martes, 9 de junio de 2026

La paloma


Ha salido un día fresquito, peleando a contracorriente con las predicciones.

Una larga caminata hasta el mar o dejar que pase el tiempo repasando con la mirada el movimiento de las ramas de los árboles.
He leído algunas noticias, casi nada nuevo. Donald (el pato no, el otro) en su línea descerebrada, insolente y, cada día más, repulsiva.
Los casos judiciales, las agendas de fontanero, las elecciones en países del otro lado del charco, los problemas en el sector de la educación, las víctimas de abusos y el viaje del Santo Padre. Pero, por encima de todo, el Mundial.

Escribo un párrafo y me cuelgo de las ramas del pino piñonero más grande. Tengo que salir. Se parará el aire y acabaré agotado y chorreando sudor.

Hay una paloma o una tórtola (no las distingo) que anda a trompicones por el jardín. Tal vez 3Patas sea el culpable de su maltrecha situación. Sus compañeras le traen comida y ella se coloca en el claroscuro de la entrada. Pasea, se detiene, picotea algún pequeño insecto o alguna semilla y hace un amago de revoloteo con un frustrante aterrizaje. Puede que esté enferma. Hoy no la veo.

Me viene a la cabeza aquel poema de Alberti, «La paloma», y repito mentalmente:

Que las estrellas, rocío;
que la calor, la nevada.
Se equivocaba.

Que tu falda era tu blusa;
que tu corazón, su casa.
Se equivocaba.

(Ella se durmió en la orilla.
Tú, en la cumbre de una rama.)

¡Sí!, ¡ahí está!
Hoy no hay funeral.

Ánimo y suerte.





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