lunes, 8 de junio de 2026

Imagino


Le cuento a ChatGPT que cociné unas manitas de cerdo.
Todos los detalles. Cuánto tiempo, con qué aromáticas y el proceso posterior.
También le hablo de piñones, carne picada de ternera, paté, ciruelas y uvas pasas.
Como si fuera mi Munshi (me siento la reina Victoria Eugenia), le explico que tengo hojaldre en el congelador y que tal vez un milhojas de manitas quedaría bien.

Añado algún detalle más. Tengo manzanas verdes y unas láminas caramelizadas; podrían quedar bien.
El milhojas debe ser fino, muy fino, y montarlo en varias capas.
Tal vez la lámina de hojaldre, rectangular o redonda, un poco más grande que la capa de manitas.

Sé que la imagen que me devolverá difícilmente podré igualarla y que su tonalidad (me refiero al color, brillo y contraste) canta más que una almeja sin refrigeración.
Antes de lanzar la petición, releo y modifico algún detalle. Apunto a un modelo circular.

Hago mi propio diseño (nunca se me dio nada especialmente bien y el dibujo, menos). Rectangular, circular, gran dilema.
Que sea circular.

Y la máquina desarrolla su magia.
Añade comentarios, sugerencias, pero se nota que son todas de "oídas". Reducciones de Pedro Ximénez, una "Tatin" invertida de manitas, estilo torre, canelón, "pastel vasco", incluso una presentación Michelin.
Pobre ChatGPT.

Por tocarle la moral (¿tendrá moral?, ¿será amoral?), le pregunto a qué huelen las nubes.
Y parece que sabe que quiero enredar.
Su respuesta empieza con un "Depende...".

—Oye, ¿y este plato? ¿Su olor? ¿Su sabor?

—Por la composición que describes, imagino un plato con una personalidad muy marcada y cambiante a medida que se acerca a la nariz.

Imagino.

Podría ser sencillo analizar las reacciones de nuestros sentidos a la hora de probar un plato.
Registrar cientos de miles de sensaciones que las papilas gustativas envían a la corteza cerebral, las que el epitelio olfativo capta y las que el tacto y la propiocepción generan con las distintas texturas.

Ella, "la máquina" (en su día le pedí crear una secretaria personal, Elara), vuelve a la idea del Pedro Ximénez. Yo, sinceramente, no lo veo.

Tengo que hacer la Bonoloto, revisar por si la Agencia Tributaria ha decidido, por fin, enviarme un ramito de violetas y darle otra vuelta al cierre de las manitas.

Tal vez una compota de manzana y jengibre.
¿Cómo lo ves?
Ánimo y suerte.
Pdta.: Sí, el Santo Padre sigue en Madrid.

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