lunes, 7 de marzo de 2022

Camino a Ítaca (XIV)



Los pronósticos eran de nubes y lluvia. Nada más lejos de la realidad.
El sol salpica Santa Maria da Feira con su castillo, monumento nacional desde hace más de un siglo y los jardines de su quinta.
Camelias, secuoyas, hayas, cedros, hiedra, plátanos, una tuya gigante y arces japoneses, alcornoques, avellanos, limoneros, naranjos y robles, se mezclan como si hubiera una fiesta de árboles y arbustos. Un paseo cadencioso, para recoger ramas, flores y algún que otro membrillo.
Un lago y una extraña gruta, en la que se puede imaginar aquella princesa, muerta de amor por un caballero andante que nunca vendrá a su encuentro.
Pasamos por Ovar, camino del océano. Dejamos cientos de fachadas de azulejos y restos del carnaval para que las gaviotas nos guíen hasta Foradouro.
Otra vez, el bravo, el rugiente océano.
Llegamos tarde a comer y por ignorancia, y ganas de riesgo y aventura, acabamos tomando un arroz de tamboril en el que el susodicho no ha llegado ni se le espera, y en su lugar hay una fiesta de langostinos y tremendos trozos de surimi.
Llenos de arroz, volvemos a Costa Nova para el atardecer. Seguimos con ganas de más y continuamos la carretera hacia Vagos, Vagueira, hasta llegar a Mira.
Una imagen. Como si el mundo fuera otro, como si simplemente esa hamaca que cuelga al borde del lago, pudiera borrar todas las torpezas, toda la estupidez humana, aquí y ahora. No hay más.
La cena, magnífica, a los pies del faro. Y como no, volviendo a buscar el rugido de ese maravilloso océano.

domingo, 6 de marzo de 2022

Camino a Ítaca (XIII)

 


Ha vuelto a ocurrir.
De este a oeste, sin importarle quien arrasa ciudades o si los cadáveres yacen en las calles.
Un sabor agridulce que no nota.
Sube hasta los más alto, peleando con las nubes para contraponerse a su indolente amor, haciendo que la marea descienda y su calor nos reconforte.
No he querido ver como te levantas. Se que estas ahí, entras por los ventanales y lo inundas todo. No, no quiero llorar.
Ahora, mientras leo las noticias y escribo en mi camino a Ítaca, me gustaría que todo fuera una gran mentira, como los duelos al amanecer del antiguo oeste.
Una película de alto presupuesto en la que miles de extras recorren campos anegados por las bombas. Otra gran mentira como que Disney está congelado, o que la ensaladilla rusa viene de allí, o que Francia es el origen de la tortilla francesa.
Quiero que sea mentira, para poderte mirar cuando amaneces y cuando te escondes, sin vergüenza de mi especie y de mi mismo.
Quiero una mentira, solo una; para salir a la calle y respirar profundamente sintiéndome frágil por mi propia vida por mi existencia, sin sentirme amenazado.
Quiero equivocarme, quiero tropezar, sin que nadie me confunda o me empuje.
Quiero sentir mi mirada limpia, quiero que el odio no se me enganche en la boca del estómago.
Entre las cortinas, imagino a las gaviotas y flamencos buscando su desayuno.
Seguiré caminando, con rabia, con odio, pensando en ese duelo al sol y en que una bala o un derrame cerebral, tal vez, acabara con todo.

sábado, 5 de marzo de 2022

Camino a Itaca (XII)



Nada dura, nada está completado y nada es perfecto.

