miércoles, 1 de julio de 2020

El señor del panamá


Miércoles.
Una noche calurosa dio paso a una mañana brillante, aunque en el horizonte pudiera notarse cierta bruma.
La temperatura no bajaría, al contrario.
Aquí, sentado en este banco bajo la arboleda, se estaba bien. Había dormido bastante. Una ducha, afeitado y esa colonia fresca que le gustaba tanto. ¿Quién se la había regalado?
Un pantalón. El marrón, que es finito, y una camisa de manga corta. Calzado cómodo, daría un paseo.
Debía tener cuidado, el sol siempre le había generado problemas. Usaba sombrero habitualmente. Hoy, uno ligero, para no sudar. Tenía un panamá precioso, con una cinta marrón.
Muchos de los vecinos le conocían. Tenía edad como para que le saludaran todas las marquesinas de los autobuses, los bancos del parque y cualquier farola.
Bueno, habrá que volver. Un cafecito en la terraza y unas galletas. Leer un poco y tal vez, dormitar hasta la hora de comer.
¿Y esta calle?
No quiso entrar en pánico. Recordaba que le había ocurrido en alguna otra ocasión. Notó que sudaba más y que la boca se secaba.
¿Era a la derecha? Todo se mostró como nuevo, diferente. No podía haber andado tanto.
- ¿Se encuentra bien? ¿Necesita ayuda?
Un caballero con gafas de sol y mascarilla era quien le hablaba. Creía conocerlo. Si, lo había visto desde su terraza.
- Creo que me he desorientado.
Al llegar al portal, Julián, el portero, le saludó.
- Muchas gracias por acompañarme, no sé, me desorienté.

Isi, había tirado de mí hacia la arboleda. Se estaba bien a la sombra. Mientras ella olisqueaba y dramatizada buscando palomas y pájaros, vi al señor del panamá.
Como siempre que lo veo, te recordé a ti, papá.
Animo y suerte.
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