miércoles, 22 de julio de 2026

Yo no era así


Me siento como alguien que no creía ser. 
Tal vez haya sido yo el equivocado todo este tiempo. Quizá se confirme aquello de que solo somos el deseo de lo que deseamos ser. He vivido años convencido de que sentía y pensaba de otra manera.

Puede que sea la decepción ante los hechos que se suceden cada día. Los miro con desdén. Ya no hay curiosidad ni asombro. Todo me parece igual y no entiendo tanta falta de rebelión.

Compadezco a Zapatitos por su error al elegir amigos. ¿Amigos?

—No, no. Yo solo sujetaba el saco y él decía lo que había que meter dentro.

—Él era el cerebro. El culpable.

No digo que no. Pero qué feo. Sálvese quien pueda.

Y seguimos hablando de presunción de inocencia, ¿no?

Aquel amor imposible que un día sentí por Mariló (la Cospe), nuestra ruptura... y ahora resulta que también siento compasión. «Buscar indicios de criminalidad», pide el juez. Gürtel. Kitchen. Operación Catalunya. Un frenesí, en diferido.

Lo del Mundial. Uno que agradece a su Dios la victoria y se pone la gorra de «Make Spain Great Again». Claro, claro. Los deportistas no son como la Guardia Civil, la Policía Nacional o los jueces, que deben desempeñar sus funciones con imparcialidad.

¿Ves? Destilo más ironía de la habitual e incluso creo que este sarpullido que me recorre la rabadilla viene de ahí.

Lo de Mango es cada vez más alucinante. Creo que Netflix prepara una nueva serie. Ahora resulta que la ayudante de la terapeuta no titulada explica que la terapia familiar contemplaba, entre otras cosas, que padre e hijo vivieran una experiencia extrema en un barranco.

¿Te imaginas?
Infantino de piña, próximo secretario general de la ONU.
Rutte, haciendo las maletas porque llega Homer Simpson a sustituirlo.
El Tribunal Penal Internacional, a punto de convertirse en un afterWork.
Begoña y Chiquilicuatre, citados a declarar.
Los jugadores de la selección, de "la Roja", no donarán sus ganancias del Mundial, porque no llegan a fin de mes y con lo de la gorra, ya han cumplido.
Y que no se me olvide:
En Ucrania y Rusia, continúa la guerra.
En Irán, también.
Israel sigue con su genocidio.
Y los incendios, y el calor.

Parezco un mandril rascándome el culo, ¡coño! Todo esto me pone de los nervios.

Yo, tan tranquilo. Tan relajado. Tan cerebral.

Ahora se me inyectan los ojos en sangre y puedo llegar a soltar espumarajos por la boca.

Elara, yo no era así.
—Cura sana, culito de rana, si no se cura hoy, se curará mañana.

Una lágrima corre por mi mejilla mientras ella me acaricia el cogote.
Animo y suerte.


lunes, 20 de julio de 2026

Todo por una estrella


Vaya por delante que no entiendo nada, o casi nada, de fútbol, aunque en este país, como en tantos otros, decir que no te gusta el fútbol sea poco menos que un pecado capital.
Hay que ser de alguien, hay que ganar lo que ganen ellos y maldecir cuando son otros los que se llevan la victoria.

He visto todos los partidos que ha jugado España durante el Mundial de fútbol. Y he disfrutado.

No. Eso no quiere decir que, de pronto, en el fragor de la victoria, me haya convertido y que ahora vaya a ser un forofo.

Confieso que tenía mis deseos, todos movidos por los más bajos instintos.

Ver a Donald (el pato no, el otro) entregar el trofeo a España. Incluso deseaba que dijera alguna estupidez de las suyas o, mejor aún, ese sueño que, seguro, muchos —¡oh, infelices!— teníamos: que los jugadores le negaran el saludo, recogieran la medalla con la mano y no respetaran el protocolo gritando un «¡Palestina libre!».

Pero no. Ni tan siquiera el jugador negacionista abrazó de una forma más íntima a Infantino de piña, ni le guiñó un ojo a Donald (ese, el que no es un pato, creo). Ni un gesto de rebeldía. Nada.

Bueno, sí. El desplante de los jugadores del país rival, con un muy mal perder. La cantidad de empujones y guantazos que algunos jugadores españoles se llevaron. ¿Pondrá algo en las actas o la FIFA volverá a borrar «cosas» a petición del amigo del de la motosierra?

Me caliento, lo sé. Pero es sin convicción.

