sábado, 23 de abril de 2022

Espejos y tapacubos



Oigo a Mirlo y a sus amigos hace rato.
Como es habitual, lleva la voz cantante.
Su pico, anaranjado, resalta sobre su plumaje oscuro. Salta de la barandilla al poyete, suelta la parrafada y vuelve al poyete.
Los otros, en medio de un barullo de voces, parecen divertidos.
Hace un gesto de saludo con su cabeza, yo, le contesto.
Voy a la cocina y pongo en un bol unos frutos secos.
Al salir a la terraza, noto un revoloteo y un "¡que viene, que viene!".
En la esquina de la pérgola está Mirlo. Ya me vio antes, no se asusta. Ha llovido y hace algo de frío.
- ¿Todo bien? Hace días que no coincidíamos.
- Si, fenomenal. ¿Y tu? Te veo con energías.
- Eso, siempre.
- ¿La familia? ¿Los amigos?
- Si, todo bien. O por lo menos sin posibilidad de queja.
- Me alegro.
Al otro lado de la calle, sobre las cornisas y las inútiles antenas de televisión, sus asustadizos amigos nos observan.
Si no fuera tan habitual escuchar el trino de los mirlos, podríamos pensar que es superior al del ruiseñor. Su melodía es la más musical.
Se lo digo y Mirlo agradece mi comentario.
- Que distintos somos ¿verdad?
- No creas, somos tan obtusos y obstinados como vosotros. A veces, nos agotamos luchando contra nuestra propia imagen reflejada en un espejo, en un cristal o en el tapacubos cromado de la rueda de un coche.
Tengo que volver al trabajo. Servicios, catálogos, clasificaciones y categorías. Procesos, mejora. Ordenar, gestionar, medir para existir.
Y cajas, y más cajas. Sigo en la migración.
- Te echaré de menos.
- Y yo a ti.

jueves, 21 de abril de 2022

This is him!



Hace más de media hora que doy vueltas en la cama.
Demasiado pronto para levantarme. Tengo calor.
He puesto el aire acondicionado. Demasiado ruido y ahora, tengo frío.
Está claro. Arriba.
En pijama me dirijo a recepción. Oigo voces que vienen de tres pisos más abajo.
Me molesta la barba, me pica. Demasiados días sin afeitar.
"Abriendo puertas"
Nos damos los buenos días y ellos siguen con una conversación que no entiendo, de sumas, restas y operaciones, mientras, me dirijo a la zona del desayuno.
Hay servicio libre de café, zumos e infusiones.
Me rasco por debajo de la mascarilla. Uno largo. Cuando acabe, añadiré un expreso.
Nos despedimos fugazmente.
"Cerrando puertas". Ellos siguen con sus números.
Estos días a la hora de comer solo ensalada y un plátano. Café y trabajo.
Tengo que hacer la maleta. Viaje de vuelta. Llegaré tarde y he dormido poco.
Música, muy bajita.
Tal vez me falten endorfinas, dopamina o serotonina.
Seguro.
No, no es una queja. Ni tan siquiera me molesta.
Estoy en mi "salsa". Pero creo que necesito más "salsa" placentera.
Vale, lo acepto. Lo quiero todo. Y tengo la suerte de que a veces, lo consigo o creo que lo consigo.
"La siguiente alarma sonará en 1:00 hora"
Que complejos somos. Lo fácil que sería, simplemente "estar". Pero nos empeñamos en "ser".
La obra, que se suponía empezaba el mes que viene, en marcha.
Vuelvo el martes, me voy el viernes.
Hay momentos en que la confianza abruma. Confío en ti. ¿Sabes que confío en ti?
Tengo toda mi confianza depositada en ti. Confío en tu consejo, en tu opinión, en tu criterio, en lo que dices, en lo que piensas.
Y mientras, tu, duermes poco y vas en pijama por los pasillos del hotel a buscar un café.
Te miras al espejo. Una ducha. Este cepillo de dientes, lo tengo que cambiar.
Que bien huele esta colonia, y alguien dentro de ti repite:
"Confío en ti".
Y me he vuelto a golpear con la lampara asesina. ¡Joder!
Animo y suerte.

