lunes, 25 de noviembre de 2019

Un día y otro


Lunes.
Me enseñaron ya desde pequeño a interesarme por las personas.
Me enseñaron que "estar", a veces, es la mejor empatía.
Me enseñaron a aceptar un silencio, incluso casi aprendí a entenderlo. Me enseñaron a escuchar.
Me enseñaron a decir lo que pienso. Me enseñaron a "sentir" aunque doliera.
Me enseñaron a no reprimir una lágrima. Me enseñaron a compartir mi pena, para poder acompañar en la de otros.
La vida y los años me dieron más enseñanzas. Algunas entraron con sangre, otras con lágrimas. Muchas por error, y otras por bondad y paciencia de los que tenía cerca.
Me enseñaron, aprendí, aprendo.
Cada día algo nuevo se mezcla con mi propia piel, me construye o me reconstruye un poco más.
Cada día me destruyo para volverme a construir.
Si modificamos la circulación sanguínea con un masaje sobre un músculo, influimos directamente sobre nuestro corazón. Masaje, músculo, sangre, corazón.
Algo me enseñaron también sobre el alma.
El corazón de las emociones y los sentimientos.
Tristeza, miedo, hostilidad, frustración, ira, desesperanza, culpa, celos, felicidad, humor, alegría, amor, gratitud, esperanza, compasión, sorpresa.
Lástima. ¡Qué frustrante! No aprendí a dar un masaje al alma.

* "Ya no contesto, no tengo ganas de explicar
Que uno se calla cuando se ignora la verdad
La transparencia
La paciencia
El sueño y el dolor
Hacen amigos de los que yo tengo uno o dos.
Un día y otro".

Aquí estoy, y no dejo de aprender y escuchar.
Animo y suerte.
* Fragmento de "Un día y otro" de Antonio Vega.

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