sábado, 23 de marzo de 2024

Sabor a madera



Los pájaros tienen una agradable conversación en el jardín.
He regado, con mesura, toda la zona de flores silvestres que, esta mañana, he intentado proteger. La visita de Isi, es inminente y puede que esos olores de la tierra removida la animen a escarbar y proyectar la primera línea de metro de la localidad.
Intento desconectar. Trato de alejarme un poco de la realidad de estas ultimas semanas.
He encendido la calefacción. No hace frío en la calle, pero yo lo tengo.
Leo que ha fallecido Silvia Tortosa. Tal vez, te suene o quizás, ni siquiera la conozcas. Lo siento, siempre me pareció buena gente.
No escuché las noticias ayer, acabé tarde con algunos temas de trabajo.
Me cuesta entender lo que leo. Se mezclan los países, las lagrimas de unos y otros. El odio de otros y de unos.
No es Ucrania, ni Palestina, ni Israel. Pero podría serlo. Rusia. Es Rusia. Atentado reivindicado por el ISIS.
Las frases siguen llevándome a tener que releer varias veces los titulares.
“Ha sido un ataque contra gente indefensa, un acto bárbaro”. Otro más.
Un concierto, un vagón de metro, un edificio de oficinas, alguien que invade a su vecino o que se defiende de la invasión. Alguien que pone absurdos ideales por encima de la vida de otros. Otra vez.
He puesto en un vaso un par de hielos, un buen chorro de eso que sabe a madera y un poco de agua.
Primero con la nariz, después aguantando el sorbo en la boca. Cierro los ojos.
He abierto la ventana, pero el sonido esta en mi cabeza.
𝑅𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟. 𝑅𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟. 𝑅𝑒𝑠𝑝𝑖𝑟𝑎𝑟
𝐸𝑙 𝑑𝑜𝑙𝑜𝑟 𝑝𝑜𝑟 𝑚𝑜𝑚𝑒𝑛𝑡𝑜𝑠 𝑠𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑐𝑎𝑠𝑖 𝑖𝑛𝑠𝑜𝑝𝑜𝑟𝑡𝑎𝑏𝑙𝑒
𝑃𝑒𝑟𝑜 𝑙𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑛𝑜 𝑡𝑒 𝑚𝑎𝑡𝑎
𝑇𝑒 ℎ𝑎𝑐𝑒 𝑖𝑚𝑝𝑙𝑎𝑐𝑎𝑏𝑙𝑒
𝐶𝑎𝑑𝑎 𝑢𝑛𝑜 𝑒𝑛 𝑠𝑢 𝑢𝑛𝑖𝑣𝑒𝑟𝑠𝑜
𝑆𝑖𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑠𝑢 𝑑𝑜𝑙𝑜𝑟
𝐶𝑜𝑚𝑜 𝑎𝑙𝑔𝑜 𝑖𝑛𝑚𝑒𝑛𝑠𝑜
Necesito a Millas. Me lanzo sin remisión a esa escritura de LSD. Hay piernas ortopédicas, resfriados y toda una visión del momento llena de colores, luces y sonidos.
Gracias.
Natalia me canta una nana. Me nota raro. Puede ser tristeza o simple frustración.
𝑁𝑜 𝑡𝑒 𝑐𝑢𝑙𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑝𝑒𝑛𝑎
𝑁𝑜 𝑡𝑒 𝑐𝑢𝑙𝑝𝑜 𝑑𝑒 𝑚𝑖 𝑚𝑎𝑙
𝑇𝑒 𝑐𝑜𝑛𝑠𝑡𝑟𝑢𝑖𝑟𝑒́ 𝑢𝑛 𝑐𝑎𝑠𝑡𝑖𝑙𝑙𝑜
𝐶𝑜𝑛 𝑡𝑢𝑠 𝑙𝑎́𝑔𝑟𝑖𝑚𝑎𝑠 𝑑𝑒 𝑠𝑎𝑙
Los dedos me molestan, jugué con fuego y me quemé. Y el omóplato izquierdo, protesta de vez en vez.
Un sorbo más. Eso de ahí afuera, parece una mala película de clase B. Y resulta que es la realidad.
Ya ha anochecido. Las luces del jardín están de fiesta. Me pondré una chaqueta y saldré a intentar ahogar esa realidad, o por lo menos a darle un susto, con el sabor a madera.
Animo y suerte.

