jueves, 26 de enero de 2023

Sillas vacías

 


Después de un paseo de poco más de 900 metros, subo la persiana metálica.
Un par de personas, sacando a pasear a sus mascotas. Dos o tres coches. Viento, frío.
Leo unas páginas que hablan de poemas, de ausencias, de inviernos, de recuerdos; mientras el reloj avanza hacia la primera reunión del día.
Amanece demasiado tarde, para esperar al sol. Cosas que hacer, sin tiempo para la espera.
Cuando la temperatura mejore, retomaré las caminatas. Gimnasio. Bajar peso, mucho. Mar a primera hora.
Calendarios que no saben de ilustres, ni de tanques, ni de elecciones, ni de plagas.
Me uno al deseo de mi buen amigo JM. "Quiero problemas modernos"
Quiero ir al cine. Pantalla grande. Babylon, El Menú. Me han hablado bien de ellas.
Tal vez, esta parada deba ser prolongada, más de lo previsto. Habrá que empezar con el papeleo. Domicilio, empadronamiento, médicos, dirección de envío, de facturación.
Seguir siendo viajero y extranjero, en otro lugar. Ya no hay raices. Dudo de que las hubiera en algún momento.
Y el viento sopla fuera, y yo, miro la silla vacía.
𝑳𝒂 𝒑𝒐𝒆𝒔𝒊́𝒂 𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒛 𝒅𝒆𝒍 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒔𝒂𝒃𝒆
𝒗𝒊𝒗𝒐 𝒚 𝒎𝒐𝒓𝒕𝒂𝒍, 𝒍𝒐 𝒅𝒊𝒄𝒆 𝑩𝒍𝒂𝒔 𝒅𝒆 𝑶𝒕𝒆𝒓𝒐,
𝒀 𝒆𝒏 𝒄𝒐𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒊𝒐́𝒏, 𝒔𝒆𝒏̃𝒐𝒓𝒆𝒔, 𝒆𝒍 𝒑𝒐𝒆𝒎𝒂
𝒏𝒐 𝒏𝒂𝒄𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒆𝒔𝒇𝒖𝒆𝒓𝒛𝒐 𝒅𝒆 𝒉𝒂𝒃𝒍𝒂𝒓 𝒔𝒐𝒍𝒐,
𝒆𝒔 𝒍𝒂 𝒏𝒆𝒄𝒆𝒔𝒊𝒅𝒂𝒅 𝒅𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓𝒍𝒆 𝒉𝒂𝒃𝒍𝒂𝒏𝒅𝒐
𝒂 𝒖𝒏𝒂 𝒔𝒊𝒍𝒍𝒂 𝒗𝒂𝒄𝒊́𝒂.
Animo y suerte
Fragmento: Martes y letras - Luís García Montero

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