jueves, 9 de abril de 2026

Cualquier noche puede salir el sol


Llevo días pensando en el cielo y en el infierno. Inevitablemente, pienso en gente buena y en gente mala.

Nos decían: «Los buenos van al cielo y los malos, al infierno».

Había ocasiones en las que se nos amenazaba con el fuego eterno para nuestra alma. Los pecados mortales sin confesión eran un pasaporte directo a ese lugar.

¿Recuerdas? Gente buena, buena gente.

Mis creencias religiosas dejaron de existir hace muchos años. Puede que, en el último momento, recurra a ellas y pida a algún imaginario ser superior que se compadezca de mí, de mi alma, y me lleve a un lugar donde haya gente buena, buena gente, para el descanso eterno.

Qué bonito, ¿verdad?

Descanso eterno. Un eufemismo como otro para evitar la palabra muerte.

Irse al otro barrio. Pasar a mejor vida.

No. No debo pensar con maldad. Iré al infierno.

No. No puedo desear que los malos se vayan al otro barrio o que pasen a mejor vida. ¿Mejor?

Si lo pienso, si lo deseo, ¿soy tan malo como ellos?

Mi Capitán Trueno, que tantas veces me ha acompañado en esta terapia, me mira desde el jardín con su escudo y su espada, y leo en sus labios el «vamos a vencer» que yo mismo me repito.

Dejar el seto unos centímetros más alto puede ayudar a mantenerme más alejado de la realidad.
De esa realidad en la que no existe el castigo divino para los malos,
ni un Dios vengador que defienda a las personas de ellos.

Tal vez no existan dioses así, o nuestra concepción de lo bueno y lo malo esté equivocada. La construcción de nuestra ética, de nuestra moral, ha sido errónea.

Solo hay fuertes y débiles; y tú, mierdecilla, debes ser fuerte.

No existe el cielo ni el infierno. No existe ese Capitán con el que conversas.

Mi cabeza lucha contra oscuros pensamientos.

Si el Capitán Trueno pudiera venir,
nuestras cadenas saltarían en mil,
monstruos gigantes, princesas encantadas,
el malo siempre palma, la chica se salva…

Cantaba Asfalto en el año 78.

En una noche clara y tranquila, iluminada por la luna, los invitados van llegando y van llenando la casa de colores y perfumes.

Oh, bienvenidos, pasen, pasen, ahora ya no falta nadie.
O quizás sí: me doy cuenta de que solo faltas tú.
También puedes venir si quieres; te esperamos, hay lugar para todos.
El tiempo no importa ni el espacio; cualquier noche puede salir el sol.

Y así, Jaume Sisa recibió al Capitán que llegó en skate.

Construyo un cielo. Un cielo en el que el tiempo no importa ni el espacio: cualquier noche puede salir el sol.

Ánimo y suerte.

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