Que si, que si. Que voy dando golpes a todo lo que se menea.
El otro día, aceptaba que las buenas ideas o incluso el sentido común (Gonzalo Renes Marañón, Jesuítico pensador) no son la solución; y hoy, leo que la razón humana es limitada (Javier Salas. El País).
Que la primera impresión es la que cuenta, y que cambiar de opinión es casi como arrancarnos la cadena de ADN y sustituirla por la de un gorrino.
"Ignoramos la realidad, los hechos, porque no se adaptan a lo que pensamos. La verdad no siempre importa."
Eso de empezar el día con un aviso de ataque de misiles, es como para que se te bloqueen todos los esfinteres.
Aquí sigue, aunque de forma muy atenuada, el rumor catalán.
Unos, renuncian. Otros, dejan el escaño. Y algunos, imitando aquel Jardín prohibido de Sandro Giacobbe, proclaman compungidos: "no lo volveré a hacer más".
Ah, por cierto. Se buscan, patriotas.
"España fichará a 2.000 hackers y expertos civiles contra las ciberamenazas".
Ojo, lo de "fichar" no es contratar, que os veo venir.
Artículo 30 de la Constitución (extracto)
Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general.
Mediante ley podrán regularse los deberes de los ciudadanos en los casos de grave riesgo, catástrofe o calamidad pública.
Pues eso. Ponga usted un hacker en su vida, con salario mínimo interprofesional.
La adversidad se ceba en personas que nunca merecerían, por muy odiosas que fueran, nada de lo que les ocurre.
La enfermedad, la maldita lotería, que una y otra vez les toca a los mismos.
Esos pequeños accidentes. que pueden resultar un mundo. Se estropea el coche, el horno, o simplemente el viento rompe un cristal.
Esa puta realidad, que hace que una persona tema que le digan algo, o peor, a sus hijos. Por hablar otro idioma o tener la piel de otro color.
La puta realidad que convierte en superheroes a personas sencillas y frágiles (como todos), que se quedan entre los humanos, porque les caemos bien, simplemente.
Esa puta realidad, que debería dar más de arena que cal.
Esa puta realidad, que nos llena de rabia, cuando nos gustaría poder hacer algo y debemos conformarnos con escuchar, con estar ahí.
Esa puta realidad, esa tozuda realidad.
No, no son tonterías. Es la guerra con la puta realidad.
Todo guerrero, todo superheroe, tiene derecho a una tregua.
El cansancio, es mucho. Pero no podrá con nosotros.
Lo conseguiremos.
“Entonces sentí una tremenda opresión en el pecho, una opresión en la que no parecía estar afectado ningún órgano físico, pero que era algo asfixiante, insoportable. Ahí, en el pecho, cerca de la garganta, ahí debe estar el alma, hecha un ovillo.”