Todo aquello que despierta una serena melancolía. Paz, armonía y equilibro.
Volvemos a Itaca. Nieve aun en las montañas, hasta llegar a la planicie.
El viento peleón nos recibe frío, muy frío.
Isi, nerviosa con el viaje. Todo es nuevo, necesita oler, moverse. Está inquieta.
Costa Nova y sus casas rayadas nos recibe con nubes. Justo entre la ría y el océano que poco a poco se deja oir bravo, ruidoso y llenando de espuma la orilla.
Observo el cielo como si fuera distinto, lo es.
Flamencos y aves de la ría sobrevuelan el agua, buscando comida.
La casa amarilla, sigue en su sitio. Nos sigue esperando.
Comemos tarde, pero con una hora menos lo equilibramos.
Amabilidad a raudales. Pocos sitios abiertos, dando un toque que, yo pinto, de decadencia.
Las chicas están encantadas, se les nota contentas por ellas y por nosotros.
Isi, se mueve entre los eucaliptos cerca del lago.
- Vamos, hay que ver atardecer.
Mucho frío, aire, viento que acompaña al rugido de un océano que me pregunta:
¿Dónde estabais?
Las veo correr hacia la orilla, esquivando el oleaje. Enmarco mentalmente, como si de una marina de Sorolla se tratase.
Las nubes pelean con el sol al esconderse. Sigue siendo bello.
El cilantro en la cena, me devuelve a los recuerdos de Oporto, Lisboa, Sintra, Cascáis, Nazaret, Peniche...
Tras el descanso, Aveiro espera.
Itaca, hola, estoy aquí.
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jueves, 3 de marzo de 2022

Miedo al miedo

 


A veces es necesario caminar. En silencio, intentando atenuar cualquier sonido que nos rodee.
Buscar esas ventanas de los edificios, por encima de los locales comerciales, dejando que la mirada lentamente llegue a las cornisas de los tejados y el cielo azul.
Lentamente, un paso, otro y otro más. Esquivando baldosas, en la acera, que no aceptaron el equilibrio y decidieron saltar de la uniformidad.
Automóviles, furgonetas de reparto, camiones, autobuses, incluso coches de policía o ambulancias, enmudecen. Solo algunas luces parpadeantes demuestran la urgencia, pero a cámara lenta, como mis pasos.
Una papelera, llena a rebosar, quiere vomitar su inmundicia. Un niño, se suelta de la mano de la seguridad y el orden, tropieza y cae. Solo sus gestos y su cara, demuestran el susto, el dolor de la caída.
Perros olisqueando la postiza hierba, tiran de las correas paseando a sus mascotas.
No hay corrillos, no hay grupos de personas. Tal vez dos o tres, más o menos juntas, esperando la luz verde al borde de la marea.
Solo un murmullo, tenue, cada vez más tenue.
Ha refrescado. El sol, casi primaveral, miente.
Intento pisar solo sobre las rayas blancas, seguro que es lo correcto. Me cruzo con alguien que, torpemente, hace equilibrios paso a paso intentado lo contrario, no pisarlas.
Una joven me adelanta con disfraz deportivo, mientras suelta bocanadas de humo y mueve los labios, como si hablara por su teléfono móvil.
Nada, ya no se oye nada.
Jardines, camino de tierra y graba insertado entre setos; una marquesina con una pareja de ancianos, congelados como una escultura urbana. El anuncio de una película por estrenar, otra persona, animal o cosa.
Y la mirada vaga a derecha e izquierda, arriba, abajo, paso a paso.
Caminar lentamente, dejando que todo fluya a nuestro alrededor, aislarse de su velocidad, de las miradas de otros, de las voces de otros.
Ese silencio, como el de ahora mismo, anterior a la sensación de miedo al miedo. Hasta ahí.
¿Un café?
Animo y suerte.