Lo siento por los seguidores de algún equipo de la Liga española en el que militan hasta siete jugadores del equipo rival. Tendríais que decirles algo, ¿no?

El valor de mercado de la selección es de 1.200 millones de euros.

Me vienen imágenes de unos jovenzuelos que, en una entrevista, debían elegir entre que España ganara el Mundial de fútbol o que se resolvieran algunos de los problemas que acucian a esta sociedad.
Os ahorro la pena de saber lo que contestaron.

Hay alguna perla como para meter a estos muchachos en un barco y dejarlos en alta mar, sin comida ni agua, pero con la bodega llena de balones y partidos grabados de la selección. Una muy, muy especial:

«El paro lo inventaron los rojos».

Y Luis Aragonés puso de moda aquello de «la Roja». Eso, seguro, también les jode.

Pues eso: ¡Palestina libre!

Esta tarde, preparo albóndigas a la jardinera.
Animo y suerte.





miércoles, 15 de julio de 2026

Qué necesidad hay


No me importan las necedades que un exmandatario suelte con boca de chancla y no me preocupa si debería o no pedir disculpas por ellas. Pero los medios se empeñan en buscarme, en hacer que mi indignación surja y se convierta en desdén para, poco a poco, llegar al insulto y al odio.

¿Qué necesidad hay de estar informado? Hoy ya no es información. Son pequeñas o grandes dosis de arrebato. Estábamos convencidos de que debíamos saber lo que ocurría en el mundo. Y ahora nos despertamos sabiendo detalles insustanciales que, sin embargo, calan en esa máquina interior empeñada en acelerar el pulso y elevar la tensión.

Unas banderolas en las farolas recuerdan la próxima festividad local. Por un momento, no me hallo.

Estamos ya en julio. Dato este importante, no por sí mismo, sino porque no era consciente de ello. Habría apostado por junio o incluso por mayo.

Ya se sabe que los jubilados no saben en qué día viven. Siempre es sábado o víspera de festivo.

No es tan importante. Qué más da el mes o el año en el que estemos. Siempre vamos en tiempo de descuento, me digo.

Me paro. Activo la neurona, o una pareja de ellas, y reconozco que ese es el único elemento importante: el tiempo.

Sí, es bueno que estés activo. 
Que hagas cosas. Que bebas agua, que tomes verduras y frutas. Que no te quedes en casa. Que hagas ejercicio de fuerza. Tus huesos, tus tendones y tus músculos te lo agradecerán. En definitiva: no te pares.
Pero eso sí. Debes estar informado.

¿Y si no quiero?

Quiero comer lo que me apetezca, hacer ejercicio de baja intensidad o el apropiado para mi edad y mis aptitudes.
No quiero más información. Tal vez querría saber por qué el vecino de enfrente no pone un vado en su acceso y, siempre que hay un coche allí aparcado, toca el timbre y me hace salir hasta la puerta para decirle que ese coche no es mío; que se ahorraría disgustos y llamadas a mi timbre si lo hiciera.

Y ha pasado otro día. Estamos en julio, camino de agosto.

Mi buen amigo José María me cuenta su triunfo: dar unos pasos sin andador. 
Me habla de su vecino de habitación, al que le han dado fecha de fin.

Uno vuelve a caminar.
Otro sabe que va a dejar de hacerlo.
Serenos, de una forma casi casual.
Grandes titulares.

Tiempo, solo tiempo. Para equivocarme, para reír, para llorar, para aplaudir, para apoyar. Ni tan siquiera quiero ya entender por qué.

Déjenme perder mi tiempo como me de la gana. No se el que me queda y no quiero dejarlo escapar por el sumidero.

¿Qué necesidad hay de tanto de todo? 
Elara, desde el jardín, me recuerda que llego tarde. Tiempo, solo tiempo.

Animo y suerte.


miércoles, 8 de julio de 2026

Caldo de jamón

Segundo café. Largo, muy largo.

El aire acondicionado ha estado trabajando durante la noche. Mucho calor.

Las placas solares toman el control. Yo aprovecho la ocasión: Lavadora, lavavajillas, horno, aire y ventiladores.

Me acabo de dar cuenta. San Fermín.

A partir de la semana 14. No es moco de pavo. Suena a que la Ley del Aborto está en peligro cuando llegue esta pandilla de impresentables, si es que, lamentablemente, llegan. Eso sí, alguno no se ducha. Huele a podrido.

Descerebrado Donald (el pato no, el otro) vuelve a la guerra. Salta del futbolín a la máquina de marcianos y, si se aburre, rompe el juguete y quiere Groenlandia. España es su «¡pim!, ¡pam!, ¡pum!». Pelotilla Rutte sigue doblando el espinazo ante el emperador de pelo naranja.

