domingo, 3 de marzo de 2024

Samurái comprando fruta y verdura



Ha salido un día feo. Ha llovido y el viento no para.
Noto que tengo que respirar y tener la cabeza fría. No debo dejar que emociones de otros me nublen.
Ya pelee en otras muchas batallas, ya note el sabor de sangre en la boca. Pero cuando me pongo el ō-yoroi, me cambia la mirada.
Ya no se me inyecta en sangre, eso era antes.
Ahora, busco el paso lento, el sigilo, la sombra. Tratar de observar de otra manera. Mirar desde arriba, desde abajo. Respira, me digo. No corras.
Es un viaje, otro más. Que, tal vez, tenga su llegada en 20 años. Otros, seguramente, verán el amanecer.
Anoto, lentamente, para poder pensar.
A veces samurái, a veces shinobi.
Un periodo Sengoku, inestabilidad, conflictos, luchas de poder.
Tengo que ir al mercadillo. Verduras, frutas.
No se si la armadura encaja con la bolsa de la compra. Pero la llevo.
Me tira un poco de la sisa y me roza en la ingle.
Alcachofas, longaniza, morcilla. Será un gran arroz.
Es una batalla que quiero ganar, quiero estar en la del día siguiente y en la otra, y en la otra.
Quiero tomar una copa de vino, con los shōgun. Hablar de que ayer nevó en la sierra, o de cuando quedamos a comer, o si nos juntamos en tal o cual sitio para no hablar de batallas, para hablar de vida.
O, igual es lo mismo ¿no?. Batalla, vida. Vida, batalla.
La bolsa de la compra y al mercadillo. Después el arroz.
Vida y batalla. Ganarla, es participar en la siguiente.
¡Vamos!
Animo y suerte.

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Gracias Pepe. Inktraveler Japanese Stationery

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