martes, 1 de marzo de 2022

La puerta a un cuarto oscuro



Los titulares van cambiando.
Europa en guerra.
Echar a los embajadores y a sus representantes de la ONU.
Comienzan las negociaciones.
¿Alto el fuego?
¿Seguir luchando?
¿Rendición?
Las elucubraciones meten a China en la ecuación.
¿Es la mano que mueve la cuna?
𝐋𝐮𝐜𝐡𝐚𝐫𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐡𝐚𝐬𝐭𝐚 𝐞𝐥 𝐮́𝐥𝐭𝐢𝐦𝐨 𝐚𝐥𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨
El gran Thomas L. Friedman se resiste, pero acaba escribiendo en el NYT: “𝐸𝑙 𝑚𝑢𝑛𝑑𝑜 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎 𝑣𝑜𝑙𝑣𝑒𝑟𝑎́ 𝑎 𝑠𝑒𝑟 𝑒𝑙 𝑚𝑖𝑠𝑚𝑜”.
Otro titular:
𝐄𝐥 𝐦𝐮𝐧𝐝𝐨 𝐢𝐧𝐭𝐞𝐧𝐭𝐚 𝐩𝐫𝐞𝐬𝐢𝐨𝐧𝐚𝐫 𝐚 𝐑𝐮𝐬𝐢𝐚 𝐭𝐫𝐚𝐬 𝐥𝐚 𝐢𝐧𝐯𝐚𝐬𝐢𝐨́𝐧 𝐚 𝐔𝐜𝐫𝐚𝐧𝐢𝐚
¿Qué mundo? ¿Quién forma parte de ese mundo?
He buscando una explicación (que manía la mía), y de nuevo ha sido Franco «Bifo» Berardi en quien he confiado, como lo hice en aquellos amaneceres de confinamiento.
Una guerra suicida que Occidente ha desatado contra el Otro Occidente.
El mundo posglobal, amenazado por el delirio senil de la cultura dominante pero en decadencia: blanca, cristiana, imperialista.
Uno, ha vuelto de la derrota más humillante y trágica. Peor que Saigón, Kabul permanece en la imaginación global como un signo del caos mental de la raza gobernante.
El otro viejo, ruso, blanco, sabe que su poder descansa en una promesa nacionalista: se trata de vengar el honor violado de la Santa Madre Rusia.
"𝐋𝐨 𝐮́𝐧𝐢𝐜𝐨 𝐪𝐮𝐞 𝐩𝐨𝐝𝐞𝐦𝐨𝐬 𝐡𝐚𝐜𝐞𝐫 𝐞𝐬 𝐭𝐫𝐚𝐧𝐬𝐟𝐨𝐫𝐦𝐚𝐫 𝐜𝐨𝐥𝐞𝐜𝐭𝐢𝐯𝐚𝐦𝐞𝐧𝐭𝐞 𝐞𝐥 𝐦𝐢𝐞𝐝𝐨 𝐞𝐧 𝐩𝐞𝐧𝐬𝐚𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨 𝐲 𝐫𝐞𝐬𝐢𝐠𝐧𝐚𝐫𝐧𝐨𝐬 𝐚 𝐥𝐨 𝐢𝐧𝐞𝐯𝐢𝐭𝐚𝐛𝐥𝐞, 𝐩𝐨𝐫𝐪𝐮𝐞 𝐬𝐨́𝐥𝐨 𝐚𝐬𝐢́ 𝐩𝐮𝐞𝐝𝐞 𝐬𝐮𝐜𝐞𝐝𝐞𝐫 𝐥𝐨 𝐢𝐦𝐩𝐫𝐞𝐝𝐞𝐜𝐢𝐛𝐥𝐞, 𝐞𝐧 𝐜𝐨𝐧𝐭𝐫𝐚𝐭𝐢𝐞𝐦𝐩𝐨: 𝐥𝐚 𝐩𝐚𝐳, 𝐞𝐥 𝐩𝐥𝐚𝐜𝐞𝐫, 𝐥𝐚 𝐯𝐢𝐝𝐚".
Deseo con todas mis fuerzas que, «Bifo», se equivoque. Que sea la senilidad y el agotamiento, los que le hacen ver tan oscuro futuro.
𝑬𝒍 𝒄𝒐𝒎𝒊𝒆𝒏𝒛𝒐 𝒅𝒆 𝒄𝒂𝒅𝒂 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒂 𝒆𝒔 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝒂𝒃𝒓𝒊𝒓 𝒍𝒂 𝒑𝒖𝒆𝒓𝒕𝒂 𝒂 𝒖𝒏 𝒄𝒖𝒂𝒓𝒕𝒐 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒐. 𝑼𝒏𝒐 𝒏𝒖𝒏𝒄𝒂 𝒔𝒂𝒃𝒆 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒔𝒕𝒂́ 𝒆𝒔𝒄𝒐𝒏𝒅𝒊𝒅𝒐 𝒆𝒏 𝒍𝒂 𝒐𝒔𝒄𝒖𝒓𝒊𝒅𝒂𝒅.
— Adolf Hitler —
La paz, el placer, la vida.
Me siento agotado.
Animo y suerte.

