jueves, 5 de marzo de 2026

He tocado fondo


Hoy, he tocado fondo.
Después de unas horas de trabajo de baja intensidad en el jardín, la lluvia me ha calado. 
Estaba haciendo un hoyo en el suelo. Un hoyo donde asar castañas o quemar unos troncos y sentados a su alrededor tomar algo, durante las noches de otoño.
El hoyo, no lo he terminado. No he llegado al fondo.
Alguien me ha escrito. Hemos hablado de expectativas, de gestionar la decepción.
Han vuelto muchas de las frases que como muletillas empleaba, y nunca mejor dicho, en los peores momentos me apoyaba en ellas.
He escuchado a Carles leyendo aquel, Vamos a vencer. A Juanjo y su maravilloso Duermebien Plus, tarareando la zarzamora.
Me he emocionado con alguna de aquellas Cartas que nunca enviaré.
Si, hay más, esperando el momento en que el hoyo sea tan oscuro y profundo que sirvan como escalera para salir de él.
Hay demasiado ruido y no consigo comprender muchas de las frases y actitudes que veo, que escucho.
El ciruelo y el almendro, florecen. No les importan los drones, ni las bombas, ni los misiles.
Los 21 gramos de Verónica, lo que pesa un colibrí, lo que pesa, dicen, el alma.
Aquel vestido de flores pequeñas, aquel anciano de Arrastrar los píes.
Igual que un gorrino se revuelca en una charca, yo me he rebozado de mis frases, de vuestras voces, mientras la lluvia me empapaba.
Necesitaba que mi alma no tocara fondo. Pero he decidido llevarla hasta ahí, buscando ¿consuelo?.
He repetido, murmurando, Salir de aquí.
Di mis palabras y me dieron otras. Cajones y armarios de memoria, llenos de ellas.
Ya no bailo pesadillas. Hace tiempo que deje de luchar sueños.
Miro hacia arriba. Ha oscurecido. Ya no llueve, pero me siento empapado. Barro, sangre, odio, desesperanza. He tocado fondo y solo mis palabras y vuestras voces me abrigan.
Un hoyo profundo que, tal vez, sin darnos cuenta es donde siempre hemos estado.
Esto, ¿recuerdas?.
Buenos días. Hay esperanza?

No, amigo, no tengo esperanza global. No tengo esperanza sobre esta sociedad, sobre esta humanidad.
Creo en mi plan. Ese que me fija objetivos,  que mira al futuro, que me reta cada día para que siga adelante. Que hace que cada amanecer me parezca un logro.
Mi plan, tu plan, el de muchos otros, puede ir construyendo un futuro distinto. Eso, sí puede construir esperanza.
Hemos abierto una nueva caja de Pandora, que se parece mucho a la original. Aquella que, al abrirla, extendió todos los males sobre la tierra. Y ¿sabes?, en el fondo de la caja, quedó la esperanza.
Habrá que mirar dentro, en el fondo.

Tal vez por eso, hoy, he tocado fondo buscando esperanza.
Animo y suerte.