martes, 19 de julio de 2022

Santa Paciencia (VIII)



Recuerdo aquellos días muy calurosos, tanto como el de hoy.
El colegio había terminado y los malditos Cuadernos de repaso Santillana, que yo cumplimentaba estoicamente todas las mañanas, eran la obsesión de mi querida madre. Había que escapar.
Por la galería, abierta, entraba una agradable brisa mientras desayunábamos.
En alguna ocasión se me permitía, arropado por mil malos presagios y otras tantas recomendaciones a mi hermano, acompañarle a por la leche a una vaquería cercana.
Calle, vacas, salir.
Era toda una aventura. La parte esencial, no cumplir ninguna de las recomendaciones establecidas.
- No te sueltes de la mano
- Tener cuidado al cruzar
- No corráis
- A la vaquería, y vuelta, no os entretengáis.
Pero claro, para el, yo era una carga. Cuidar del crío y evitar todo aquello que le gustaba hacer.
Bajar corriendo por los terraplenes, buscar nidos, unirse a expediciones y aventuras con otros chicos del barrio, etc. Pero no. No podía, bajo pena de arresto domiciliario hasta el final de sus días.
Y claro, el crío, que había salido con su flequillo al viento deseoso de aventuras, acababa escuchando las misma recomendaciones y amenazas pero, además, con falta de circulación en la mano de tan fuerte como lo sujetaban.
Otra de las maravillosas aventuras veraniegas, era ir a la compra. Bueno, vale, retrasaba el momento de hacer palotes, círculos y proyectos de números, que ya era algo.
Pero, siempre hay un pero. Era agotador y bochornoso lo de "... que guapo y que alto estas". "Dale un beso a la Sra. Concha". Y así, con todas las vecinas y conocidas.
O sea, acababa lleno de carmín y oliendo a Maderas de Oriente como si hubiera nacido en arabia.
Ya de vuelta, sudoroso por el calor y los apasionados achuchones de las vecinas, había magdalenas y limonada con "esponjau".
Era como un azucarillo que, a veces, venía preparado con clara de huevo y esencia de limón. Una masa porosa y rígida que me encantaba observar mientras se deshacía en vasos de cristal fino, llenos de trozos de hielo. Ese era el momento de la droga azucarada. Escapar.
Otra cosa eran los fines de semana.
No tengo muy claro el recuerdo cuando mi padre, con espíritu aventurero fuera de lo normal, planteaba ir al rio.
No me gustaba, ni poco, ni mucho. No me gustaba nada.
Mi madre, se quedaba en casa cuidando de la abuela y nosotros salíamos pertrechados como exploradores a aquel paradisíaco lugar denominado "El Pedregal".
Y eso era precisamente. Un pedregal, por donde a veces el agua llegaba a la rodilla y las más, al tobillo.
Conseguías mojarte el culo y poco más. Algunos cazaban ranas, otros tiraban piedras y algunos, los menos, lavaban el coche.
Yo, desde que llegaba hasta que me iba, parecía un merengue. Impregnado de arriba a abajo, con aquella crema de la lata azul de Nivea.
Se suponía que mi piel blanca inmaculada, podía disponer de un nivel de protección efectivo a partir del momento en que solo se me veían los orificios de la nariz y los ojos. El resto, merengue puro.
Que noches tan maravillosa de insolación. De piel tipo gambón, oscuro, rebozado en merengue.
Quien me iba a decir a mi, que años después, el inventor de aquellos cuadernos de repaso, sería mi jefe.
Verano, Santillana, azucarillo y piel ardiente. Que más se pude pedir, Jesús.

