis Pérez. Mejor, sí.

He puesto la lavadora. El otro día, me perdí el delantal con el puré de frutos rojos.
¿Te imaginas? Benjamín Mantis Pérez, con el delantal lleno de manchas sanguinolentas y sus dos patitas delanteras amenazantes.

Se acerca la hora del Ángelus.
Saldré a tirar la basura. A la vuelta, terminaré el pastel de vainilla y me pondré un vinito.
Tender la ropa y preparar una fideuá.

Y Benjamín me mira desde la bandeja, junto con sus otros congéneres.
Tú lo del ikigai no te lo has leído, ¿verdad?

Igual lo que te pasa es que no tienes amigos.
Pues vas a ir a la plancha, lo sepas.
Ánimo y suerte.




jueves, 9 de abril de 2026

Cualquier noche puede salir el sol


Llevo días pensando en el cielo y en el infierno. Inevitablemente, pienso en gente buena y en gente mala.

Nos decían: «Los buenos van al cielo y los malos, al infierno».

Había ocasiones en las que se nos amenazaba con el fuego eterno para nuestra alma. Los pecados mortales sin confesión eran un pasaporte directo a ese lugar.

¿Recuerdas? Gente buena, buena gente.

Mis creencias religiosas dejaron de existir hace muchos años. Puede que, en el último momento, recurra a ellas y pida a algún imaginario ser superior que se compadezca de mí, de mi alma, y me lleve a un lugar donde haya gente buena, buena gente, para el descanso eterno.

Qué bonito, ¿verdad?

Descanso eterno. Un eufemismo como otro para evitar la palabra muerte.

Irse al otro barrio. Pasar a mejor vida.

No. No debo pensar con maldad. Iré al infierno.

No. No puedo desear que los malos se vayan al otro barrio o que pasen a mejor vida. ¿Mejor?

Si lo pienso, si lo deseo, ¿soy tan malo como ellos?

Mi Capitán Trueno, que tantas veces me ha acompañado en esta terapia, me mira desde el jardín con su escudo y su espada, y leo en sus labios el «vamos a vencer» que yo mismo me repito.

Dejar el seto unos centímetros más alto puede ayudar a mantenerme más alejado de la realidad.
De esa realidad en la que no existe el castigo divino para los malos,
ni un Dios vengador que defienda a las personas de ellos.

Tal vez no existan dioses así, o nuestra concepción de lo bueno y lo malo esté equivocada. La construcción de nuestra ética, de nuestra moral, ha sido errónea.

Solo hay fuertes y débiles; y tú, mierdecilla, debes ser fuerte.

No existe el cielo ni el infierno. No existe ese Capitán con el que conversas.

Mi cabeza lucha contra oscuros pensamientos.

Si el Capitán Trueno pudiera venir,
nuestras cadenas saltarían en mil,
monstruos gigantes, princesas encantadas,
el malo siempre palma, la chica se salva…

Cantaba Asfalto en el año 78.

En una noche clara y tranquila, iluminada por la luna, los invitados van llegando y van llenando la casa de colores y perfumes.

Oh, bienvenidos, pasen, pasen, ahora ya no falta nadie.
O quizás sí: me doy cuenta de que solo faltas tú.
También puedes venir si quieres; te esperamos, hay lugar para todos.
El tiempo no importa ni el espacio; cualquier noche puede salir el sol.

Y así, Jaume Sisa recibió al Capitán que llegó en skate.

Construyo un cielo. Un cielo en el que el tiempo no importa ni el espacio: cualquier noche puede salir el sol.

Ánimo y suerte.