domingo, 27 de febrero de 2022

Gloria in excelsis Ucrania



Los noticiarios se abrían con datos de incidencia, nivel de contagio y fallecidos.
Pasamos a ser bombardeados con la absurda guerra de unos políticos aferrados a sus poltronas.
Ahora, Zelenski, Volodímir, va cambiando de vestuario y de semblante ante las cámaras.
Seguro que, justo un segundo antes de que el piloto de la cámara indique el inicio de la emisión, le recorre un escalofrío.
Pasó de la chaqueta y camisa, casi formal, a los colores verdes del momento militar.
Mantener la moral de victoria, una fe de vida, dicen.
Tres días de asedio. No habrá vencedores, ni vencidos.
Truman y Stalin en la Conferencia de Potsdam de 1945 llegaron a un acuerdo de estabilidad inestable.
La UE está en peligro, un alcance económico menor, un entorno más disputado y unos valores más que cuestionables.
Europa sigue con las negociaciones para crear una "fuerza" de intervención rápida de 5000 hombres para 2025, dentro de la "brújula estratégica".
Vuelvo a escuchar la voz de Volodímir.
Gloria in excelsis Ucrania.
Animo y suerte.
#100cafesmasconunputovirus
#100cafesy2000paracetamoles
#100cafes
#lavidaenunataza

sábado, 26 de febrero de 2022

Somos así



Bueno, bien, ¿y?
Esa maldita incertidumbre ¿verdad?.
En los titulares se evita la palabra guerra. Conflicto, invasión, batalla, ataque, agresión.
Igual resulta que no es una guerra, como las otras 65 que dicen están activas a día de hoy.
Muchas de esas guerras se remontan en el tiempo y se han convertido en quistes purulentos que de vez en cuando, sea por matanzas o por explosiones de ansia de libertad o de fanatismo, manchan las paredes de nuestra conciencia.
Igual resulta que, esto, va de lo de siempre.
Leo a Suso Núñez. Un gran tipo (eso lo primero) y conocedor, al detalle, de estos conflictos así como de las acciones humanitarias que también los rodean.
Os recomiendo su lectura. Os pondrá los pelos como escarpias ya que lo que cuenta, lo hace de forma desapasionada, cruda y realista.
La brújula estratégica, que se dará a conocer en marzo, nos mostrará cual es el papel de la Unión Europa y cuál es "su nivel de ambición para terminar de aprender el lenguaje del poder".
Mientras, seguimos escribiendo "No a la guerra", como si alguien nos escuchara y sabiendo que solo es una tirita o un bálsamo para nuestra sensible piel.
La guerra, es uno de esos transformadores que nos hace dejar de pensar en "quien soy" para llevarnos al "que puedo hacer".
Todo ocurre muy lejos, hasta que la pandemia se globaliza y nos encontramos con un foco de infección en el pasillo de nuestra casa.
Unos luchan por sus ideas, otros, por conseguir que sus ideas sean las únicas. Algunos, en nombre de sus dioses. El poder, el dinero, o disponer de un acceso directo a Crimea, desata el conflicto y la guerra.
Dicen que es la más antigua de las relaciones internacionales. Al principio de los tiempos ya había enfrentamientos de grupos humanos armados. Conflictos entre cazadores nómadas y recolectores sedentarios, que desarrollaban el concepto de propiedad. Pago de tributos, ideologías, religiones con resultado de sometimiento, destruyendo al enemigo y llegando al genocidio.
Dicen, también, que esta forma de actuar esta relacionada con el concepto etológico de territorialidad. Nuestro comportamiento en nuestro medio natural.
Que pena ¿no?. Descubrir que somos así, que podemos eliminar todo eso que creemos que influye y la causa raíz, somos nosotros.
"Esto", no mejora y llevamos desde el neolítico.
Muchas cosas han cambiado desde la sociedad tribal a la civilizada. Aunque hay algo que se mantiene, la guerra.
Y seguimos llamándonos civilizados.
Animo y suerte.