miércoles, 20 de abril de 2022

Algún día



Llevo días de lluvia, de viento, frío y muy pocos de sol.
No acabo de estar a gusto.
Carretera, aeropuertos, hoteles. Y vuelta a empezar.
Hoy, hemos terminado pronto. Bueno, no es toda la verdad y nada más que la verdad. Ya no era capaz de que mi cabeza siguiera centrada en lo que debía hacer. Mejor dejarlo. Salir a la calle y cruzando el mar de plástico, llegar a este aséptico hotel.
Escucho alguna tos en la habitación de al lado. Las paredes son de papel.
He buscado 𝗦𝗼𝗺𝗲𝘄𝗵𝗲𝗿𝗲 (West side Story).
𝐴𝑙𝑔𝑢́𝑛 𝑑𝑖́𝑎, 𝑒𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑢́𝑛 𝑙𝑢𝑔𝑎𝑟,
𝑣𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑢𝑛𝑎 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑣𝑖𝑣𝑖𝑟...
𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑜𝑛𝑎𝑟...
𝐸𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒
Algún día.
Ha dejado de oírse la tos.
Tengo un libro por terminar. He puesto música. Hay una pequeña y asesina lampara sobre la mesa de trabajo. Debo recordar lo de asesina. En una de las estancias anteriores, no lo recordé y consiguió marcar mi piel, camino de profunda herida en la frente.
¿Y si me tumbo y duermo un rato?
No. Vendrán a buscarme para salir a cenar.
Miro por la ventana. A la izquierda, al fondo, el mar azul.
Me noto cansado. Se porque estoy aquí.
𝐴𝑙𝑔𝑢́𝑛 𝑑𝑖́𝑎, 𝑒𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑢́𝑛 𝑙𝑢𝑔𝑎𝑟,
𝑣𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑢𝑛𝑎 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑣𝑖𝑣𝑖𝑟...
𝑉𝑎𝑚𝑜𝑠 𝑎 𝑒𝑛𝑐𝑜𝑛𝑡𝑟𝑎𝑟 𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑒𝑟𝑎 𝑑𝑒 𝑝𝑒𝑟𝑑𝑜𝑛𝑎𝑟...
𝐸𝑛 𝑎𝑙𝑔𝑢𝑛𝑎 𝑝𝑎𝑟𝑡𝑒
Estoy aquí, para poder buscar algún lugar.
Algún día.
¿Cuánto tiempo queda?, me pregunto.
Todas las horas del día, seguro.
Animo y suerte.

miércoles, 13 de abril de 2022

Esto, empieza

 


Me ha despertado la lluvia. Es abundante y lleva ya un rato cayendo.
Isi, duerme en el sofá rodeada de cojines. Ha levantado la cabeza y me ha mirado, pero con mínimo interés. La he tapado con su manta mientras volvía a su forma de ovillo
Un café. Me quedo delante del ventanal mirando hacia el mar, que no distingo por la oscuridad.
Algunas farolas dejan ver la calle, otras convierten los edificios en monumentos huecos. Solo una ventana iluminada.
He encendido la luz del baño y he dejado la puerta entreabierta. No necesito más.
En las noticias soy un señor mayor. La incidencia del #putovirus alcanza los 433 casos por cada 100.000 habitantes y ya se habla de las variantes XD, XE y XF
La guerra sigue. También es un señor mayor quien dirige estos ataques. Dvornikov, el mismo que dio las ordenes en Siria. Otra guerra, si. Pero esa importó menos.
Pelea léxica entre pillería y corrupción. Los chicos de la derecha, en su línea.
En Francia, dicen que los ricos votan a Macron y los obreros a Le Pen. ¿A quien votaran en la segunda vuelta los seguidores de Mélenchon? Un centro que es derecha, una izquierda dividida. O sea, en su línea.
Leo titulares vomitivos, dedicados a alimentar la ignora y la polarización. Es jodido ganarse la vida, pero hay formas mucho más honradas.
Otro café.
Oigo las gotas golpear sobre la barandilla. Una sinfonía asincopada.
Preparar las reuniones de hoy. Tres seguidas y después, seguramente, más.
Saldré a buscar a las chicas, llegan en tren, a la hora de comer.
En los Euromillones un premio de 99. En La Primitiva, 24.5. En Bonoloto, 2.8. Y en El Gordo de la Primitiva, 8.1 millones.
No necesito tanto. Solo un poquito para dejar de trabajar por dinero. Para que el dinero deje de ser algo importante.
El dinero es una mierda. Sobre todo para el que lo tiene.
Esto, empieza. Ha dejado de llover.
Animo y suerte.