domingo, 17 de julio de 2022

Cartas que nunca enviaré XXX



Hola. Por aquí, todo bien. Incluso podría decir que maravillosamente bien.
Imagino que por ahí, coincidirá con mis deseos, y todo fluirá dentro del caos de la vida.
He notado que cuando a la gente le preguntas por como les va, aumentan su optimismo uno o dos puntos.
Todos mentimos un poco, o nos mentimos un poco. El ánimo, bien, aunque siempre existan determinadas preocupaciones. O el ánimo, mal, pero no encontramos el motivo y ahí seguimos, con cara de acelga y viendo solo la parte oscura.
Cierto es, que siempre habrá alguien que esté peor que tu; y siempre habrá alguien que esté mejor.
Encontrar el punto de equilibrio entre lo que te preocupa y aquello que te hace sentir satisfecho, para sentirte bien no es fácil ¿verdad?
Siempre fuiste de hacer planes. Planes de mejora. Algo más de dinero, algo más de reconocimiento, algo más de autoestima, algo más de satisfacción. Yo, a veces, te los disparaba, te los elevaba al cubo.
Si hablabas de una pequeña casa de turismo rural, yo veía un pedazo de hotel al que no le faltaba un detalle. Si pensabas en retomar unos estudios, yo veía títulos llenando las paredes. Cuando decías de contar ovejas, yo contaba rebaños en Australia. Un libro, tal vez. No, no. El Planeta y con algo de suerte el Pulitzer.
Tu hablabas de saltar, yo planeaba volar. Tu mirabas desde la ventana, y yo me preparaba para lanzarme al vacío.
Ahora que lo pienso, es curioso lo de las ventanas.
Estas semanas, a falta de mobiliario, trabajo en un sitio improvisado delante de una ventana.
Nunca me había sentado delante de ella para mirar.
Lo de fuera, se enmarca por la derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo. El espacio solo crece hacia adelante, al fondo.
Hay como una leve bruma en el horizonte.
Acabo de hacer un café. Me siento bien. Tengo preocupaciones, claro. Como seguramente las tengas tu. He asomado la cabeza. A la derecha, a la izquierda, arriba y abajo, hay más. Más espacio, más lugares, más vida.
Espero que todo fluya dentro del caos de tu vida, y que cuando alguien de los tuyos te hable de contar ovejas, les hables de Australia. De los 150 millones de ovejas que hay allí. Cuando te hablen del cielo, busques alas, espacios abiertos, busques el mejor avión.
Miro por la ventana, a lo lejos, y te veo volar.
Animo y suerte.

sábado, 16 de julio de 2022

Hacer un jardín



Ando un tanto desaparecido y lleno de necesidades.
Podría añadir lo de desubicado, que también.
Necesito volver a cocinar. Retomar los bollos de brandy dulces, las "búlgaras", ver como una masa crece o simplemente dibujar un nuevo plato, oler, saborear, crear.
Intento, todos los días, escribir. Pero, sea por una cosa u otra, no lo consigo. Lo necesito, como el café.
Necesito volver a ubicarme. Necesito volver a mis 10 km., a sudar por el gusto y la gana de hacerlo.
Necesito recolocar el amanecer en su lugar.
Ayer, un buen amigo me recordó con amabilidad que llevamos demasiado tiempo sin vernos.
Necesito ver los campos de lavanda.
Las "Cartas que nunca enviaré", las historias de "Santa Paciencia". Hablar con Mirlo, con Isi. Retomar "Palabras bonitas", agendar más cafés.
Pero, a la vez, me siento más libre. Ya no soy de un lugar. He aprendido que los planes duran, hasta el momento que la vida los cambia.
Han dejado de importarme algunas cosas y ahora disfruto y me preocupo de otras que nunca hubiera imaginado.
Hornear pimientos, recordar a los que ya no están, quedar a charlar y tomar una o cien copas de vino hasta que la edad o el dueño del local apague las luces.
Mirar a Venus sin prisa y olvidar el reloj. Necesito sentir un poco más y correr un poco menos.
Pero, a la vez, necesito la adrenalina de la agenda apretada, del ir y venir constante. De nuevos proyectos, de apoyar esfuerzos de otros, de participar en otros planes.
Y solo el hecho de que, al levantarme, no me duela nada distinto que el amanecer anterior, me da fuerzas, para necesitar, para tener ganas de tener ganas.
Necesito poner un disco, mover el brazo de la aguja y notar su carraspeo. Cerrar los ojos y pintar un jardín.
Y a la vez necesito salir corriendo. Subir al monte, bajar al valle. Gritar y respirar en silencio.
Necesito la ironía de saberme de vuelta, pero con el deseo de volver a ir.
Haré albóndigas, con setas. Ya casi no hay muebles. Solo cajas, necesidades, ganas, muchas ganas.
Tal vez, haga un jardín, otro. Con brócoli, cebolla morada, judía francesa... y la hierba, una crema de aguacate, calabacín y espinacas.
Tengo ganas.
Animo y suerte.

