jueves, 21 de mayo de 2026

Desde la cueva


Sigo aquí adentro. Me asomo de tanto en tanto, pero poco.
Tomo mi medicación con los fogones. Cremas, bizcochos, ensaladas multicolores y alguna copa de vino escuchando a los pájaros.
Mañana, tal vez, unas judías salteadas con perejil y ajo. Gamba blanca y sepia bruta.

Mi yo me recomienda cocinar. Nublar el pensamiento poniendo el fuego al máximo.

Lo de querer entender por qué la Agencia Tributaria me envía cartas interesándose por mis actividades pasadas, como si fuera una novia celosa que vuelve cada seis u ocho meses a reclamarte el tocadiscos o un suéter que dejó en tu coche, de forma recurrente.
Aceptar que estamos perdiendo derechos, a sabiendas, me duele. Me llena de inquina —qué palabra tan bonita, inquina—.

Solo hay servicios de paliativos pediátricos en tres comunidades y con muy pocos recursos.
La educación, hecha unos zorros.
Pero ¿no habíamos quedado en que lo importante era la sanidad, la educación, los servicios a la sociedad?
¿Qué sociedad?

No hace mucho añoraba la pausa. El poder querer entender, observar… pero ahora se me hace tan cuesta arriba.
Pienso en apuntarme a una agencia de figurantes, de extras.
No quiero texto, ni caché.

—Usted, póngase ahí. Lea el periódico o tome un sorbo de café, pero sin ruido, que se oye todo.
—Mejor, quítese el sombrero. Abaníquese con él. Que no se le vea mucho, pero ocupe hueco.

Alguien te dice qué ropa llevar. Te maquillan. Te dan de comer y solo tienes que "estar". Nadie se entera de tu inquina, de tu mala leche, de que por dentro sigues pensando en el nombre de la persona que te envía cartas pidiéndote el suéter y nunca te envía un ramito de violetas, sin tarjeta.

Sigues leyendo el periódico que ni es de hoy, ni las noticias son ciertas.
Bebes de una taza que no tiene café, pero tienes cuidado exquisito al remover con la cucharilla el no azúcar para no hacer ruido.
Nadie tiene que saber que has salido de la cueva para matar el tiempo y llevarte 50 euros.

En 1968, Luis Matilla escribió una obra de teatro titulada "El Gigante".

"Hoy es un día de fiesta
día de inauguración
de una estatua que recuerda
al perverso gigantón.

No queremos más gigantes
que se pongan a gritar
que nosotros somos malos
cuando ellos lo son más.

Todos somos estupendos
lo podemos demostrar
pues todos somos amigos
del que tiene la verdad.

La verdad es de nuestro Alcalde
la verdad es de nuestro Juez
la verdad es de los que saben
lo que tenemos que hacer."

Todos salimos y volvemos a la cueva. 
Las violetas florecen en primavera.
Es demasiado tarde.
Animo y suerte.



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