jueves, 24 de febrero de 2022

Váyase usted solo



Pero ¡¿que cojones le pasa a usted?!.
¿Guerra?
Otra pandemia. Pero, esta, de estupidez.
Es la mejor manera de perder la poca esperanza que puede quedarnos en esta sociedad.
Si no tenemos bastantes deficiencias, vamos a añadir una más.
Es una operación especial. Algunos medios rusos hablan de desnazificar Ucrania.
Pa chulo mi pirulo.
La mía es más grande y llego más lejos.
Vladímir, ¿quiere que nos vayamos a la mierda?
Mire, váyase usted solo que los demás tenemos cosas importantes que hacer.
Animo y suerte.

miércoles, 23 de febrero de 2022

Me quiero ir



Pues eso, que Teo se ha ido. O ha escapado, que también puede ser, del castillo del terror.
Parece el título de uno de los conocidos libros infantiles. Aunque los protagonistas son algo distintos.
Mientras, anticorrupción revisa lo del contrato del amigo de Tomás y los fans de la Megaprincesa comulgan con ruedas de molino, Pablo, se queda solo.
José Luis, dimite como portavoz. A mi me da que lo han engañado ¿Qué no?
Que más da si hubo corrupción o no. Pelillos a la mar. En cuanto Alberto se olvide de Galicia aquí no ha pasado nada.
Joe (ese señor) y Vladímir. Sanciones, chulería e invasiones. El mantra se repite, "nada sobre Ucrania sin Ucrania". ¿Y los ucranianos?
El #putovirus sigue. La incidencia, baja.
Georgina consigue que la longaniza de Graus y la "secallona" suban sus ventas.
La Conferencia Episcopal española encarga una auditoría. Doce meses de mucho lirili y poco lerele.
Sigue sin llover.
Otro café.
Algo de ejercicio y volando al desierto.
Trabajo, trabajo, y otra vez a volar de vuelta.
Me quiero ir, mucho.
Animo y suerte

lunes, 21 de febrero de 2022

Sociedad

 


