Todos los días se me hace un nudo, o varios, en el estómago. Por una cosa o por otra. No me hago, Maruja, yo no.
Por lo que alguien ha dicho, por algo que he leído, porque Hacienda sigue sin enviarme un ramito de violetas, porque una "nadie" me recrimina que diga que el "título de su publicación" es generalista y está preparado para que el algoritmo lo muestre por todas partes.
El seguro del hogar me lo sube sin previo aviso. Al coche le dejan de funcionar los sensores de proximidad y, para conseguir cita para su reparación, tengo que hablar y soportar durante casi veinticinco minutos a Ana, una máquina con ínfulas de ser humano.
Creo que le escribiré a Leire; empiezo a necesitar un fontanero mental.
Me siento cómodo en la cueva, pero no me dejan en paz.
Pienso en la maestra que cayó de bruces por la amable caricia de ese policía que debería irse al paro. Pienso en los alumnos de esa profesora.
Pienso en los padres de ese policía. ¿No querrán salir de casa por vergüenza?
Igual este caballero no estudió en un colegio público y, de ahí, se lía a "caricias" en cuanto sale a la calle.
Otra vez el puto nudo.
Pienso en el Papa. La pasta que se van a gastar en ese viaje.
El fútbol, la selección. ¿No sería mejor no ir? Que se metan el fútbol donde les quepa.
Mociones de censura, fiscales, jueces, que la SER ya no es la SER. Como dijo Hamlet: esa es la cuestión.
Renegamos de los judíos, de los israelíes, de los rusos, de los americanos y, si podemos, de los de Murcia, que tienen un incendio.
Todos esperando que pase algo.
Convocar elecciones, que todo salte por los aires, que Rusia invada Europa y que Lituania decida tomar Estambul. Que la persona menos esperada, tu vecino, aparezca en los papeles de Epstein o que seas tú el reconocido en los de Panamá.
Que te compres un Ferrari y se acabe la gasolina.
Que, de pronto, un día, solo existan Iker Giménez y la COPE.
Preparamos barbacoa, dulces deliciosos, vinos frescos y mucho cava para el 12 de agosto, cuando el sol desaparecerá durante 264 minutos.
El final de Los Soprano. Fundido a negro y se acabó. Podría ocurrir, y no, no me hago.
¿Y una copa de vino, Tony?
Ánimo y suerte.