domingo, 10 de julio de 2022

Hombres perro



Desde que me he levantado oigo, a mi espalda, las patitas de Isi sobre la tarima.
Me sigue a todas partes. Me paro, se para. Cambio de dirección y ella retoma su persecución.
Le hago un mimo y se pega a mi pierna.
Una vez que ve que me siento, da una vuelta controlando el entorno y desaparece.
Va un poco perdida, igual que yo. Zigzaguea entre jarrones y lámparas, envueltas en plástico de burbujas. Su cama, que a cada rato cambia de sitio, deja de ser su cama; y cualquier manta o tela que reconoce, le viene bien.
Al mediodía, buscará el puro suelo. No lleva bien el calor.
Si dejo mi sillón libre, no tendrá ningún inconveniente en subirse a él y leer estas líneas o , incluso, tomarse mi café.
Creo que dentro de ella hay una persona. Una persona que no tiene muy claro que es un perro. O mejor, es un perro que quiere ser persona.
Cualquier día, oiremos su voz. Dejará de sonar a ladrido y nos contará su opinión sobre el calor de estos días, o sobre la gripe A.
La imagino, sentada a mi lado como tantas veces pero, con gafas de sol.
Tal vez escriba un cuento. "Isi, esa persona que no sabía que era un perro", o "Isi, el perro que quería ser persona".
Le encanta salir por una puerta y entrar por otra. A veces, jugamos al escondite. La engaño asomándome por un sitio y saliendo por otro. Ella galopa con su lengua colgando hasta llegar al giro del pasillo y yo, me susto con sus derrapajes.
Se sube al baúl y otea el horizonte, vigilando que todo esté en sus lugar. Las palomas, las ramas altas de los árboles. Salta y se acoda, como si fuera la barra de un bar observando quien pasa por la calle. Saluda a unos y a otros.
Ahora mismo, la veo tomando café y tecleando en el ordenador.
Yo, a cuatro patas, en el sillón de al lado, como si me fuera la vida en ello, me rasco nervioso detrás de la oreja.
"El hombre que no sabía que era un perro". Es buen título ¿no?.
Animo y suerte.

sábado, 9 de julio de 2022

Bien



Declaración trimestral.
Baja de servicios en Madrid.
Alta, en destino.
Volvemos a las cajas.
Reunión de trabajo, comida de "casi" trabajo.
Más cajas.
Cancelación de hipotecas, documentación, notario. Escrituras, certificados...
No tengo mesa de trabajo. Utilizo una, improvisada, desde la que he visto amanecer.
Ideas, proyectos. Almería, Vigo, Portugal, Palma de Mallorca, seguimos.
Un resfriado que ya dura dos semanas. Test negativo.
Ha pasado un día desde que empecé estos párrafos.
Ayer, a ultima hora, vino C., mi otra hija. Hablamos de Méjico y de Australia. De felicidad y de sentirse satisfecho. De como se reduce todo a sentirse bien. Recordaba aquella oscura Navidad y como las cosas han ido encontrando su lugar. Ella, sigue creando un plan. Será en un banco o como instructora de buceo. Tal vez la política o la diplomacia. Aquí, allá.
M. y B. se "resisten" a sacar sus cosas de los armarios. Lo entiendo.
Las dos están peleando. Aun tienen sueños, que poco a poco se van convirtiendo en planes.
Me siento orgulloso de ellas. Se de sus dudas, de sus miedos, de esa maldita ansiedad que a todos nos ataca. Pero no dejan caer los brazos. Siguen.
Las pequeñas cosas ganan importancia.
Hace unos segundos, el sol, daba un nuevo espectáculo único. He mirado dentro. Me ha hecho sentir bien.
Animo y suerte.