martes, 19 de marzo de 2024

Margarita se llama mi amor



Hoy, he vuelto a mi costumbre de caminar intentando el trote "cochinero".
Serias dudas en lo del trote, para dejarlo en un paso "Rajoy", pero sin subir los puñitos a la altura del pecho.
Alguna llamada, mensajes de voz e incluso algo parecido a una reunión.
Cada intervención, controlando la respiración y sintiendo la existencia de músculos y tendones que ya no recordaba.
En los intermedios, la radio. Insistente y cansina en 4 o 5 noticias. Las que venden.
Poca relevancia del mensaje sobre que la "amenaza es total y absoluta".
Un virus, detectado en el mes de diciembre de 2020, hizo que un mes después se declarara la sexta ESPII, por parte de la OMS, desde la entrada en vigor del Reglamento Sanitario Internacional (RSI) en 2005.
Emergencia de salud pública de importancia internacional.
La guerra ruso-ucraniana, empezó en 2014.
El conflicto (lo llaman así) israelí-palestino, empezó en 1948.
Margarita Robles dice que cree que no somos conscientes, de que "un misil balístico puede llegar perfectamente desde Rusia a España".
Vale, Margarita. Soy consciente.
¿Cuál es la idea?
¿Empezamos a comprar chalecos antibalas, cascos de batalla, subfusiles y construimos refugios bajo profundas estructuras de hormigón?
¿Creamos alguna empresa para hacer estas compras y luego venderlas a los gobiernos autónomos y así ser los más ricos del cementerio?
¿Salimos corriendo?
¿Qué podemos decirle al pueblo Ruso? No a Vladimir, a su pueblo, a quien lo perpetúa en el poder con el ansia de matar.
¿Qué podemos decir al pueblo Ucraniano?
¿Y a los Israelitas? ¿Y a los Palestinos?
¿Qué podemos decirles a nuestros vecinos que aceptan el uso de la fuerza, del hambre y de las armas?
Hitler, Stalin, Negus, Habré, Pinochet, Idi Amin, Sadam Hussein, Pol Pot, Mussolini, Videla, dicen que fueron dictadores con una historia llena de hechos sangrientos.
Pero llegó la democracia y, con una urna, dimos legitimidad a quienes matan, roban y engañan con la excusa de la libertad, de las banderas.
Margarita, ¿eran conscientes los cartagineses y los romanos en su primera guerra púnica? Doscientos cincuenta años antes de Cristo.
Y de fondo, suena "Margarita se llama mi amor". Canción marcial que nació en las milicias universitarias.
Hoy, me duele todo.
Y Margarita, lo sabe.
Animo y suerte.

domingo, 17 de marzo de 2024

Os vamos a triturar



Y nos da igual. Más de 4.000.
En la barra del bar, la amnistía.
En el mercadillo, vuelven las elecciones.
Y fueron más de 4.000.
Todo intento de rectificación, de disculpa, se convierte en el mismo vómito que ahogó a muchos de aquellos ancianos que murieron en soledad.
Sus familiares siguen gestionando un duelo de desaparición.
No los vieron apagarse, no pudieron estrechar su mano mientras ese aliento entrecortado de la despedida marcaba el fin.
Horrible final, en soledad.
Ya hemos normalizado el terror que vivimos aquellos días.
Ya hemos olvidado la polarización y la envidia por tener un perro y poder salir a pasear. Ya no recordamos ña distancia de seguridad que a muchos nos empujaba a bajar de la acera y circular por el centro de la calle, embozados es mascaras que nos llevaban a épocas desconocidas en que la peste vencía.
Mientras otros, necesitaban hacer que su nariz se asomara, demostrando su chulería, su gallardía y su ignorancia, ocupando cualquier espacio, con la excusa de "porque yo lo valgo".
Más de 4.000 que seguro escucharon aplausos en las tardes de un mes de marzo como este y mostraron la misma sorpresa al oír golpear cazuelas, que acallaron sus toses, sus intentos de respirar un poco más.
Alguien, quizás, les susurro al oído:
“Os vamos a triturar"
Y mirar al mar, hoy, me relaja y me aleja.
¿No os da vergüenza? Fueron más de 4000.
Animo y suerte.