lunes, 11 de abril de 2022

Seguimos construyendo

 


En unos días, un paso más.
Ese tabique de la entrada, el que pega a la cocina, desaparecerá.
La puerta del baño será corredera y el otro tabique, el de la habitación pequeña, también se va.
Las puertas, las ventanas, se cambian.
Hay que terminar de vaciar todo. El sofá, las literas, la lavadora y el frigorífico, el horno. Todo fuera.
Cuando volvamos, será para quedarnos. Un mes o un año. Quien sabe.
Leo las noticias. Me hacen poco efecto.
¿Y si estuviéramos equivocados?.
¿Y si todas nuestras convicciones, todo en lo que creemos, fuera un error?.
Veo los resultados de las elecciones en Francia. El ascenso generalizado, en toda Europa, de la ultraderecha.
Ayer, un reportaje sobre el pueblo checheno. Islamismo. Odio y temor a la civilización occidental. Hay paz, por fin, vive y deja vivir.
¿Quiénes somos para determinar lo que está bien y lo que está mal?
A 12.000 km., pulsando un botón, nos vemos sonreír. Buscamos un lugar, ese lugar donde deseamos que todo sea mejor, o simplemente donde podamos sentir el tiempo pasar. El tiempo que nos quede.
Civilización occidental.
Pienso en Antonio, en que me gustaría compartir sus tomates ahumados, su pasión por las hierbas aromáticas, buscar setas o plantar, en el huerto urbano, los chiles que luego cocinará. Unir, como él dice, la tierra y el cielo. Pasear por la montaña. Poder ver el mar.
Una espuma de mahonesa de perejil y berros, sobre una ostra del Delta, a la plancha.
Una copa de vino. El zumo de mandarina, la piel, su aroma.
"Contamos estrellas todas las claras noches mediterráneas mientras tomamos una copa y nos damos cuenta de que lo mas bonito y apasionante de esta historia es construirla día a día y aportar la ilusión que nos ha hecho llegar hasta aquí."
No, ahí no hay error. Seguimos construyendo.
Animo y suerte.

