jueves, 21 de mayo de 2026

La cueva


Hay palabras, frases, que se quedan a vivir en alguna parte de esta desordenada mesa.
Unas, por desidia o por olvido. Otras, simplemente, porque el polvo y la humedad han creado un pegamento que el tiempo ha endurecido.
Las tapan papeles, facturas, notas y libros. Y, poco a poco, construyen un hogar o una cueva.

Me levanto, preparo un café y tomo la medicación. Veo cómo las palomas se persiguen y revolotean, mientras 3Patas ejerce de propietario, marcando con sus defecaciones cualquier lugar del jardín.
Los cactus están floreciendo. La chumbera es todo un ramo de flores y espinas.

Con el segundo café en la mano, apoyado en el quicio de la puerta, temo, tiemblo por lo que puedo encontrar al mover un papel, un rotulador o cambiar de sitio un libro.
Obsesivamente, saltaste de la mesa a mi cabeza. Como una musa inútil, me inspiras frases que no sé terminar, que no puedo terminar. Incompletas, buscan refugio en mí. Otra casa, otra cueva.

No te escondas, te veo. Sí, te veo, estás ahí.

En el borde de la mesa, el más alejado de la ventana: «Era demasiado tarde».
Cuando la vi despedirse pensé que era demasiado tarde...
Y tanto pensar, tanto asegurar la decisión, para darme cuenta de que era demasiado tarde...

Un móvil refleja la luz del sol sobre la lona que cubre la piscina. Por un momento he pensado que era un pájaro, pero, fijando la vista, compruebo que es un pájaro de luz creado por el movimiento de las ramas.

—Hoo-poo, hoo-poo-poo —repite la abubilla machaconamente.

Más tarde, cuando el sol esté más alto, seguro que puedo verla bañándose en la tierra entre el limonero y el ciruelo.
Sí, siempre es demasiado tarde.
No puedes bañarte dos veces en el mismo río; dicen que decía Heráclito.
El agua fluye y es reemplazada. Y tú, yo, el paso del tiempo, las emociones, nos cambian a cada segundo que pasa.

Ya es demasiado tarde, acéptalo.
La unidad de los opuestos. La vida da paso a la muerte y la oscuridad a la luz.
«Era demasiado tarde» podría ser el título de una canción o de un libro.

Cavaré unos hoyos para reconstruir el bosque inanimado. Unas ramas secas, con un pie de cemento, servirán de biombo a la zona de la ducha. Aún no ha llegado el verano, no es demasiado tarde.

Y en la cueva se apagó la luz.

Ánimo y suerte.

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