martes, 10 de febrero de 2026

Ayer se fue


Doy un sorbo al café. 
Miro sin mirar y, a través de la puerta, veo un trozo de mar. Solo un trozo, como un cuadro vivo. 
Cuando alguien entra o sale hay un instante de cinemascope y alcanzo a ver la espuma de las olas rompiendo en la playa.
Hay murmullos que no llego a entender. La parte de descifrar, en mi cabeza, esta parada.
Trato de encajar, pero me he ido sin despedirme.
No estoy aquí. Sobrevuelo las palmeras, el paseo, caminantes que huyen también pero, ellos, con paso atlético y ropa deportiva.
La taza sigue encima de la mesa. Tal vez, un sorbo, como mucho dos.
El murmullo sigue ahí.
Alguien saluda. Contesto con un movimiento de cabeza y media sonrisa.
Se abre la puerta. De nuevo el mar.
Ayer, "N", dejó de existir. En los brazos de "P". Con una lista interminable de deseos por cumplir. Un día más, un día menos.
Me sobrecoge su entereza, su forma de aceptar la realidad. 
Mientras una parte de nosotros vivimos en la lucha estúpida, otros, caminan o vuelan sintiéndose frágiles, sabiéndose finitos. 
Un cambio de casa, de barrio, de ciudad o de país. Fiesta de despedida, de bienvenida.
Dejar atrás mucho de lo que nos ha conformado, para seguir otro camino. El último. Ese que nos lleva a un lugar desconocido. Nuestro "yo continuo" se convierte en el "yo que desaparece". Yo, no estaré.
Que los vientos te sean favorables, "N".
Y la puerta se vuelve a abrir. 
Animo y suerte.









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