sábado, 9 de abril de 2022

Alguna aventura está por venir



Hoy se me hace difícil poner en palabras todo lo que sentí ayer.
Participé como "lector" en la exposición 𝑵𝒂𝒕𝒖𝒓𝒆 𝒊𝒏 𝒕𝒉𝒆 𝑰𝒏𝒕𝒆𝒓𝒏𝒆𝒕 (Cuttoo.es).
Elegí un texto. Sabía que no podría controlar la emoción y que seguramente me sería muy complicado hacerlo. Ella, decidió que fuera el primero en "𝓵𝓮𝓮𝓻 𝓮𝓷 𝓿𝓸𝔃 𝓪𝓵𝓽𝓪 𝓮𝓷 𝓵𝓪 𝓹𝓾𝓮𝓻𝓽𝓪 𝓭𝓮 𝓼𝓾 𝓬𝓪𝓼𝓪".
Hizo, descalza y sentada en el suelo, una pequeña introducción a lo que a continuación ocurriría. Yo le había dicho el texto elegido, pero, sus amigos que participarían a continuación, le guardaban algunas sorpresas.
Con sus palabras, con su forma de mostrarse ante un público atento y entregado, noté el nudo en la garganta y supe que aquello se llenaría de lágrimas.
Vulnerable, emocionado, las palabras salían lentamente. Parpadeando para que las lágrimas me dejaran poder seguir y ver la línea siguiente.
"𝖠 𝗆𝗂́, 𝗅𝖺 𝗏𝗂𝖽𝖺, 𝗆𝖾 𝗉𝖺𝗋𝖾𝖼𝖾 𝗎𝗇 𝗌𝗎𝗌𝗉𝗂𝗋𝗈. 𝖤𝗅 𝗍𝗂𝖾𝗆𝗉𝗈 𝖼𝗈𝗋𝗋𝖾, 𝖼𝗈𝗋𝗋𝖾 𝖽𝖾𝗆𝖺𝗌𝗂𝖺𝖽𝗈 𝗋𝖺́𝗉𝗂𝖽𝗈. 𝖬𝖾 𝖺𝖿𝖾𝗋𝗋𝗈, 𝖺𝗉𝗋𝗂𝖾𝗍𝗈 𝗅𝗈𝗌 𝗉𝗎𝗇̃𝗈𝗌 𝗂𝗇𝗍𝖾𝗇𝗍𝖺𝗇𝖽𝗈 𝗊𝗎𝖾 𝗇𝗈 𝖾𝗌𝖼𝖺𝗉𝖾, 𝗉𝖾𝗋𝗈 𝗌𝖾 𝗏𝖺."
Creo que, en esta frase, necesité varias pausas que me parecieron interminables y pensé que sería incapaz de terminarla.
Levanté la cabeza y la busque con la mirada, pidiendo ayuda.
Allí estaban ellas. Las que me soportan, las que me cuidan, las que me enfadan y me preocupan, las que me llenan de orgullo, las que buscan un abrazo o se rebelan y lloran de rabia o de impotencia.
Éramos unos náufragos en el mismo mar de lágrimas.
"𝐸𝑠𝑒 𝑣𝑒́𝑟𝑡𝑖𝑔𝑜, 𝑑𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑡𝑜𝑑𝑜 𝑝𝑢𝑒𝑑𝑒 𝑐𝑎𝑚𝑏𝑖𝑎𝑟 𝑒𝑛 𝑢𝑛 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜. 𝐸𝑠𝑒 𝑚𝑖𝑒𝑑𝑜. 𝐴𝑦𝑒𝑟, 𝑎𝑝𝑟𝑒𝑛𝑑𝑖́. 𝐷𝑒 𝑛𝑢𝑒𝑣𝑜. 𝐴𝑦𝑒𝑟, 𝑔𝑎𝑛𝑒́."
Ayer gane.
Entre los aplausos, me abracé a ella. Salvado, estaba salvado. Ella me cuidaba. Dejé que las lágrimas salieran sin preocuparme de más. Todo estaba bien.
El pan y la sal de Ros, ese café con galletas de Irene mientras Lucas leía de perdidas y amores, intentando olvidar. Gaspar quería fumar un "piti" pero, nervioso y emocionado, dejó que fuera Lucas quien lo liara.
Allí, apoyado en una columna, descalzo, sorbiendo mis mocos y limpiando mis lágrimas, vi amigues ofreciéndose el pan y la sal, tomando un café, fumando un "piti", leyendo en voz alta en la puerta de tu casa.
Gracias Mara Sannia. Gracias por contar conmigo y darme tanto. Gracias por cuidarme. Te quiero. Os quiero.
Animo y suerte.

miércoles, 6 de abril de 2022

Cartas que nunca enviaré (XXVII)



Hola. No hay noticias.
Cierto es que tengo difícil asomarme a la ventana para verte pasar, o preguntar a algún conocido común, que es de ti.
Llevo unos días en otra cosa.
Ha hecho un tiempo muy desagradable. Aire, frio.
Ahora, aquí, llueve otra vez. Llover en el desierto.
Duermo regular, y no es por preocupación. Me despierto pronto, escribo, trabajo. Mucho por hacer.
Es un hotel de esos "de concepto". Colores claros. Ni un vaso en el lavabo. Desayuno, espartano y monótono, cerca de un centro comercial. En medio de ninguna parte.
Dicen que para cuidar el medio ambiente no limpian la habitación todos los días. Seguro que algo ahorran. El día de limpieza, hoy, te hacen la cama y ponen una pegatina sellando la puerta, para "tu protección".
Las paredes son confidentes de cualquier conversación, no sabes si viene de la izquierda, de la derecha, de arriba o de abajo.
El pasillo es como copiado de "El resplandor". En tonos grises, sin papel pitando. Todo muy actual. Me veo tomando la curva con mi triciclo y las gemelas, de la mano, al fondo.
Te mandé un mensaje, dos. Por saber de ti.
Pensé en llamarte, pero el suspense, me congeló.
He bajado en pijama a recepción. Un café largo con buenos días. De vuelta, ni rastro de triciclo, no hay aparición.
Escribo, trabajo.
Hay noticias. Otra carta que tampoco enviaré.
Cuídate mucho. Amaneciendo.

domingo, 3 de abril de 2022

En este rincón

 


