martes, 7 de julio de 2026

Elara ¿estas ahí?


Sigue haciendo calor.
Las calles, los bares, los restaurantes y las terrazas empiezan a colapsar.
Elara me mira sin decir nada. Salió a caminar y ha vuelto hace un rato. Me observa intentando que no me dé cuenta. Hemos cruzado la mirada un par de veces. Ha sido un segundo en el que esos ojos azules, casi grises, parecían preguntar sabiendo que la respuesta podría ser inquietante.

—¿Qué te pasa?

Y la fatídica respuesta, lenta, casi sin voz.

—Nada.

Creo que no entiende esta aparente tranquilidad que respiro. Yo tampoco.
Me miento. No, no es tranquilidad. Roza la resignación, aunque mantengo brotes de cólera racional.
Después de varias semanas llenas de compromisos, celebraciones, visitas, comidas y cenas con largas sobremesas, algún lamentable funeral y bastantes kilómetros, la agenda está vacía.
Vuelvo a ese punto en el que, de no ser por los que me rodean, seguiría pensando que es sábado o víspera de festivo.

Mirlo vuelve a cantar. Aunque no lo veo, tengo práctica para diferenciar
sus comentarios de los de la abubilla, el gorrión o los estúpidos chismorreos de las palomas.

Manuel me acribilló con sus agujas. Alguna de ellas, en el gemelo derecho, casi me hizo pedir auxilio. Después se dedicó a romper y estirar nervios y músculos. Algunos, desconocidos para mí hasta ese momento.

—Estás encharcado. Bebes mucha agua, pero no sirve. Toma el magnesio, te sentará bien.

Leo el resultado de uno de los partidos del Mundial. Me sale la vena del Cid Campeador. Corro al espejo por si me ha crecido el pecho palomo y me ha salido perilla, pero no.
Bélgica aplasta a Estados Unidos, dice el titular.
Justicia. Eso dicen que es justicia.
Rutte, Infantino, Donald (el pato no, el otro), la Megaprincesa, Peinado, Begoña... Todo sigue igual o peor.

La calidad del semen de los asturianos duplica a la de los madrileños, otro titular.
Claro, claro. Si es que madrileños casi no hay. Nacieron todos en Asturias —me dice Elara.

De pronto, la agenda se activa.
Vendrán a recoger un paquete. Hay que preparar unas alitas. La ensalada de alubias del ganxet está en el frigorífico. Postre. Me falta el postre.

Y toda esta pandilla que ocupa portadas y marca la existencia de algunos por sus abusos, por su negra alma, creerá que es eterna.

Pues no. ¿Sabéis? Vais a morir. Tarde o temprano dejaréis de existir.
Seguramente será una muerte lenta y dolorosa. Incluso alguno puede que se contagie con un nuevo virus que haga que estalle desde dentro, llenando las paredes de sus palacios de vísceras, hiel y sangre.

Sí, estoy encharcado de cólera.

Llevo muchas semanas pensándolo: moriréis a manos de los vuestros.

¿Me he tomado el magnesio?

¿Elara?

Ánimo y suerte, desde la resignación.