sábado, 16 de marzo de 2024

Distinto


Predico el cambio. Intento sobrevivir al cambio.
Soy alguien distinto. Distinto de ayer. Distinto de hace cinco, diez años.
El mundo cambia. Crece, se transforma. Y nosotros debemos hacerlo con él.
Las normas, las costumbres, la flexibilidad de nuestros músculos.
El llavero que molesta en tu bolsillo cuando te sientas. Las mismas llaves, ya no abren antiguas cerraduras.
Tu mirada, tu piel, el color de tu pelo (si es que aun sigue ahí). Todo cambia.
Parece como si cada día, el cuaderno de caligrafía con el que aprendimos a escribir, también cambia y nuestra letra y lo que con ella expresamos se transforma. Puede que incluso, en otro idioma, con otros símbolos.
Aquel vaquero sobre el caballo que nos conducía a paisajes de aventura mientras succionaba un cigarrillo, se convirtió en un cáncer de pulmón que se lo llevó a otro barrio.
La tasa de crecimiento global se ha reducido pero, aun así, el año pasado nacieron 134 millones de almas, es decir, 4,3 cada segundo.
Las mayores tasas de fecundidad, corresponden a las naciones con menor progreso económico.
𝗘𝗹 𝗻𝘂́𝗺𝗲𝗿𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗳𝗿𝗶𝗰𝗮𝗻𝗼𝘀 𝘀𝗲 𝗱𝘂𝗽𝗹𝗶𝗰𝗮𝗿𝗮́ 𝗮𝗻𝘁𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝟮𝟬𝟱𝟬, 𝘆 𝗹𝗮 𝗺𝗮𝘆𝗼𝗿 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗲 𝗱𝗲 𝗲𝗹𝗹𝗼𝘀 𝗻𝗮𝗰𝗲𝗿𝗮́ 𝗲𝗻 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀; 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘀𝗲𝗿 𝗲𝘅𝗮𝗰𝘁𝗼𝘀 𝗲𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗯𝗮𝗿𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗽𝗼𝗯𝗿𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝗹𝗮𝘀 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀: 𝗵𝗮𝗰𝗶𝗮 𝟮𝟬𝟯𝟬 𝗲𝗹 𝟲𝟬% 𝗱𝗲 𝗹𝗼𝘀 𝗰𝗶𝘂𝗱𝗮𝗱𝗮𝗻𝗼𝘀 𝗱𝗲 𝗔́𝗳𝗿𝗶𝗰𝗮 𝘀𝗲𝗿𝗮́ 𝗺𝗲𝗻𝗼𝗿 𝗱𝗲 𝗲𝗱𝗮𝗱. 𝗗𝗲𝗹 𝗼𝘁𝗿𝗼 𝗹𝗮𝗱𝗼 𝗱𝗲𝗹 𝗺𝘂𝗿𝗼 𝗹𝗮𝘀 𝘀𝗼𝗰𝗶𝗲𝗱𝗮𝗱𝗲𝘀 𝗿𝗶𝗰𝗮𝘀 𝗲𝗻𝘃𝗲𝗷𝗲𝗰𝗲𝗿𝗮́𝗻. 𝗘𝗹 𝗺𝘂𝗻𝗱𝗼 𝗲𝗻𝘁𝗼𝗻𝗰𝗲𝘀 𝘁𝗲𝗻𝗱𝗿𝗮́ 𝗾𝘂𝗲 𝘀𝗲𝗿 𝗱𝗶𝘀𝘁𝗶𝗻𝘁𝗼: 𝗼 𝗹𝗮𝘀 𝗻𝗮𝗰𝗶𝗼𝗻𝗲𝘀 𝗽𝗼𝗯𝗿𝗲𝘀 𝘀𝗲 𝗰𝗼𝗻𝘃𝗶𝗲𝗿𝘁𝗲𝗻 𝗽𝗿𝗼𝗻𝘁𝗼 𝗲𝗻 𝘁𝗲𝗿𝗿𝗶𝘁𝗼𝗿𝗶𝗼𝘀 𝗽𝗿𝗼́𝘀𝗽𝗲𝗿𝗼𝘀 𝗱𝗼𝗻𝗱𝗲 𝗺𝗮𝘀𝗮𝘀 𝗱𝗲 𝗿𝗲𝗰𝗶𝗲́𝗻 𝗹𝗹𝗲𝗴𝗮𝗱𝗼𝘀 𝗲𝗻𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗿𝗲𝗻 𝘀𝗶𝘁𝗶𝗼 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘃𝗶𝘃𝗶𝗿 𝘀𝘂𝘀 𝘃𝗶𝗱𝗮𝘀 𝗱𝗶𝗴𝗻𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲, 𝗹𝗮 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝘀𝗼𝗻̃𝗮𝗱𝗮, 𝗼 𝗮𝗯𝗿𝗶𝗺𝗼𝘀 𝗹𝗮𝘀 𝗽𝘂𝗲𝗿𝘁𝗮𝘀 𝗮 𝗹𝗮 𝗶𝗻𝗺𝗶𝗴𝗿𝗮𝗰𝗶𝗼́𝗻, 𝗹𝗮 𝘀𝗼𝗹𝘂𝗰𝗶𝗼́𝗻 𝗽𝗼𝘀𝗶𝗯𝗹𝗲, 𝗼 𝗹𝗮 𝗰𝗮𝗹𝗱𝗲𝗿𝗮 𝗲𝘀𝘁𝗮𝗹𝗹𝗮𝗿𝗮́.