No somos una sociedad justa.
Desde la persona que sobrevive bajo unos cartones, a quien espera empatía en una situación de desamparo. Desde quien detecta una anomalía y alza la voz ante el infractor, hasta quien sufre a los abusadores.
En ocasiones, nos tragamos el orgullo y la impotencia, porque levantar la voz está mal visto.
Porque esta sociedad, disfruta con el escarnio y con el dolor ajeno.
Nuestra confianza, depositada en los representantes de la ley se ve mancillada por aquellos que utilizan su uniforme simplemente para estar "más arriba".
La búsqueda de ayuda, de apoyo y colaboración se embarra y nos descorazona cuando notamos en el otro, el desinterés, la apatía o un movimiento de cabeza, el mismo que cualquiera emplea en un semáforo para apartar al limpiacristales de turno.
No somos una sociedad justa.
Esa falta de justicia hace que, los posibles defensores, crean que todo son causas perdidas.
Mejor callar, que gritar. Se siente, se lamenta y se envían toneladas de abrazos, pero no se denuncia, no hay implicación.
No queremos líos. Es una pérdida de tiempo el pelear, por aquello que se considera incorrecto o injusto.
Hoy, más que nunca.
𝒔𝒂́𝒃𝒂𝒅𝒐, 𝟏𝟖 𝒅𝒆 𝒋𝒖𝒏𝒊𝒐 𝒅𝒆 𝟐𝟎𝟏𝟔
𝑹𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒊́𝒂
𝑵𝒐 𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒄𝒊𝒖𝒅𝒂𝒅𝒂𝒏𝒐𝒔. 𝑭𝒐𝒓𝒎𝒂𝒎𝒐𝒔, 𝒓𝒆𝒔𝒆𝒏𝒕𝒊𝒅𝒐𝒔.
𝑵𝒐 𝒇𝒐𝒓𝒎𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒆𝒏 𝒗𝒂𝒍𝒐𝒓𝒆𝒔. 𝑺𝒊𝒏𝒐 𝒆𝒏 𝒎𝒐𝒕𝒊𝒗𝒐𝒔.
𝑪𝒓𝒆𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒔𝒊𝒕𝒖𝒂𝒄𝒊𝒐𝒏𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒊𝒏𝒅𝒆𝒇𝒆𝒏𝒔𝒊𝒐́𝒏, 𝒚 𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒇𝒆𝒏𝒅𝒆𝒓𝒂́𝒏.
𝑪𝒓𝒆𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒍𝒆𝒚𝒆𝒔 𝒊𝒏𝒖́𝒕𝒊𝒍𝒆𝒔, 𝒚 𝒔𝒆𝒓𝒂́ 𝒆𝒍 𝒎𝒐𝒕𝒊𝒗𝒐 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒊𝒏𝒄𝒖𝒎𝒑𝒍𝒊𝒓𝒍𝒂𝒔.
𝑵𝒐 𝒅𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒊𝒏𝒔𝒑𝒊𝒓𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏. 𝑫𝒂𝒎𝒐𝒔 𝒐𝒃𝒍𝒊𝒈𝒂𝒄𝒊𝒐́𝒏.
𝑸𝒖𝒆 𝒑𝒆𝒏𝒂.
𝑷𝒆𝒅𝒊𝒓𝒂́𝒏 𝒍𝒂 𝒖𝒕𝒐𝒑𝒊́𝒂, 𝒍𝒂 𝒆𝒙𝒊𝒈𝒊𝒓𝒂́𝒏. 𝑬𝒔𝒕𝒂 𝒓𝒆𝒂𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅, 𝒏𝒐 𝒍𝒆𝒔 𝒔𝒊𝒓𝒗𝒆.
𝑽𝒆𝒐 𝒆𝒏 𝒔𝒖𝒔 𝒐𝒋𝒐𝒔, 𝒓𝒆𝒔𝒑𝒐𝒏𝒔𝒂𝒃𝒊𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅.
𝑻𝒐𝒅𝒂 𝒍𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒆𝒔 𝒉𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒕𝒓𝒂𝒏𝒔𝒎𝒊𝒕𝒊𝒅𝒐, 𝒍𝒂 𝒒𝒖𝒆 𝒍𝒆𝒔 𝒉𝒆𝒎𝒐𝒔 𝒆𝒙𝒊𝒈𝒊𝒅𝒐.
𝑷𝒆𝒓𝒐 𝒕𝒂𝒎𝒃𝒊𝒆́𝒏 𝒗𝒆𝒐, 𝒊𝒏𝒄𝒓𝒆𝒅𝒖𝒍𝒊𝒅𝒂𝒅, 𝒊𝒏𝒄𝒐𝒎𝒑𝒓𝒆𝒏𝒔𝒊𝒐́𝒏.
𝑺𝒆 𝒕𝒐𝒓𝒏𝒂𝒓𝒂́ 𝒆𝒏 𝒓𝒆𝒃𝒆𝒍𝒅𝒊́𝒂, 𝒚 𝒎𝒖𝒄𝒉𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒆𝒍𝒍𝒐𝒔, 𝒓𝒆𝒏𝒆𝒈𝒂𝒓𝒂𝒏 𝒅𝒆𝒍 𝒔𝒊𝒔𝒕𝒆𝒎𝒂.
¡𝑺𝒐𝒚 𝒆𝒍 𝒑𝒖𝒏̃𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆 𝒍𝒆𝒗𝒂𝒏𝒕𝒂, 𝒔𝒐𝒚 𝒍𝒂 𝒗𝒐𝒛 𝒒𝒖𝒆 𝒏𝒐 𝒔𝒆 𝒄𝒂𝒍𝒍𝒂, 𝒔𝒐𝒚 𝒆𝒍 𝒈𝒖𝒆𝒓𝒓𝒆𝒓𝒐 𝒄𝒐𝒏 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒏 𝒏𝒐 𝒄𝒐𝒏𝒕𝒂𝒃𝒂𝒔!
𝒀 𝒚𝒐 𝒆𝒔𝒕𝒂𝒓𝒆́ 𝒂𝒉𝒊́, 𝒑𝒂𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒄𝒊𝒓𝒕𝒆, 𝒄𝒐𝒎𝒐 𝑩𝒆𝒏𝒆𝒅𝒆𝒕𝒕𝒊:
"𝑻𝒆 𝒒𝒖𝒊𝒆𝒓𝒐 𝒑𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒕𝒖 𝒃𝒐𝒄𝒂 𝒔𝒂𝒃𝒆 𝒈𝒓𝒊𝒕𝒂𝒓 𝑹𝑬𝑩𝑬𝑳𝑫𝑰́𝑨"
Cuenta conmigo.
Animo y suerte.