miércoles, 6 de julio de 2022

Actuar es reaccionar



Tal vez había sido el calor. Hacía un poco habitual bochorno con más humedad de la normal.
Por un momento, mientras notaba como las gotas de sudor empapaban su impecable polo, se sintió en un extraño circo de los horrores.
Primero le vino a la memoria aquella película de 1960, donde un cirujano plástico purga sus errores profesionales haciendo experimentos con las artistas de un circo en ruinas.
Después, tras un sorbo de cerveza, pensó en la pobreza del teatro de Grotowski.
Los actores utilizaban sus cuerpos como la única herramienta estética.
Aquel hombre que, con una voz excesiva, hablaba a sus acompañantes del fin de semana que la visita de familiares y amigos había destrozado, se levantó, mostrando un cuerpo inmenso y desproporcionado para el tamaño de su rasurada cabeza.
Tras él, paró un vehículo del que descendieron varias mujeres que hacían de su obesidad mórbida, carta y pancarta de presentación.
Aquel otro hombre, seguramente, viendo las noticias en su móvil totalmente inmóvil como si esa acción lo hubiera le hubiera convertido en estatua de sal huyendo de una Sodoma desconocida.
El camarero, demasiado delgado, con tez cetrina y desaliñado. Daba la sensación de ser el único personaje que se sabía su papel. Iba y venía de una mesa a otra, comprobando que la acción se desarrollaba dentro de un pobre guion, lleno de horror.
Al lado, una pareja pedía un plato tras otro, mientras ella, dejaba que su pequeño humano se alimentara de su interior.
Raciones, tapas, platos combinados, llenaban la mesa entre ruidos de succión y de cubiertos sobre platos.
Una camarera, alta, muy alta. Todo piernas, hasta llegar a una cintura y un tronco mínimo.
Otra, mínima. Como si una tribu de jíbaros se hubieran distribuido para hacerla en miniatura.
Varios jóvenes sudorosos, recién llegados de destrozar el latido de su corazón, pedían hamburguesas diseñadas para dinosaurios, entre miradas caníbales.
Las moscas rondaban la copa.
En otra de las mesas, se apretaban varias personas como si el frío les hubiera empujado a ello.
Otro sorbo. Miró hacia las colinas. Creyó ver una marabunta de cuerpos descendiendo en alocada carrera.
Aquella furgoneta dio otra vuelta en el parking y se detuvo de nuevo en la puerta del bar. Abrió las puertas traseras y el conductor descendió. Desapareció unos minutos. El motor, al ralentí, parecía llenarlo todo. Nadie bajó ni subió del vehículo. Igual que había llegado, se fue.
En la mesa de la esquina, una mujer con cara de espanto, miraba a su alrededor. ¿Y si era una visión que solo ellos contemplaban?
Cuerpos y voces. Sonidos, atronadores, pero solo dentro de su cabeza.
¿Seguirá encendida esa maldita luz de la habitación?
- Si, otra cerveza.
Solo cuerpos y sonidos. Difusos, desproporcionados, grotescos, empujando a la crueldad.
Sudaba y, a la vez, sentía frío.
Necesitaba apagar la luz, llenarse de silencio.
“Actuar es reaccionar”
Desnudo, defendiendo su propia identidad.
¿Atreverse?
Animo y suerte.
*Imagen: El príncipe constante. Calderón de la Barca. Teatro Laboratorio de Grotowski.

sábado, 25 de junio de 2022

Escudos y espadas



Anoche, hicimos cena de "fiestuki". Estaban las chicas. Isi, también.
Me gustó verlas juntas. Planes, sonrisas, comienzos. Me fui a la cama con la sensación de que todo estaba bien, aunque fuera en un espacio/tiempo muy determinado.
Hoy, leo la noticia del Tribunal Supremo de EEUU sobre la eliminación de la protección legal a la interrupción del embarazo.
"...𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐥𝐚𝐬 𝐥𝐢𝐛𝐞𝐫𝐭𝐚𝐝𝐞𝐬 𝐬𝐢 𝐧𝐨 𝐬𝐞 𝐝𝐞𝐟𝐢𝐞𝐧𝐝𝐞𝐧, 𝐞𝐬𝐭𝐚́𝐧 𝐚 𝐮𝐧𝐚 𝐠𝐞𝐧𝐞𝐫𝐚𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐝𝐞 𝐝𝐞𝐬𝐚𝐩𝐚𝐫𝐞𝐜𝐞𝐫. 𝐄𝐧 𝐄𝐬𝐭𝐚𝐝𝐨𝐬 𝐔𝐧𝐢𝐝𝐨𝐬 𝐲 𝐞𝐧 𝐭𝐨𝐝𝐚𝐬 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐞𝐬.", termina el artículo.
¿Quien? ¿Quien, tiene interés en eliminar libertades alcanzadas?
¿Cuál es el motivo?
Una libertad, no es una obligación. Una libertad, no es exclusiva de las mayorías. Muy al contrario. Ayuda y apoya a las minorías, en la mayoría de los casos.
Conservadores, religiosos radicales o simplemente es un derecho no recogido en la Constitución. Un "papel" que data del siglo XVIII, en este caso.
Eutanasia, derecho a morir dignamente.
Matrimonio gay.
El viernes, 18 fallecidos en el último intento de salto de la valla de Melilla.
Aún veo la cara de la Megaprincesa Isabel Natividad de España (y del mundo mundial), en la Asamblea de Madrid.
"𝑳𝒊𝒃𝒆𝒓𝒕𝒂𝒅 𝒚 𝒅𝒆𝒔𝒑𝒖𝒆́𝒔 𝒕𝒐𝒅𝒐 𝒍𝒐 𝒅𝒆𝒎𝒂́𝒔.", vocea.
¿Qué es todo lo demás? No, no le pregunto que es para usted la libertad.
Libros de texto que adoctrinan. Servicios de urgencia, cerrados. Anticorrupción, mirando hacia otro lado. Locales comerciales que por obra y gracia de esa libertad, se convierten en viviendas sociales. Y no hablemos del orgullo.
Anoche, se estaba bien en la terraza. Tortilla de patata, quesos, alcachofas, ensalada de tomate, sardinitas, cosas de picar.
Una, se metía conmigo en cuanto le dejaba un hueco. Y se lo puse fácil. Otra, quería salir, pero sus amigos estaban resacosos de la noche anterior. Otra, entusiasmada con sus paseos de mojito y Limonchelo; de lágrimas y risas. Y claro, la mayor, ejerciendo su duelo y pendiente del más mínimo detalle, como siempre.
Isi, aunque había cenado, buscaba algún trocito de queso, metiendo el morro por donde podía. Todo estaba bien.
Hoy, el amanecer era rojizo, bello, impresionante.
Un nuevo día en que la vida nos pondrá a prueba. En este instante, en este lugar, todo está bien.
Mañana, frente al mar.
Escudo, espada, abrir la puerta y salir a la calle, a la vida. Pelear este día para, al menos, estar y vivir la siguiente batalla.
Animo y suerte.