Cambios, cambios. Uno tras otro, en paralelo. Somos más. Cada vez con menos recursos.
El coste de los alimentos, el de los combustibles, el clima, la subida de precios de fertilizantes y transporte. Demanda de más comida con más bocas que alimentar.
Nuestros cambios (más cambios) de dieta, reclamando más toneladas de grasa y azúcares.
Si, todo cambia. Y todo cambió sin que apenas te dieras cuenta. La vida cambia, mientras tu no levantas la cabeza del móvil.
Para dar de comer a más de 9000 millones de personas habrá que usar más tierras de cultivo, más agua. Campo para el ganado que produce carne y leche.
Levanta la cabeza, echa la vista atrás y ahora siente este momento. El de hoy, el de ahora mismo.
El cambio está ahí, en ti.
Pero cuidado, tal vez si te subes al cambio, seas distinto.
𝑳𝒐 𝒒𝒖𝒆𝒓𝒊́𝒂𝒏 𝒎𝒂𝒕𝒂𝒓
𝒍𝒐𝒔 𝒊𝒈𝒖𝒂𝒍𝒆𝒔
𝒑𝒐𝒓𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒓𝒂 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐.
𝑺𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏 𝒑𝒂́𝒋𝒂𝒓𝒐 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐,
𝒕𝒊𝒓𝒂𝒅𝒍𝒐;
𝒔𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏 𝒎𝒐𝒏𝒕𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐,
𝒄𝒂𝒆𝒅𝒍𝒐;
𝒔𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏 𝒄𝒂𝒎𝒊𝒏𝒐 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐,
𝒄𝒐𝒓𝒕𝒂𝒅𝒍𝒐;
𝒔𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏𝒂 𝒓𝒐𝒔𝒂 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒂,
𝒅𝒆𝒔𝒉𝒐𝒋𝒂𝒅𝒍𝒂;
𝒔𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏 𝒓𝒊́𝒐 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐,
𝒄𝒆𝒈𝒂𝒅𝒍𝒐…
𝒔𝒊 𝒗𝒆𝒊𝒔 𝒖𝒏 𝒉𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐,
𝒎𝒂𝒕𝒂𝒅𝒍𝒐.
¿𝒀 𝒆𝒍 𝒔𝒐𝒍 𝒚 𝒍𝒂 𝒍𝒖𝒏𝒂 𝒅𝒂𝒏𝒅𝒐 𝒆𝒏 𝒍𝒐 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐?
𝑨𝒍𝒕𝒖𝒓𝒂, 𝒐𝒍𝒐𝒓, 𝒍𝒂𝒓𝒈𝒐𝒓, 𝒇𝒓𝒆𝒔𝒄𝒖𝒓𝒂, 𝒄𝒂𝒏𝒕𝒂𝒓, 𝒗𝒊𝒗𝒊𝒓
𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐
𝒅𝒆 𝒍𝒐 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐;
𝒍𝒐 𝒒𝒖𝒆 𝒔𝒆𝒂𝒔, 𝒒𝒖𝒆 𝒆𝒓𝒆𝒔
𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐
(𝒎𝒐𝒏𝒕𝒆, 𝒄𝒂𝒎𝒊𝒏𝒐, 𝒓𝒐𝒔𝒂, 𝒓𝒊́𝒐, 𝒑𝒂́𝒋𝒂𝒓𝒐, 𝒉𝒐𝒎𝒃𝒓𝒆):
𝒔𝒊 𝒕𝒆 𝒅𝒆𝒔𝒄𝒖𝒃𝒓𝒆𝒏 𝒍𝒐𝒔 𝒊𝒈𝒖𝒂𝒍𝒆𝒔,
𝒉𝒖𝒚𝒆 𝒂 𝒎𝒊́,
𝒗𝒆𝒏 𝒂 𝒎𝒊 𝒔𝒆𝒓, 𝒎𝒊 𝒇𝒓𝒆𝒏𝒕𝒆, 𝒎𝒊 𝒄𝒐𝒓𝒂𝒛𝒐́𝒏 𝒅𝒊𝒔𝒕𝒊𝒏𝒕𝒐.
Animo y suerte

