Pronto, muy pronto, me he levantado.
Ropa cómoda, unas deportivas y café.
Leo varios periódicos digitales. Nada especial. Se repiten, a izquierda y derecha, los "yo no supe", los "no sé de qué me habla" y los olvidos, como si hubiera una pandemia de Alzheimer. Da igual hacia dónde mires. Izquierda, derecha o justicia.
Dos neurotransmisores a punto de activarse y que abrirán canales en las neuronas de muchos.
Venga de iones positivos para que se despolarice la célula (se vuelve menos negativa por dentro) hasta alcanzar un "umbral" de excitación. O sea, chute de glutamato o de acetilcolina para sentirnos a tope: la visita del Papa y el Mundial.
Rezar tres rosarios y entrar en éxtasis para después querer destrozar a los de Cabo Verde, Arabia Saudí y Uruguay, pero con el rosario en la mano.
«¡Me ahogo, me ahogo, me ahogo en este albañal y me duele España en el cogollo del corazón!», dijo Unamuno.
Salir de la cueva y caminar hasta el mar. Aunque duelan los gemelos, aunque haya que parar a estirar cada dos o tres kilómetros.
La pastilla de la tensión hará su trabajo y habrá que buscar alguna "parada" para que la vejiga se relaje.
Durante el trayecto no podré evitar pensar en el ramito de violetas que me gustaría recibir de la Agencia Tributaria o en ese mensaje de Loterías en el que me comunican que he ganado 2,5 millones de euros, en vez de 2,5 euros.
Tendré tiempo para pensar qué haremos hoy para comer, me pararé frente a alguna propiedad y calcularé lo que costaría reformarla y convertirla en un club social.
Quizás valore la posibilidad de apuntarme al gimnasio, o de no hacerlo.
Me detendré por dolor, por cansancio y, con desencanto, miraré ese trote "cochinero" de otros que cada día me cuesta más alcanzar.
Sí. Cada vez es más difícil conversar, incluso confrontar con alguien de forma abierta. Ya no sé quiénes son los míos.
Igual podría rezar el rosario, o ver los partidos del Mundial. Podría dejar de ser lobo con artritis para ser oveja (borrego).
Lo mejor será reflexionar sobre una frase que leí en algún lugar y que cada vez excita más a mis neuronas: «Toma agua bendita, y al final te convertirás en creyente».
Ánimo y suerte.

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