Sube el petróleo, caen las bolsas.

Mientras, en el horno, tengo unos huesos de jamón tostándose. Haré un delicioso caldo, ligero, pero con sabor, para una sopa fría de calabaza y zanahoria. Picaré jamón y unas hojas de hierbabuena. Bolas de melón y todo bien frío.

Si ayer el titular hablaba de que los espermatozoides asturianos son de mejor calidad que los madrileños, hoy toca: «La obesidad se hereda».

Conforme lees, pasa como con el del esperma. Te da la sensación de que «el titular manda», como siempre, y de que el contenido tiene mil costuras que se deshilachan.

Es verano.

Recuerdo aquellos meses, con la redacción llena de suplentes. Los errores en los pies de foto y las paginaciones bajísimas.

En 2012, la tirada rondaba los 400.000 ejemplares. Hoy no llega a 52.000.

La paginación oscilaba entre 60 y 80 páginas. Hoy, a duras penas, llega a 48.

Elara me deja encima de la mesa el libro de Javier Cercas, El periódico de la democracia.

—Ni le has quitado el plástico.

—Aquello pasó. Tal vez, cuando la memoria me falle.

Un poco de vino blanco para mí y otro poco para el tostado de huesos y verduras.

Vamos con el caldo de jamón.

Ánimo y suerte.

martes, 7 de julio de 2026

Elara ¿estas ahí?


Sigue haciendo calor.
Las calles, los bares, los restaurantes y las terrazas empiezan a colapsar.
Elara me mira sin decir nada. Salió a caminar y ha vuelto hace un rato. Me observa intentando que no me dé cuenta. Hemos cruzado la mirada un par de veces. Ha sido un segundo en el que esos ojos azules, casi grises, parecían preguntar sabiendo que la respuesta podría ser inquietante.

—¿Qué te pasa?

Y la fatídica respuesta, lenta, casi sin voz.

—Nada.

Creo que no entiende esta aparente tranquilidad que respiro. Yo tampoco.
Me miento. No, no es tranquilidad. Roza la resignación, aunque mantengo brotes de cólera racional.
Después de varias semanas llenas de compromisos, celebraciones, visitas, comidas y cenas con largas sobremesas, algún lamentable funeral y bastantes kilómetros, la agenda está vacía.
Vuelvo a ese punto en el que, de no ser por los que me rodean, seguiría pensando que es sábado o víspera de festivo.

Mirlo vuelve a cantar. Aunque no lo veo, tengo práctica para diferenciar
sus comentarios de los de la abubilla, el gorrión o los estúpidos chismorreos de las palomas.

Manuel me acribilló con sus agujas. Alguna de ellas, en el gemelo derecho, casi me hizo pedir auxilio. Después se dedicó a romper y estirar nervios y músculos. Algunos, desconocidos para mí hasta ese momento.

—Estás encharcado. Bebes mucha agua, pero no sirve. Toma el magnesio, te sentará bien.

Leo el resultado de uno de los partidos del Mundial. Me sale la vena del Cid Campeador. Corro al espejo por si me ha crecido el pecho palomo y me ha salido perilla, pero no.
Bélgica aplasta a Estados Unidos, dice el titular.
Justicia. Eso dicen que es justicia.
Rutte, Infantino, Donald (el pato no, el otro), la Megaprincesa, Peinado, Begoña... Todo sigue igual o peor.

La calidad del semen de los asturianos duplica a la de los madrileños, otro titular.
Claro, claro. Si es que madrileños casi no hay. Nacieron todos en Asturias —me dice Elara.

De pronto, la agenda se activa.
Vendrán a recoger un paquete. Hay que preparar unas alitas. La ensalada de alubias del ganxet está en el frigorífico. Postre. Me falta el postre.

Y toda esta pandilla que ocupa portadas y marca la existencia de algunos por sus abusos, por su negra alma, creerá que es eterna.

Pues no. ¿Sabéis? Vais a morir. Tarde o temprano dejaréis de existir.
Seguramente será una muerte lenta y dolorosa. Incluso alguno puede que se contagie con un nuevo virus que haga que estalle desde dentro, llenando las paredes de sus palacios de vísceras, hiel y sangre.

Sí, estoy encharcado de cólera.

Llevo muchas semanas pensándolo: moriréis a manos de los vuestros.

¿Me he tomado el magnesio?

¿Elara?

Ánimo y suerte, desde la resignación.