- Distinto. Juan Ramón Jiménez. Una colina meridiana. 1942-1950

viernes, 8 de marzo de 2024

It's the final countdown



Ayer, alguien me recordó la canción de aquel grupo sueco del año 86, Europe.
La ultima cuenta atrás. Un grupo en el que unas frondosas y exuberantes matas de cabello rubio se movían de forma asincopada al ritmo de la canción.
Nos hablaban de un viaje a Venus.
Ese planeta que me encanta mirar al amanecer.
Aquel rubiales de ojos azules y cabellera equina, movía el micrófono insertado en un largo pie como si fuera una majoret. Lo giraba, lo subía, lo bajaba y se despedía de la Tierra, de la gente. Se marchaba a Venus. ¡Ahí os quedáis!, parecía decir.
Una despedida.
Tal vez, hartos de soportar este planeta que cada día me cuesta más entender.
La canción, inspirada en otra de David Bowie (Space Oddity), se utiliza en muchos estadios y eventos deportivos.
Es una forma de animar, de subir la euforia de seguidores y equipos.
Suena una y otra vez en mi cabeza. Tengo que seguir camino a Venus, cuatro, ocho semanas más.
Esta noche ha llovido. He abierto la ventana que da al jardín. Se oyen los pájaros y algún apagado motor de automóvil desde la avenida.
El sol juega con las ramas de los árboles mientras tarareo:
Supongo que no hay nadie a quien culpar
I guess there is no one to blame
Estamos dejando el suelo (dejando el suelo)
We're leaving ground (leaving ground)
¿Las cosas volverán a ser las mismas?
Will things ever be the same again?
Es la cuenta atrás final
It's the final countdown
¿Y cuando lleguemos a Venus? ¿Cuál será el siguiente paso?
Espero esta tarde o mañana, preparar la nave. Pasarle una mopa y bruñir los cromados.
Y si alguien me pregunta el porque, tal vez, me haga el muerto para no contestar.
Hay viajes que se hacen, porque sí. Porque queremos, por llegar a Venus, por alcanzar ese planeta que me gusta ver al amanecer.
Porque, quizás, volvamos.
Si no tienes respuesta, hazte el muerto, me han dicho que funciona.
Animo y suerte.

