Me siento como alguien que no creía ser. Tal vez haya sido yo el equivocado todo este tiempo. Quizá se confirme aquello de que solo somos el deseo de lo que deseamos ser. He vivido años convencido de que sentía y pensaba de otra manera.
Puede que sea la decepción ante los hechos que se suceden cada día. Los miro con desdén. Ya no hay curiosidad ni asombro. Todo me parece igual y no entiendo tanta falta de rebelión.
Compadezco a Zapatitos por su error al elegir amigos. ¿Amigos?
—No, no. Yo solo sujetaba el saco y él decía lo que había que meter dentro.
—Él era el cerebro. El culpable.
No digo que no. Pero qué feo. Sálvese quien pueda.
Y seguimos hablando de presunción de inocencia, ¿no?
Aquel amor imposible que un día sentí por Mariló (la Cospe), nuestra ruptura... y ahora resulta que también siento compasión. «Buscar indicios de criminalidad», pide el juez. Gürtel. Kitchen. Operación Catalunya. Un frenesí, en diferido.
Lo del Mundial. Uno que agradece a su Dios la victoria y se pone la gorra de «Make Spain Great Again». Claro, claro. Los deportistas no son como la Guardia Civil, la Policía Nacional o los jueces, que deben desempeñar sus funciones con imparcialidad.
¿Ves? Destilo más ironía de la habitual e incluso creo que este sarpullido que me recorre la rabadilla viene de ahí.
Lo de Mango es cada vez más alucinante. Creo que Netflix prepara una nueva serie. Ahora resulta que la ayudante de la terapeuta no titulada explica que la terapia familiar contemplaba, entre otras cosas, que padre e hijo vivieran una experiencia extrema en un barranco.
¿Te imaginas?
Infantino de piña, próximo secretario general de la ONU.
Rutte, haciendo las maletas porque llega Homer Simpson a sustituirlo.
El Tribunal Penal Internacional, a punto de convertirse en un afterWork.
Begoña y Chiquilicuatre, citados a declarar.
Los jugadores de la selección, de "la Roja", no donarán sus ganancias del Mundial, porque no llegan a fin de mes y con lo de la gorra, ya han cumplido.
Y que no se me olvide:
Y que no se me olvide:
En Ucrania y Rusia, continúa la guerra.
En Irán, también.
Israel sigue con su genocidio.
Y los incendios, y el calor.
Parezco un mandril rascándome el culo, ¡coño! Todo esto me pone de los nervios.
Yo, tan tranquilo. Tan relajado. Tan cerebral.
Ahora se me inyectan los ojos en sangre y puedo llegar a soltar espumarajos por la boca.
—Elara, yo no era así.
—Cura sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana.
Una lágrima corre por mi mejilla mientras ella me acaricia el cogote.
Animo y suerte.

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