Huele muy bien. Cada puerta que paso despide un aroma distinto. Son intensos, se quedan pegados a la nariz y llegan hasta la garganta.
No da tiempo a saborear uno cuando ya hay otro pugnando por conquistar la pituitaria y atraerte al interior.
A la vez, los climatizadores, enloquecidos, parecen dispuestos a helarte el corazón al traspasar el umbral.
Huele a despreocupación, a pérdida deseada, a «porque yo lo valgo».
Encima, los rótulos de las marcas te recuerdan que es otro mundo, un lugar donde no hace calor, donde el aire huele rico. Un lugar reservado a tarjetas de crédito sin fin, a melenas que se apartan de la cara con un movimiento casi automático. Jóvenes con acentos marcados que, seguramente, no necesitan saber que justo enfrente está el Museo Arqueológico Nacional o que la línea 28 te lleva de la Puerta de Alcalá a Canillejas.
Fuera, el calor es bochornoso. Solo caminan presurosos viandantes de deportivas y piel pintada. Los otros solo aceleran el paso para llegar al escaparate de Vuitton o Gucci. Se pierden hacia Ortega y Gasset, buscando refugio en Hermès y Cartier.
Un escaparate se llena de alcachofas de todos los tamaños. El lujo, que también grita en Saint-Tropez, tiene forma de alcachofa. Cinco mil euros tienen la culpa.
Te lo hubiera regalado, pero se agotaron.
Salto al Triángulo del Arte y una alfombra de caramelos azules nos recibe entre silbatos y reclamaciones. Una dulce venganza de Félix González-Torres.
Ya no hay perfumes ni alcachofas. El público toma caramelos y cartulinas con frases y mensajes. Al poco, el personal del museo repone existencias para que la dulzura y la venganza sigan manteniéndose.
Leo cada rótulo. Contradicciones, política, opinión. Los contrastes me abruman.
Distintos ecosistemas con distintas reglas.
«Al final, por encima de todo, se trata de dejar una marca de que he vivido: he estado aquí. He pasado hambre. He sido derrotado. He sido feliz. He sido desdichado. He estado enamorado. He tenido miedo. He tenido esperanza. He tenido ideas y buenas intenciones y por eso he hecho obras de arte».
Una dulce venganza.
Madrid me mata.
Ánimo y suerte.
Párrafo extraído de la exposición del artista estadounidense de origen cubano Félix González-Torres, «Dulce venganza». Museo Reina Sofía.

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