domingo, 1 de enero de 2023

Derrapando



Llevo ya unas horas escribiendo mis propósitos para este nuevo año.
𝑃𝑖𝑛𝑜𝑐𝘩𝑜, 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑟𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑃𝑖𝑛𝑜𝑐𝘩𝑜. 𝑇𝑢𝑠 𝑝𝑟𝑜𝑝𝑜́𝑠𝑖𝑡𝑜𝑠, 𝑠𝑜𝑛 𝑠𝑖𝑚𝑝𝑙𝑒𝑠 𝑑𝑒𝑠𝑒𝑜𝑠, me digo.
Volver a cocinar, volver a hacer deporte, volver a hacer pan, volver a leer, a escribir, volver a escuchar música... Volver.
El ordenador me informa que aunque su batería esta al 100%, debo sustituirla. Si lo desconecto del enchufe, hace como un pequeño gemido y se apaga.
Así terminé el año. Cargado de energía, pero derrapando en todas las curvas. Notando un cansancio brutal. Deseando dejarlo todo, pero sabiendo que no puedo hacerlo, porque me gusta y he decidido que mi vida se resume en moverme "𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨 𝐥𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐦𝐞 𝐝𝐞𝐧 𝐥𝐚𝐬 𝐚𝐥𝐚𝐬" (se avecina nuevo tatuaje).
Como dice un buen amigo:
¿Cómo estas?
Yo: ¡Hasta arriba!
O sea, ¡en tu salsa!
La salida de Madrid, la mudanza. Reorganizar Espacio A13 y crear un nuevo Espacio A13 "al cuadrado". Las chicas, iniciando nuevas actividades. Tu a Londres, yo a California.
Viajes, al norte, al sur, arriba, abajo; y tengo pendiente volver a Portugal.
Ha habido cosas que he tenido que aparcar. ¿Renunciar a ellas? No, ni hablar.
He puesto un recopilatorio de música navideña, un caldo brutal, con carne, huesos y verduras tostados al horno y un buen chorretón de vino Godello, para hacer una sopa reconfortante con tapioca y fideos.
Las patatas cocidas, chafadas con ajos y grasa del confit de pato, me esperan para la hora de la comida. Un golpe de grill con los muslos de Donald, el pato, descansando sobre las patatas crujientes.
He cambiado el postre. Unas fresas con cardamomo y vainilla, envasadas al vacío.
Habrá turrones, barquillos rellenos y cava, naranja confitada con chocolate; y si, entrantes que tal vez hagan que no comamos nada más.
Me invadirá la melancolía por los que no están. Por los que no volverán y por los que ya casi no recuerdo por propio deseo.
Pensaré en la buena gente que pelea por un año más, o por un mes. Pensaré en los que se sintieron felices y en los que se embargan de tristeza, sin fuerza para mirar un amanecer, porque las cosas no van bien.
Hoy, me escribo una carta a mi mismo, despidiendo un año y recibiendo al nuevo
Ni tan mal ¿no?
Habrá más libros, de cocina, de cartas, de Ítaca, de Santa Paciencia, de recuerdos, de palabras bonitas. De cafés buscando el mar.
Habrá noches de insomnio, y amaneceres derrapando.
Tienes/tengo 365 días por delante para seguir haciendo lo que quieres hacer.
Ayer, escribí:
𝐓𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐞𝐨 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫 𝐝𝐞 𝐥𝐨 𝐦𝐞𝐣𝐨𝐫, 𝐩𝐚𝐫𝐚 𝐞𝐥 𝐧𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐚𝐧̃𝐨.
𝐏𝐫𝐨𝐲𝐞𝐜𝐭𝐨𝐬 𝐥𝐨𝐜𝐨𝐬.
𝐕𝐢𝐚𝐣𝐞𝐬 𝐟𝐚𝐧𝐭𝐚́𝐬𝐭𝐢𝐜𝐨𝐬.
𝐀𝐦𝐨𝐫𝐞𝐬 𝐥𝐥𝐞𝐧𝐨𝐬 𝐝𝐞 𝐚𝐧𝐬𝐢𝐚 𝐲 𝐮𝐧𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚 𝐟𝐞𝐥𝐢́𝐳.
Pues eso. Amén.
Voy a cambiar la batería, para seguir derrapando, y tu que lo veas.
Animo y suerte.

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