Voy al baño e intento cortarme las venas con las cerdas del cepillo de dientes, mientras escucho las bobochorradas que salen de la boca de la Megaprincesa, Isabel Natividad.
¿Toma algo? o simplemente, ¿no da para más?.
No lo consigo. Aunque son cerdas duras, nada, ni una rozadura.
Encuentro la tijerita que, con escaso filo, sirve para liármela parda en los controles del aeropuerto y eliminar casi de tirón alguna vellosidad desmandada de mis orificios nasales. Pero, de sangre y herida, nada.
Lo de "Guinda" y Federico, me ponen al borde de hacer un "balconing" (estoy en el mejor lugar), aunque creo que mi sacrificio, mi martirio, de poco serviría a la humanidad que, en general, es poco agradecida.
Pego la hebra con un Caballero Legionario que me habla del flaó Ibicenco que hace su hermana y de como el arroz "a banda" se llamó así porque los pescadores lo servían "a parte" del pescado con el que habían hecho el caldo.
Me habla de hierbas Ibicencas. Las suyas, de unos 20º; pero las de Paco, "El Lejía", de 35º.
Me alecciona de como tomarlas. Despacio, no como los turistas que las toman de un trago. Hay que saborear y detectar las hasta 35 hierbas que lleva.
Y me relajo.
En cuanto vuelva a casa haré flaó "ilegal", del casero. No sé si será igual de rico que el de la hermana del Caballero Legionario, con requesón o mató, con hierbabuena y anís; pero seguro que me hace sentir bien.
Y me queda una opción más, la greixonera, con sobras de ensaimada.
Paso, que les den.
Y de fondo se escucha:
Nadie en el Tercio sabía
quien era aquel legionario
tan audaz y temerario
que a la Legión se alistó.
Nadie sabía su historia,
más la Legión suponía
que un gran dolor le mordía
como un lobo, el corazón.
Animo y suerte

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