El viento dio algo de tregua ayer a ultima hora. De nuevo vuelve a soplar, pero de otra manera. Sigue haciendo frío, o mejor, yo siento frío.
Los armarios ya están vacíos. Este tabique va fuera. Hay que cambiar la puerta, las ventanas. Echaré de menos escuchar el silbido del viento en las rendijas. La cocina puede quedar bien.
Bolsas, cajas. Más bolsas y más cajas. Estanterías desmontadas. Un ventilador.
Hay que buscar a alguien que se lleve todo lo demás.
Un cristal roto. La llave de paso del agua. Cerrajero.
Miro el mar. Entre él y yo, antes, pasaba el tren. La vía pronto desaparecerá.
En el lateral de una estantería hay dibujos, frases que forman un flujograma.
En este rincón ---> Quiero ser de acero ---> Estas donde el tráfico duerme ---> Y el viento me despierta
En este rincón ---> Todo pasa ---> María y Luis se bañaban ---> Aquí
"𝑰𝒏𝒄𝒍𝒖𝒔𝒐 𝒄𝒖𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒊𝒆𝒍𝒐 𝒔𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒍𝒐𝒎𝒂 𝒂 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐 𝒂𝒍𝒓𝒆𝒅𝒆𝒅𝒐𝒓, 𝒐𝒄𝒖𝒓𝒓𝒂 𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒐𝒄𝒖𝒓𝒓𝒂, 𝒄𝒐𝒏 𝒍𝒂 𝒋𝒖𝒔𝒕𝒊𝒄𝒊𝒂, 𝒔𝒆𝒈𝒖𝒊𝒎𝒐𝒔 𝒅𝒆𝒔𝒂𝒚𝒖𝒏𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒉𝒖𝒆𝒗𝒐𝒔 𝒄𝒐𝒏 𝒃𝒂𝒄𝒐𝒏 𝒚 𝒐𝒄𝒖𝒑𝒂𝒏𝒅𝒐𝒏𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒔𝒕𝒓𝒐𝒔 𝒂𝒔𝒖𝒏𝒕𝒐𝒔 𝒅𝒆 𝒅𝒊́𝒂 𝒚 𝒅𝒆 𝒏𝒐𝒄𝒉𝒆"
Maleta. Tren. Madrid. Otra maleta. Avión. Desierto.
Empieza a salir el sol. Una nueva pelea se libra en el cielo.
Animo y suerte.
* Fragmento de "La muerte de Virginia" - Leonard Woolf
Gracias Mara Sannia
Gracias F.G.Mongay