viernes, 24 de junio de 2022

Callos con acelgas



Mi mesa está algo más despejada, pero llena de caos. Una caja de destornilladores, cinta de embalar, un mechero, una libreta, libros, una mascarilla, recibos, facturas, una taza de café.
Necesito un descanso. No se si mental, emocional o ambos.
Ayer salí a caminar. Hoy, no se a que hora, también lo haré.
Mañana, cajas y más cajas de recuerdos que dormían en armarios y estanterías, comienzan el viaje.
Extraña sensación. Lo viejo, va hacia lo nuevo.
Seguro que durante meses, será un camino de ida y vuelta. Hasta llegar a Ítaca.
𝙽𝚘𝚜 𝚍𝚞𝚎𝚕𝚎 𝚎𝚗𝚟𝚎𝚓𝚎𝚌𝚎𝚛, 𝚙𝚎𝚛𝚘 𝚛𝚎𝚜𝚞𝚕𝚝𝚊
𝚖𝚊́𝚜 𝚍𝚒𝚏𝚒́𝚌𝚒𝚕 𝚊𝚞́𝚗
𝚌𝚘𝚖𝚙𝚛𝚎𝚗𝚍𝚎𝚛 𝚚𝚞𝚎 𝚜𝚎 𝚊𝚖𝚊 𝚜𝚘𝚕𝚊𝚖𝚎𝚗𝚝𝚎
𝚊𝚚𝚞𝚎𝚕𝚕𝚘 𝚚𝚞𝚎 𝚎𝚗𝚟𝚎𝚓𝚎𝚌𝚎.
La única noticia apasionante. Un paso más, otro. ¡Vamos!.
Hoy, vuelvo a tener antojo. Callos con acelgas.
Animo y suerte.
Pdta.: Enzo. Bienvenido. Virginia Martinez
*Fotografías veladas de la lluvia - Luis García Montero

viernes, 10 de junio de 2022

Elegans, mon amour



He empezado a escribir muy temprano. Pero, por una cosa o por otra, se ha quedado sin publicar.
El primer café. La ducha. El desayuno. Llamadas, correos, e indolentemente, el texto se ha quedado mirando por la ventana sin saber muy bien, si gritar o arrojarse al vacío.
Estoy añadiendo estas líneas, al principio, sin querer revisar lo escrito (nunca, o casi nunca lo hago) como disculpa a mi yo del amanecer.
A ello.
Segundo café.
𝘊𝘢𝘦𝘯𝘰𝘳𝘩𝘢𝘣𝘥𝘪𝘵𝘪𝘴 𝘦𝘭𝘦𝘨𝘢𝘯𝘴, así se llama. Fue el primer organismo multicelular cuyo genoma pudo secuenciarse completo. El gusanito, 𝑬𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏𝒔 para los colegas, tiene alrededor de 20000 genes; entre un tercio y un quinto de los que contiene un ser humano.
O sea, solo somos cinco veces más que un gusano.
Pero no acaba ahí el tema.
𝑬𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏𝒔 tiene 300 neuronas. Un cerebro humano tiene 10000 millones. O sea, volvemos a ganar. En neuronas, vencemos 30 millones de veces. Aunque muchos de los humanos por sus actividades parecen utilizar aproximadamente las mismas que tiene el gusano.
Produce unos 1000 huevos al día, se puede congelar y descongelar para revivir cuando sea necesario. Y una gran ventaja. ¡Es transparente!
¡Puedes ver a través de su piel! Le ves todo, ¡hasta las 300 neuronas!.
Se ha utilizado desde hace tiempo para el estudio de enfermedades como la obesidad, diabetes, envejecimiento, Alzheimer, entre otras. Ya que muchos de los genes del genoma de 𝑬𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏𝒔 tienen equivalente funcional en los humanos. O sea, nos parecemos a un gusano. O un gusano, se parece a nosotros.
En 1988, una mutación en un gen de 𝑬𝒍𝒆𝒈𝒂𝒏𝒔, aumentó su vida útil hasta un 65%.
Pocos años después, en 1993, otro mutante de un solo gen, podía extender su vida hasta diez veces.
¿Te imaginas? Alterar la vida útil diez veces. La vida útil es plástica.
¿Te imaginas que fuéramos transparentes y se nos viera todo? ¿Hasta las ideas?
Y en estas estaba yo, hasta que me ha salido el lado oscuro.
¿Te imaginas que todos esos autobuses cargados de impresentables, ignorantes, imbéciles y mala gente que andan por ahí, mutaran un gen?
A veces, el progreso, es un arma de doble filo.
¡Venga, al avión!
Animo y suerte.