domingo, 3 de marzo de 2024

Samurái comprando fruta y verdura



Ha salido un día feo. Ha llovido y el viento no para.
Noto que tengo que respirar y tener la cabeza fría. No debo dejar que emociones de otros me nublen.
Ya pelee en otras muchas batallas, ya note el sabor de sangre en la boca. Pero cuando me pongo el ō-yoroi, me cambia la mirada.
Ya no se me inyecta en sangre, eso era antes.
Ahora, busco el paso lento, el sigilo, la sombra. Tratar de observar de otra manera. Mirar desde arriba, desde abajo. Respira, me digo. No corras.
Es un viaje, otro más. Que, tal vez, tenga su llegada en 20 años. Otros, seguramente, verán el amanecer.
Anoto, lentamente, para poder pensar.
A veces samurái, a veces shinobi.
Un periodo Sengoku, inestabilidad, conflictos, luchas de poder.
Tengo que ir al mercadillo. Verduras, frutas.
No se si la armadura encaja con la bolsa de la compra. Pero la llevo.
Me tira un poco de la sisa y me roza en la ingle.
Alcachofas, longaniza, morcilla. Será un gran arroz.
Es una batalla que quiero ganar, quiero estar en la del día siguiente y en la otra, y en la otra.
Quiero tomar una copa de vino, con los shōgun. Hablar de que ayer nevó en la sierra, o de cuando quedamos a comer, o si nos juntamos en tal o cual sitio para no hablar de batallas, para hablar de vida.
O, igual es lo mismo ¿no?. Batalla, vida. Vida, batalla.
La bolsa de la compra y al mercadillo. Después el arroz.
Vida y batalla. Ganarla, es participar en la siguiente.
¡Vamos!
Animo y suerte.

#ninjas
#samuraispirit
#100cafesbuscandoelmar
#100cafesmasconunputovirus
#100cafesy2000paracetamoles
Gracias Pepe. Inktraveler Japanese Stationery

domingo, 25 de febrero de 2024

No puedes, no debes y tal vez sea delito



Leo a Millás y me transporta a Marte. Me muestra un vientre bonito atacado por una medusa.
Otros días, juega con la realidad y me dice cosas sin sentido que tienen todo el del mundo.
A Dani le gusta Ester, dicen. Escucho la canción. Me recuerda a las fiestas de los pueblos de hace un cerro de años, a gente tomando cervezas, a playa, a mar, a decir tonterías por rellenar el hueco, a ejercer de "malote" para luego sentirte mal. A todo aquello que haces o piensas cuando nadie te ve, a ese "nada, nada" cuando rodeado de bullicio y gente estas absorto y alguien te pregunta: ¿Te pasa algo? ¿En que piensas?
Donald (el pato no, el otro), arrasa en las primarias de Carolina del Sur. Otro sin sentido, que da sentido a lo que lo rodea.
Me he quedado en la idea anterior a Donald (el pato no, el otro).
¿Te imaginas?
Lo que piensas y haces cuando nadie te ve.
Si, si. Esa imagen de una persona al lado de ti, en un semáforo, que de la forma más natural del mundo, introduce su índice en la nariz y crea toda una explotación minera o, peor aun, una franquicia de las albóndigas (Huvudroll) de Ikea.
He puesto este ejemplo por sacarte una sonrisa (que va, buscaba tu mueca de asco).
O cuando paseas a tu mascota, tu tan correcto, tan formal, no te agachas a "recoger" nada, porque quieres ser "malote".
Tras un visillo, mirando lo que hacen otros.
O simplemente en el sofá, cuando la televisión te mira y tu cabeza se va a los pensamientos más escabrosos que podrían cargarte de cadenas o incluso condenarte al infierno para la eternidad.
Dejaste de fumar, pero sigues haciéndolo a escondidas. Solo un cigarrillo, o dos.
¿Miras esos vídeos de heridas supurantes, granos explosivos o simplemente aprovechas la soledad para ver "La que se avecina"?.
Y sigues siendo tu.
Lo que piensas en voz baja, lo que decides hacer cuando nadie te mira, aunque te avergüence.
Vale, vale. Hemos entrado en un jardín complejo ¿verdad?.
Seguro que, si busco, encontraré una frase de Coelho o un video de Mújica con título "Somos lo que hacemos. Lo que hacemos cuando nadie nos ve".
Cantar en la ducha, hablarle a las plantas, discutir con nosotros mismos, atracones de helado, un concierto casero en que la estrella eres tu en ropa interior, olerte el alerón para asegurarte de que el desodorante no te ha abandonado, aún. Pillas la botella de leche y bebes a morro, o te pones a comer directamente de la cazuela.
Y sigues siendo tu.
Y Donald (el pato no, el otro), ¿Qué hará cuando nadie lo vea?, ¿y Millas? ¿y Dani? ¿y Ester?.
¿Te digo algo que yo hago cuando nadie me ve?. ¡Já!.
El mar está precioso. Y sigues siendo tu.
Animo y suerte.
Pdta.: Creo que lo titularé "No puedes, no debes y tal vez sea delito"

