domingo, 15 de marzo de 2026

Respeto


Pasan veinte minutos del mediodía. Me dejo llevar y me pongo una copa de vino. 
Si hubiera sido más temprano, tal vez, me la hubiera servido también. Aunque la hora del Ángelus, es la mejor. En Pascua, el Ángelus se sustituye por el Regina Coeli.
Vino tinto, vino blanco.
Veo que Rosalía pide disculpas. Buff. A partir de ahora te medirás, te controlarás, dejaras de ser libre de equivocarte ¿todo el rato?.
Úrsula, no. Ni ha pedido disculpas, ni se espera que lo haga. Sigue en la misma línea de peloteo estratosférico que Mark. Parece como si fuera un concurso, una competición para ganar el título de pelota mayor del universo. 
La guerra, en todos los frentes, sigue. No se porque lo llaman conflicto bélico. Eufemismos.
Lo de Gaza es guerra también, ¿no?. ¿Y lo de Ucrania?
Me viene a la cabeza lo del "respeto".
Lo he perdido. He ido dejando girones en todas las esquinas, en las curvas en las que entre derrapando y en otras que simplemente paseaba.
No respeto a Senegal. Ni a ninguno de los otros 30 países africanos que han endurecido sus leyes (más aun) contra el colectivo homosexual. Actos contra natura lo llaman.
Mientras, dejan morir a su gente en las calles y siguen alimentando un tercer mundo de mentira.
No respeto a los que no reconocen y respetan la diversidad. No respeto a los que no aceptan normas cívicas. No respeto a quien juzga con su propia vara de medir, sin tener vara y sin saber medir. A quien no sabe ponerse en el lugar del otro, a quien no escucha, quien no trata a todo el mundo como iguales.
Si, yo no respeto.
Podría seguir pero, el respeto a mi mismo, me empuja a ponerme otra copa de vino.
Esta mañana, al levantarme, repasé los temas sobre los que me gustaría escribir.
—Y tu signo del zodiaco, ¿cuál es?

Llevaba un rato con los ojos abiertos. Me había despertado en un tejado, junto a una mujer de pelo rizado y rojo, como el fuego. No recordaba su nombre o, mejor dicho, no recordaba casi nada de la noche anterior.
Las formas de las nubes me habían bloqueado.
Ella, apoyada sobre mi pecho, siguió hablando.

—Son bonitos.

—¿El qué? —dije yo.

—Tus ojos. Son azules, como el cielo.

—No —contesté—. Son azules como el mar.

Ella me miró con una mirada inmensa.

—Yo nunca he estado en el mar. ¿Me llevas?

Respeto la hora del Ángelus. Una copa de vino. Un deseo. El mar.
Animo y suerte.
 


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