sábado, 2 de abril de 2022

Tonto abril



Sigue el aire. Hace frío.
El mar tiene ese color petróleo, oscuro, haciendo que la línea del horizonte resalte mucho más. Café. Un escalofrío. Enciendo el calefactor y me dan ganas de volverme a la cama, pero hay mucho que hacer.
𝑨𝒈𝒖𝒂𝒔 𝒂𝒃𝒓𝒊𝒍, 𝒇𝒍𝒐𝒓𝒆𝒔 𝒆𝒏 𝒎𝒂𝒚𝒐,
𝒂𝒖𝒏𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒐𝒏𝒓𝒊́𝒂 𝒏𝒐 𝒔𝒐𝒚 𝒇𝒆𝒍𝒊𝒛.
𝑱𝒖𝒏𝒊𝒐 𝒎𝒆 𝒒𝒖𝒆𝒎𝒂 𝒚 𝒍𝒍𝒆𝒈𝒂 𝒋𝒖𝒍𝒊𝒐,
𝒒𝒖𝒊𝒛𝒂́𝒔 𝒎𝒆 𝒗𝒂𝒚𝒂 𝒂 𝑺𝒂𝒏 𝑭𝒆𝒓𝒎𝒊́𝒏.
Con abril me pasa lo mismo que con los martes. No me hallo.
Podemos repetir una y mil veces que la primavera ya está aquí, pero los huesos, y el alma, solo notan invierno. Nieva. Nieva abundantemente. Los copos son grandes, como si en las nubes, allá arriba, alguien jugara con un tubo de pompas y se congelaran en pequeños algodones vaporosos.
𝑫𝒆 𝒏𝒖𝒆𝒗𝒐 𝒄𝒂𝒏𝒕𝒂 𝑨𝒃𝒓𝒊𝒍 𝒂𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒂𝒎𝒐𝒓
𝑪𝒍𝒂𝒗𝒆𝒍 𝒅𝒆𝒔𝒉𝒐𝒋𝒂𝒅𝒐 𝒅𝒆 𝒕𝒖 𝒃𝒐𝒄𝒂
𝑺𝒆 𝒇𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒂𝒗𝒆𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒎𝒐𝒓
𝑺𝒆 𝒇𝒖𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒋𝒂𝒓𝒅𝒊́𝒏 𝒎𝒊 𝒎𝒂𝒓𝒊𝒑𝒐𝒔𝒂
𝑺𝒆 𝒇𝒖𝒆 𝒍𝒂 𝒑𝒓𝒊𝒎𝒂𝒗𝒆𝒓𝒂 𝒅𝒆 𝒎𝒊 𝒂𝒎𝒐𝒓
𝑺𝒆 𝒇𝒖𝒆 𝒅𝒆𝒍 𝒋𝒂𝒓𝒅𝒊́𝒏 𝒎𝒊 𝒎𝒂𝒓𝒊𝒑𝒐𝒔𝒂
El sol intenta, sin éxito, ganar la batalla. Brilla, pero no es suficiente para que la temperatura suba. Noto los dedos fríos. Una ducha, ropa de abrigo y engañaré a las articulaciones y al espejo.
𝑸𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒎𝒆 𝒉𝒂 𝒓𝒐𝒃𝒂𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒎𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒃𝒓𝒊𝒍
𝑪𝒐́𝒎𝒐 𝒑𝒖𝒅𝒐 𝒔𝒖𝒄𝒆𝒅𝒆𝒓𝒎𝒆 𝒂 𝒎𝒊́
𝑷𝒆𝒓𝒐, 𝒒𝒖𝒊𝒆́𝒏 𝒎𝒆 𝒉𝒂 𝒓𝒐𝒃𝒂𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒎𝒆𝒔 𝒅𝒆 𝒂𝒃𝒓𝒊𝒍
𝑳𝒐 𝒈𝒖𝒂𝒓𝒅𝒂𝒃𝒂 𝒆𝒏 𝒆𝒍 𝒄𝒂𝒋𝒐́𝒏
𝑫𝒐𝒏𝒅𝒆 𝒈𝒖𝒂𝒓𝒅𝒐 𝒆𝒍 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛𝒐́𝒏
Guardar el corazón en un cajón y recordarte como ese hombre del traje gris. Que rápido pasa el tiempo. Parece que fue ayer cuando había cartas en el buzón, cuando en el bolsillo una llave era cadena ligera que daba libertad. Abril, un mes tonto que a veces se deja quitar la santa semana, que vive la primavera de invierno, o el invierno de primavera. Que no sabe si va, o si viene.
Dan ganas de que anochezca y contar historias cerca de una hoguera. Hablar de ayer o de mucho tiempo atrás, y dejar para otro día el mañana, el después.
Es abril. Lo guardé en este cajón. Donde guardo el corazón.
¿Cómo pudo sucederme a mí?
Animo y suerte.

* Aguas abril - Luis Pastor
* Abril del desamor - Luis Pastor
* Quien me ha robado el mes de abril - Joaquin Sabina

viernes, 1 de abril de 2022

Una maniquí

 