miércoles, 8 de junio de 2022

Mil tipos, o muchos más



Conozco a un tipo que viene de la NASA. Es literal.
Conozco a otro que tiene mil planes y es capaz de mejorarlos a cada minuto.
Cuando digo conozco, es que me conocen. Que algo sabemos el uno del otro.
Esta tarde, veo al de la NASA. Seguro que nos vamos al 98, al 99 o al 2000. Seguro que hablamos de tecnología, de personas, de recuerdos. De todo ese tiempo que nos vimos y en el que dejamos de hacerlo. Hablaremos de hijos, de libros y de que es lo importante.
Conozco a un tipo, delgado, fibroso, del que me fío, en el que confío. Mañana, me lo llevo al desierto, para que conozca al de los mil planes. Ellos, se conocerán, viajarán al 2100, seguro. Podrán añadir a su lista personal de tipos, uno más, para bien.
Conozco, a mil tipos, mil, o muchos más.
Cuando digo "conozco" es que me siento a gusto con ellos. Hablando, escuchando, estando en su vida a ratos, por horas o de vez en cuando. Y claro está, ellos, están en la mía. Seguro que una copa de vino y en silencio, también.
Conozco a un tipo, que sabe los "qués" y conoce los "cómos". Un tipo que sabe donde está el borde del abismo y mira al vacío, esperando esa racha de aire, que cuando salte, lo haga volar.
Conozco, a mil tipos, mil, o muchos más.
Gente buena, buena gente.
Conozco a un tipo, que me mira desde el espejo cada mañana. Ese, que me descubre algo nuevo, cada poco. Una arista, una esquina, un hueco, o una cueva donde entrar.
Hoy, me ha dicho que quiere juntar a mil tipos a comer. Cocinar, para y con ellos. Que se junten, que se mezclen y que puedan añadir a sus listas de cosas importantes, esos novecientos noventa y nueve tipos con los que ese día coincidirán.
Será aquí, allí, o donde la vida nos lleve. Será, Itaca, tal vez.
Conozco a un tipo, que quiere exprimir lo que queda. Hasta la última gota. ¿Te apuntas?
Buena gente, gente buena.
Animo y suerte.
*Ajetes, tomates cherry, tomates secos, caldo de pollo, aceite de cayena y semillas de lino.
Para acompañar una carne... ¡brutal! #saborencristal