lunes, 6 de abril de 2026

Contengo multitudes


Es una espera de duración indeterminada, en la que esa misma espera se llena de elementos y de vivencias.
Schopenhauer, el filósofo alemán, describió la vida como una constante oscilación entre el deseo (la espera de tener algo) y el aburrimiento (una vez conseguido). ¿Y ese espacio intermedio? ¿Es un vacío?
Seguramente, si tuviéramos la paciencia o la capacidad de recordar para anotar los hechos relevantes de nuestra vida, veríamos que la lista sería relativamente pequeña, al menos en relación con el tiempo transcurrido.
Pero si observáramos entre líneas, los meses o los años nos mostrarían una cantidad ingente de momentos, actividades y, seguramente, logros y derrotas que no alcanzaron la categoría de relevantes, pero ocurrieron.
De niños, eran otros quienes marcaban los hitos: salir del parvulario y llegar a la escuela, hacer la comunión (esa educación católica), hacerse mayor.
Después vinieron las primeras relaciones sentimentales, el instituto, el primer trabajo, la universidad, el vértigo de la independencia.
La familia, la creación de tu propio entorno, hasta llegar a ese momento en que el tiempo —la vida—, como una bobina de hilo, deja ver sus últimas hebras.
Esperar la llegada de la próxima estación: la primavera, con su explosión de vida; el invierno, con su frío y su nieve; el otoño bucólico, con días más cortos y noches más largas; o el verano, con la llegada del solsticio, las vacaciones, el aire libre.
Beckett, en Esperando a Godot, retrata la vida como una espera vana y sin sentido, donde el ser humano espera algo que nunca llega.
«La mayor rémora de la vida es la espera del mañana y la pérdida del día de hoy», decía Séneca.
Un día soleado. Escucho los pájaros.
Y, sin embargo, Whitman me susurra al oído: «Soy amplio, contengo multitudes».
Animo y suerte.

jueves, 2 de abril de 2026

La luna


Chacal, Odessa, Los perros de la guerra. Fueron novelas que leí en la pubertad. Vuelvo a ellas. Leo, a ratos, Odessa; intentando refrescar la historia. Frederick Forsyth, publicó esta novela en 1972 y más de cincuenta años después aparece La venganza de Odessa
Escucho que han pasado cincuenta años, también, desde los viajes a la luna. Mientras, de nuevo, se vuelve a polemizar con el codo apoyado en la barra del bar, sobre si fue cierto aquel primer paso para la humanidad; Israel, raciona misiles.
Tengo que hacer un esfuerzo, mientras leo, para que mi memoria vuelva a guardar o encuentre datos sobre aquella primera lectura. Me pasa lo mismo con los módulos espaciales o las imágenes de las aventuras lunares.
Tintín también viajó a la luna. Y uno todos los pensamientos.
Los años 40-50, la investigación sobre nazis, israelitas, el V-2, el cohete que había sido desarrollado por los científicos alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Hergé, lo dijo:
«No hay hombres de la Luna, ni monstruos, ni sorpresas increíbles»
Todo eso, sin saberlo, estaba ya aquí.
Lunáticos, monstruos, hecho sorprendentes, cada día, cada hora.

— Deletree "naranja"
— ¿La fruta o el color?

Perdemos conocimiento, memoria. O, tal vez, no lo tenemos.
¿Eliminamos lo inútil, lo que no aporta?.

— Si, Ramón y Cajal.
— ¿El hospital?

Miro la estantería. Libros, discos, películas. Cajas apiladas donde conviven, seres reales con seres ficticios.
¿Vamos de nuevo a la luna para resolver el problema de la vivienda?
¿Habrá petróleo?
¿Será un buen lugar para que los Israelitas envíen a los Palestinos?
¿Podrá Europa utilizarlo para construir los centros de migrantes?
El lado oscuro de Tintín: fue representante del antisemitismo, del racismo y del imperialismo.
Norbert Wallez y Georges Remi (nombre real de Hergé), buscaban inocular en la mente de los chavales de los años 20-30 el sentimiento profascista y antisemita a través de un intrépido periodista y de su entrañable perrete. 
Todo está escrito. Lo que pasó, hace 50 años, 75 o 100, puede y debe analizarse para entender muchos de los elementos de la situación actual.
Y pensándolo bien, la humanidad en general, se ha equivocado muchas veces y se cumple inexorablemente el tropiezo en la misma mierda de piedra.

“Camaradas, se han presentado tres listas… ¡Una es del partido comunista!”, dicen unos militares sobre un estrado. “Los que se opongan a esta lista que levanten la mano. ¿Quién se declara en contra de esta lista?”, preguntan mientras apuntan a la muchedumbre con sus armas. “¿Nadie? Proclamo vencedora por unanimidad la lista comunista”
Tintín en el país de los Soviets - 1930

Animo y suerte.