sábado, 24 de febrero de 2024

¿Cuánto pesa tu vida?



Mientras la cafetera gorgotea sobre la placa de cocina, leo los testimonios de los afectados por el incendio de Valencia.
La congoja va ganando poco a poco al morbo natural de saber quien son, de saber que pasó.
Una persona, de las afectadas, hacía dos o tres días que acababa de llegar a España. Otra, casualmente, no estaba allí.
Una señora, habla sobre las perdidas materiales y minimiza todo. Está viva, le dio tiempo a salir.
Las llamas se lo han llevado todo. ¿Todo?
Me doy cuenta de que estoy en una planta 11. Y como si el miedo me llenara los pulmones, me falta el aire. Corro las cortinas, abro la puerta de la terraza e intento desplegar mis alas.
No, no tengo alas.
Observo las fachadas de los edificios y me hago las mismas preguntas que acabo de leer sobre el poliuretano, sobre las láminas de aluminio, sobre las llamas.
Me viene a la cabeza aquel monólogo de George Clooney en 𝗨𝗽 𝗶𝗻 𝘁𝗵𝗲 𝗮𝗶𝗿, en donde preguntaba a su auditorio:
¿Cuánto pesa tu vida?
Esa mochila con la que cargamos todos los días. Las pequeñas cosas, los libros, el reloj de pulsera, las fotos. Cosas un poco más grandes. El coche, la casa, el apartamento en la montaña, el frigorífico.
Todo eso, pesa.
George, para hacernos descansar, nos invita a quemarlo.
Vuelvo a las imágenes del incendio.
En unos minutos, Antonio no puede demostrar que se llama Antonio. Incluso, podría decir que es Juan, o Felipe, con la misma certeza.
No tiene ropa que ponerse, ni tarjeta de crédito, ni la escritura de su vivienda que guardaba en el cajón de abajo de la mesilla de noche.
Esa mochila de las cosas materiales, se ha convertido en cenizas. Antonio (dice que se llama Antonio), con la mirada perdida, sentado en el borde de la acera, en pijama, ya no sabe si es Antonio.
George, habla de otra mochila. La de las personas. Tus amigos, tus vecinos, tu familia, tu pareja, tus hijos, tus padres. ¿Te imaginas? Todos dentro de una mochila. Pesan ¿verdad?
Estoy en una planta 11 y, como me suele ocurrir, me he quedado colgado mirando el mar.
¿Cuánto pesa tu vida?
Creo que es hora de estar a ras de suelo.
Animo y suerte.