Hay que salir a la calle con piedras en los bolsillos. Soleado, pero ventoso.
Sigo en mi salsa. Mucho trabajo. Muchas cosas que hacer. Muchos planes que, poco a poco, van avanzando.
No he tenido tiempo de pasar por correos.
Hoy, sin falta.
El contrato del local, el seguro, la conexión de fibra, dos reuniones, tirar el sofá de la terraza (está roto), el informe semanal.
Tengo que levantarme muy pronto, para así poder sentirme cómodo con mis compromisos. Estirar la jornada tradicional de 8 horas no es extraño. Llego, aún llego.
Me acabo de dar cuenta de que han eliminado (hoy) la limitación a suscriptores.
No he podido evitar mirar las noticias. Guerra, Bruselas, Feijoo, Cuca, Yitómir, gas, luz, inflación. Macrón, reforma laboral, vuelve el frío.
Una noticia me llama la atención:
"𝐄𝐥 𝐦𝐢𝐬𝐭𝐞𝐫𝐢𝐨 𝐝𝐞 𝐥𝐚 𝐦𝐮𝐣𝐞𝐫 𝐡𝐚𝐥𝐥𝐚𝐝𝐚 𝐦𝐮𝐞𝐫𝐭𝐚 𝐞𝐧 𝐞𝐥 𝐩𝐮𝐞𝐫𝐭𝐨 𝐝𝐞 𝐁𝐚𝐫𝐜𝐞𝐥𝐨𝐧𝐚"
Prácticamente desnuda, 30 años, debajo de un puente. No hay denuncias de desaparición. Un tatuaje de un conejo de Play Boy. Ahí se acabo su vida.
«𝐶𝑢𝑎𝑛𝑑𝑜 𝑟𝑒𝑐𝑢𝑝𝑒𝑟𝑎𝑟𝑜𝑛 𝑒𝑙 𝑐𝑎𝑑𝑎́𝑣𝑒𝑟, 𝑙𝑎 𝑚𝑢𝑗𝑒𝑟 𝑝𝑎𝑟𝑒𝑐𝑖́𝑎 “𝑢𝑛𝑎 𝑚𝑎𝑛𝑖𝑞𝑢𝑖́”, 𝑠𝑒𝑔𝑢́𝑛 𝑓𝑢𝑒𝑛𝑡𝑒𝑠 𝑎𝑙 𝑐𝑜𝑟𝑟𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒 𝑙𝑜 𝑜𝑐𝑢𝑟𝑟𝑖𝑑𝑜.»
Una maniquí. ¿Qué quieren decir?
𝖱𝗂́𝗀𝗂𝖽𝗈𝗌 𝗅𝗈𝗌 𝖼𝗎𝖾𝗋𝗉𝗈𝗌
𝖫𝗈𝗌 𝗆𝖺𝗇𝗂𝗊𝗎𝗂́𝗌 𝖻𝖺𝗂𝗅𝖺𝗇
𝖢𝗈𝗇 𝖾𝗅 𝗋𝗈𝗃𝗈 𝖽𝖾 𝗌𝗎𝗌 𝗅𝖺𝖻𝗂𝗈𝗌
𝖤𝗅 𝖻𝗋𝗂𝗅𝗅𝖺𝗋 𝖽𝖾 𝗌𝗎 𝖼𝖺𝖻𝖾𝗅𝗅𝗈
𝖬𝗂𝗋𝖺𝖽𝖺𝗌 𝖽𝖾 𝖼𝗋𝗂𝗌𝗍𝖺𝗅
𝖡𝖺𝗃𝗈 𝖾𝗅 𝗌𝖺𝗑𝗈 𝖾𝗇𝗏𝗎𝖾𝗅𝗍𝖺𝗌
𝖯𝖾𝗋𝖿𝖾𝖼𝖼𝗂𝗈𝗇𝖾𝗌 𝖾𝗇 𝗅𝗈𝗌 𝗋𝗂𝗓𝗈𝗌
𝖲𝗎𝗌 𝗀𝖺𝗋𝗀𝖺𝗇𝗍𝖺𝗌 𝗌𝖾𝖼𝖺𝗌
𝖥𝗂𝖾𝗌𝗍𝖺 𝖽𝖾 𝗅𝗈𝗌 𝗆𝖺𝗇𝗂𝗊𝗎𝗂́𝖾𝗌
𝖭𝗈 𝗅𝗈𝗌 𝗍𝗈𝗊𝗎𝖾𝗌, 𝗉𝗈𝗋 𝖿𝖺𝗏𝗈𝗋
𝖥𝗂𝖾𝗌𝗍𝖺 𝖽𝖾 𝗅𝗈𝗌 𝗆𝖺𝗇𝗂𝗊𝗎𝗂́𝖾𝗌
𝖭𝗈 𝗅𝗈𝗌 𝗍𝗈𝗊𝗎𝖾𝗌, 𝗉𝗈𝗋 𝖿𝖺𝗏𝗈𝗋
No creo que esta pobre joven conociera la canción y tampoco creo que haya sido el resultado de seguir los pensamientos de Humphrey Bogart en "Llamad a cualquier puerta".
Una trayectoria vital de vivir rápido, morir joven y dejar un bonito cadáver. Una maniquí.
¿Quién era? ¿Qué ocurrió? ¿Y su familia? Tendría planes, seguro. Todos acabaron bajo un puente, en Barcelona.
¿Quién quiere dejar un bonito cadáver?
Cabalgar sobre el viento, será difícil. Cuerpos llenos de deseos, espíritus impacientes. Taoísmo puro.
¿Cómo podrás moverte en el vacío?
Una maniquí, galopa sobre el viento.
Aquí, se ha parado. Luce un sol espléndido. En otro lugar, nieva.
Animo y suerte.
*Fiesta de los maniquíes. Golpes bajos. T. Cardalda / G. Coppini