domingo, 5 de junio de 2022

Amor



Shakira rompe con Piqué. Johnny Depp y Amber Heard. Maratón de tele realidad que ambos pagarán.
Y en la portada de @El País, "Los españoles ante el amor". ¿Será casualidad?
Una encuesta en la que el amor parece la panacea, pero es la cuarta de nuestras prioridades.
¿Una adicción, más que un sentimiento?
El Arcipreste de Hita, se cortaría las venas.
La guerra se mezcla con la inflación. Igual que en el Wanda hay sitio para los Rolling y para Alejandro Sanz.
𝖰𝗎𝖾 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈 𝖽𝖾 𝗍𝖺𝗇𝗍𝗈 𝖼𝖺𝗅𝗅𝖺𝗋, 𝗍𝖺𝗇 𝗌𝗈𝗅𝗈 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈
𝐈 𝐟𝐨𝐥𝐥𝐨𝐰𝐞𝐝 𝐲𝐨𝐮 𝐭𝐡𝐫𝐨𝐮𝐠𝐡 𝐬𝐰𝐢𝐫𝐥𝐢𝐧𝐠 𝐬𝐞𝐚𝐬
𝖣𝖾 𝗀𝖺𝗇𝖺𝗌 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝖾𝗋𝗍𝖾 𝖺 𝖻𝖾𝗌𝗈𝗌, 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈, 𝗈𝗁-𝗈𝗁
𝐃𝐨𝐰𝐧 𝐝𝐚𝐫𝐤𝐞𝐧𝐞𝐝 𝐰𝐨𝐨𝐝𝐬 𝐰𝐢𝐭𝐡 𝐬𝐢𝐥𝐞𝐧𝐭 𝐭𝐫𝐞𝐞𝐬
𝖠𝗒, 𝗒𝗈 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈 𝖽𝖾 𝗍𝖺𝗇𝗍𝗈 𝖺𝗀𝗎𝖺𝗇𝗍𝖺𝗋, 𝗍𝖺𝗇 𝗌𝗈𝗅𝗈 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈
𝐘𝐨𝐮𝐫 𝐥𝐨𝐯𝐞 𝐢𝐬 𝐬𝐭𝐫𝐨𝐧𝐠 𝐚𝐧𝐝 𝐲𝐨𝐮'𝐫𝐞 𝐬𝐨 𝐬𝐰𝐞𝐞𝐭 (𝐲𝐨𝐮'𝐫𝐞 𝐬𝐨 𝐬𝐰𝐞𝐞𝐭)
𝖣𝖾 𝗀𝖺𝗇𝖺𝗌 𝖽𝖾 𝖼𝗈𝗆𝖾𝗋𝗍𝖾 𝖺 𝖻𝖾𝗌𝗈𝗌, 𝗆𝗎𝖾𝗋𝗈
𝐘𝐨𝐮 𝐦𝐚𝐤𝐞 𝐦𝐞 𝐡𝐚𝐫𝐝, 𝐲𝐨𝐮 𝐦𝐚𝐤𝐞 𝐦𝐞 𝐰𝐞𝐚𝐤
Amor y guerra.
Leo la carta que Pedro Gonzalez escribe para romper su soledad por la perdida de su esposa Nuria. Manifiesta la falta de empatía, ante su perdida, del resto del mundo.
Juntos vivieron un instante que duró 45 años. Nadie debería morir en primavera.
Me he ido a un parque. Sentado en alguno de aquellos bancos de madera y hormigón.
Y leo:
𝑈𝑛 𝑝𝑎́𝑗𝑎𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝑝𝑎𝑝𝑒𝑙 𝑒𝑛 𝑒𝑙 𝑝𝑒𝑐ℎ𝑜
𝑑𝑖𝑐𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑙 𝑡𝑖𝑒𝑚𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑜𝑠 𝑏𝑒𝑠𝑜𝑠 𝑛𝑜 ℎ𝑎 𝑙𝑙𝑒𝑔𝑎𝑑𝑜;
𝑣𝑖𝑣𝑖𝑟, 𝑣𝑖𝑣𝑖𝑟, 𝑒𝑙 𝑠𝑜𝑙 𝑐𝑟𝑢𝑗𝑒 𝑖𝑛𝑣𝑖𝑠𝑖𝑏𝑙𝑒,
𝑏𝑒𝑠𝑜𝑠 𝑜 𝑝𝑎́𝑗𝑎𝑟𝑜𝑠, 𝑡𝑎𝑟𝑑𝑒 𝑜 𝑝𝑟𝑜𝑛𝑡𝑜 𝑜 𝑛𝑢𝑛𝑐𝑎.
𝑃𝑎𝑟𝑎 𝑚𝑜𝑟𝑖𝑟 𝑏𝑎𝑠𝑡𝑎 𝑢𝑛 𝑟𝑢𝑖𝑑𝑖𝑙𝑙𝑜,
𝑒𝑙 𝑑𝑒 𝑜𝑡𝑟𝑜 𝑐𝑜𝑟𝑎𝑧𝑜́𝑛 𝑎𝑙 𝑐𝑎𝑙𝑙𝑎𝑟𝑠𝑒,
𝑜 𝑒𝑠𝑒 𝑟𝑒𝑔𝑎𝑧𝑜 𝑎𝑗𝑒𝑛𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑡𝑖𝑒𝑟𝑟𝑎
𝑒𝑠 𝑢𝑛 𝑛𝑎𝑣𝑖́𝑜 𝑑𝑜𝑟𝑎𝑑𝑜 𝑝𝑎𝑟𝑎 𝑙𝑜𝑠 𝑝𝑒𝑙𝑜𝑠 𝑟𝑢𝑏𝑖𝑜𝑠.
𝐶𝑎𝑏𝑒𝑧𝑎 𝑑𝑜𝑙𝑜𝑟𝑖𝑑𝑎, 𝑠𝑖𝑒𝑛𝑒𝑠 𝑑𝑒 𝑜𝑟𝑜, 𝑠𝑜𝑙 𝑞𝑢𝑒 𝑣𝑎 𝑎 𝑝𝑜𝑛𝑒𝑟𝑠𝑒;
𝑎𝑞𝑢𝑖́ 𝑒𝑛 𝑙𝑎 𝑠𝑜𝑚𝑏𝑟𝑎 𝑠𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑐𝑜𝑛 𝑢𝑛 𝑟𝑖́𝑜,
𝑗𝑢𝑛𝑐𝑜𝑠 𝑑𝑒 𝑣𝑒𝑟𝑑𝑒 𝑠𝑎𝑛𝑔𝑟𝑒 𝑞𝑢𝑒 𝑎ℎ𝑜𝑟𝑎 𝑛𝑎𝑐𝑒,
𝑠𝑢𝑒𝑛̃𝑜 𝑎𝑝𝑜𝑦𝑎𝑑𝑜 𝑒𝑛 𝑡𝑖 𝑐𝑎𝑙𝑜𝑟 𝑜 𝑣𝑖𝑑𝑎.
Levanto la cabeza y miro al cielo.
Bajo el mismo cielo y a cien años de distancia.
Animo y suerte.
Ꮇꮜꭼꭱꮻ - Ꭺꮮꭼꭻꭺɴꭰꭱꮻ Ꮪꭺɴꮓ.
Ꮮꮻꮩꭼ ꮖꮪ ꮪꭲꭱꮻɴꮐ - Ꭲꮋꭼ Ꭱꮻꮮꮮꮖɴꮐ Ꮪꭲꮻɴꭼꮪ
Ꮜɴ ꮲꭺ́ꭻꭺꭱꮻ ꭰꭼ ꮲꭺꮲꭼꮮ ꭼɴ ꭼꮮ ꮲꭼꮯꮋꮻ - Ꮩꮖꮯꭼɴꭲꭼ Ꭺꮮꭼꮖх​ꭺɴꭰꭱꭼ