miércoles, 21 de febrero de 2024

Estamos bien



En nada, Blanki, saca un nuevo “temazo”.
Maruchi, hace un desfile.
Me siento bien.
Entiendo que todo podría ser mejor. Aunque, pensándolo bien, ¿Qué es mejor?
Si, me gustaría ser asquerosamente rico para ayudarlas más a alcanzar sus metas. Para que el camino les resultara más cómodo.
Pero, si fuera así, no sería su camino.
Observo con admiración cada paso que dan. A veces, se llenan de lágrimas, otras, explosionan de entusiasmo y solo queda disfrutarlo hasta que las lágrimas vuelvan.
Cada vez más, aprietan los dientes y se tragan la impotencia, la mala suerte o la caída desde la nube de la ilusión para, al poco tiempo, buscar un nuevo reto que construya camino.
Es curioso como ellas con el paso del tiempo parecen tener las cosas más claras, en cambio, yo, cada día cambio motivos y valores, me siento en la necesidad de revisar, ordenar.
Demasiados convencionalismos que a ellas no les afectan, no impactan en su día a día, no porque no existan sino porque nunca les han dado importancia.
Manejó una máxima, pensar un poco más. No de forma obsesiva (que eso ya me viene en los genes) sino buscando otro punto de vista, eliminando lo que siempre se ha dicho, lo que se “debe” pensar.
Chicas, no será fácil.
Vuelve a mi cabeza Kavafis.
Pedir que este camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias. No temáis a los lestrigones ni a los cíclopes ni al colérico Poseidón. Si vuestro pensamiento es elevado, ninguno de estos maléficos seres encontraréis. No dejéis que entren en vuestra alma.
Disfrutar de las mañanas de verano, pedir que el camino sea largo y viajar.
Llegar a puertos nunca vistos, haceros con hermosas mercancías. Viajar a Fenicia, a Egipto, a Roma o a París. Aprender de los sabios, de los que dudan y conformar vuestro espíritu.
No apresuréis el viaje, disfrutarlo, enriqueceros de él.
Mis mejores deseos para encontrar vuestra Ítaca.

sábado, 17 de febrero de 2024

Lo imposible

 


Leo que las empresas familiares japonesas para mantener ese "espíritu" buscan los mejores Directores Generales que no forman parte de la familia y los adoptan legalmente. Si, si, como lo lees.
Miro por la ventana. Hace un día feo. Ventoso y frío.
Cada vez me ocurre más. Me quedo con la mirada perdida sin pensar en nada; aunque no es cierto. Justo cuando salgo de ese punto de bloqueo, todos los pensamientos se amontonan, como si se me hubiera ido la conexión y al retomarla todo pugnara por salir atropelladamente.
Debo salir a caminar, retomar el ejercicio, volver a la dieta (comer menos), ir a tirar unas bolas, ver el mar, escribir más cartas que no enviaré, ordenar los vinilos y limpiarlos, revisar la ley que permite retirar la pasta de los planes de pensiones, hacer la maleta, poner gasolina para mañana, las cajas de diapositivas, planificar la lectura de los 14 o 15 libros pendientes de leer, ejercitar más mi cerebro para analizar los problemas de otra manera, ¿sigo?.
Me he vuelto a quedar enganchado. Las hojas de los árboles se mecen, más bien, se contonean. Intento ponerles música.
Suena 𝐁𝐫𝐚𝐯𝐨, de Barbara Pravi. Las palmeras, los palmitos, los pinos, se animan y parece como si la música estuviera en el jardín.
He vuelto.
La condena de Donald (el pato no, el otro), los desvaríos de esa muchacha de nombre Isabel Natividad, la muerte de Navalni, el empeño de Nadal en hablar para demostrar su nivel de estupidez (aunque se le suponía), lo de Ucrania, las elecciones gallegas y el bocachancla (alias, el pailán), ese tema tan importante de la amnistía, y ...
El almendro esta floreciendo con adelanto.
Pienso en cosas imposibles.
Me entero de que existe un día de los amores imposibles, fue ayer.
El 16 de febrero. Romeo y Julieta, los amantes de Teruel (tonta ella y tonto él), Titanic, Her.
Titanic, llamado el "insumergible".
Esa chica que veo en los carteles publicitarios, en las marquesinas, en los anuncios de televisión. Si, imposibles.
El sol gana de nuevo la batalla. El viento se calma y suena 𝗩𝗼𝗶𝗹𝗮́.
Barbara me susurra:
Voilà, voilà, voilà
Voilà qui je suis
Me voilà même si
Mise à nue je compris
Me voilà dans le bruit
Et dans la fureur aussi
Regardez-moi enfin
Et mes yeux et mes mains
Tout c'que j'ai est ici
C'est ma gueule, c'est mon cri
Me voilà, me voilà, me voilà