viernes, 3 de junio de 2022

Positivo en nitroglicerina



Hemos pasado de la revolución al caos.
Una primera mudanza prevista para este mismo mes.
Cajas, etiquetas, más cajas.
- Esto, ya lo guardaré.
- En esta caja no cabe, hago otra.
- ¿Y los libros?
Me compro ropa por internet. Llega el lunes. También he comprado calzado y una batería para el portátil.
Estos últimos meses no tengo mucho tiempo.
Eliminados los cereales, los hidratos de carbono y el azúcar. Vuelvo a lo de "me lo dijo el doctor". Hay que retomar el ejercicio diario.
Nubes aborregadas, con el brillo del sol a su espalda.
Aun no he pensado en todo lo que tengo que hacer hoy.
Un café, otro.
Elecciones en Andalucía. Que pena, cuantos prejuicios. La guerra sigue, pero ya no en primera página. Nos estamos acostumbrando.
Entre noticia y noticia, mi dosis de García Montero.
La chica del pelo rizado y gafitas, la brasileña:
- Pero tu eres el jefe ¿no?
- Yo soy un señor mayor, solo eso.
Marcos se va de concierto a Ámsterdam y ha dado doble positivo en nitroglicerina en el aeropuerto. Mensajes bromeando por si la Guardia Civil ha decidido hacerle una inspección colorrectal.
José Antonio me invitó a conocer Catoira. Galicia de nuevo. Vigo, la plaza de abastos de Vilagarcía.
Otro Marcos, me recuerda que tenemos pendiente una "gran cena o comida", como aquellas de Coque. ¿Vamos a DiverXO?.
En tres semanas llega el verano.
Oigo el sonido de un servicio de emergencia, bomberos, ambulancia, policía. No sé, es a lo lejos.
El sol empieza a vencer a las nubes.
- ¿Y la barbacoa? ¿Qué hacemos con ella?
La Megaprincesa Isabel Natividad de España y del mundo mundial, se viste de Torquemada. Fahrenheit 451, quemar libros para eliminar ideas disidentes. Y, mientras, las masas enfervorecidas gritan ¡viva!, al Rey sin corona.
“Hay quienes encuentran normal que un camarero trabaje 12 horas… son los que nunca han pegado ni chapa”. Error, hasta los camareros se quejan de su defensa.
No somos más tontos, porque no entrenamos.
El paro cae por primera vez desde 2008. ¡Con un gobierno ilegítimo y social comunista!
Seguimos haciendo ruido, para que no se vean los datos.
Me miro al espejo.
- Yo soy un señor mayor, solo eso.
Animo y suerte.